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lunes, 5 de agosto de 2024

Ekaitz Cancela: “América Latina es la vanguardia tecnológica frente al modelo de Silicon Valley”

 El investigador vasco presenta en México su libro ‘Utopías digitales’, un detallado análisis sobre los problemas del capitalismo tecnológico y una defensa de sus posibles alternativas

Ekaitz Cancela en Ciudad de México. Ana Chirino

Elena San José                               México - 05 AGO 2024 -

Dice el investigador Ekaitz Cancela (País Vasco, 31 años) que el debate en torno a la tecnología es mucho más “potente” en Argentina que en Europa, donde se están haciendo cosas menos interesantes. En este país del cono sur aterrizó hace tres meses con su último libo, Utopías digitales, y la editorial cooperativa donde lo publica, Verso Libros (hermanada a la anglosajona Verso Books), que comienza a distribuirse por el resto de los países del continente, entre ellos México, donde acaba de presentar su texto. Con este nuevo sello, dice, tratan de romper el foco norte-sur y de servir de punto de encuentro y coordinación para mucha gente crítica que ahora está dispersa. “Queremos entrar en los debates que están teniendo lugar en América Latina”, afirma.

En el libro arroja algunos datos reveladores como este: “Antes de 2012, Google, Microsoft, Facebook y Amazon apenas explotaban el 10% de la fibra óptica submarina mundial. Ahora, esta cifra es del 66%”. O este otro: “Dos centros de datos consumen 525 metros cúbicos de agua potable por hora, el equivalente a 28.000 hogares de cuatro personas”. Frente a este modelo, altamente costoso en términos energéticos y muy desigual en términos económicos, dice, se puede construir un futuro alternativo donde infraestructuras, códigos y algoritmos estén al servicio del bien común. Con eso en mente, Cancela recorre detalladamente las experiencias del último siglo a lo largo del globo, y va encontrando en ellas ejemplos a seguir y modelos que rechazar.

Pregunta. Vivimos una década de gran repolitización, pero la tecnología ha quedado un poco fuera de la disputa. ¿Qué ha pasado?

Respuesta. Fue bastante curiosa la forma en la que llegamos acá. Tanto en el [movimiento] 15M como en los momentos previos, la tecnología y el movimiento hacker tuvieron un rol central. Había blogs alojados en infraestructuras que no son de Amazon, ni de Microsoft, ni de Google, y creo que la crisis de 2008 lleva al carajo todo eso. Toda la gente que se estaba organizando para crear un internet distinto va directamente a parar desahucios, porque nuestras preocupaciones más inmediatas son mantener la vivienda y una vida digna. Y esto ocurre de manera paralela al gran cambio de 2008: caen los banqueros, llegan los CEO de Silicon Valley. Salen las finanzas, entran las tecnológicas. El capitalismo se renueva.

P. ¿Esos hackers no han vuelto a ocupar esos espacios? ¿Se ha perdido el terreno abonado?

R. Siguen existiendo, están en departamentos universitarios organizándose con matemáticos o científicos de datos para crear modelos de inteligencia artificial que resuelvan problemas específicos, pero siguen siendo muy marginales. Ese ejército de hackers ahora es más mayor, tiene familia y tiene otras preocupaciones, más allá de hackear el sistema. Han salido de alguna forma del imaginario de los movimientos sociales del siglo XXI, y creo que es un gran error.

P. En la primera parte del libro se centra mucho en la cuestión material. ¿Hemos caído en la trampa de pensar en la tecnología como una cosa abstracta, y no como algo profundamente ligado a empresas y materiales concretos?

R. Forma parte de la hegemonía cultural de Silicon Valley, que ha conseguido identificar todo el progreso tecnológico con sus tecnologías privadas. Hay siempre una materialidad detrás de la nube, y la inteligencia artificial tiene un enorme coste para el planeta. ¿Qué va a pasar cuando buena parte de los Estados requieran estos modelos? ¿Cuál va a ser el consumo hídrico y energético? Quizá tenemos que pensar en desarrollar otro tipo de tecnología, con el decrecimiento en mente, donde no todo sea controlar a los usuarios o darle una inteligencia artificial a una persona para que haga sus deberes.

P. ¿Cómo se hace pedagogía sobre la necesidad de decrecimiento tecnológico en la sociedad de la hiperconexión?

R. El camino se hace al andar. Creo que lo más importante es que los Estados empiecen a liderar estrategias de transformación justas y basadas en la soberanía tecnológica. Tenemos que crear tecnologías sencillas que permitan a la gente, como hicieron en Barcelona, tomar decisiones sobre sus presupuestos. Los Estados, en alianza con la sociedad civil, tienen que construir alternativas: por ejemplo, cómo le damos las infraestructuras a los sindicatos de vivienda en lugar de a Airbnb. Cuando permites que la gente utilice las tecnologías en su día a día y ven que les ayuda a hacer aquello que más les gusta, la pedagogía se hace sola.

P. Le otorga un papel predominante a las organizaciones civiles frente al Estado, que actúa más como facilitador. ¿Es realista, teniendo en cuenta el tamaño de las empresas tecnológicas con las que compiten?

R. Ahí es donde los Estados tienen que llevar a cabo políticas tecnológicas decididas y no hacerlo de manera solitaria, sino en bloque. América Latina es un buen ejemplo. Imagina que Brasil, Chile, México y Colombia se ponen de acuerdo para crear una ley que haga a las grandes tecnológicas pagar por los datos de sus ciudadanos. Al fin y al cabo están construyendo sus servicios y están ganando cantidades ingentes de dinero con datos de personas que les han votado.

O puedes implementar políticas para que, cada vez que una empresa estadounidense o china extraiga datos en un territorio, deje una copia allí para que ese territorio, que no tiene dinero ni datos, los pueda usar para crear infraestructuras para los movimientos. Cuando los Estados se dan cuenta de que tienen una labor central a la hora de decidir sobre la economía digital, pueden diseñar todo tipo de políticas para mejorar el poder de la sociedad civil.

P. Habría que combinar una comunidad global en cuanto al flujo de conocimiento, entonces, y comunidades locales y autosuficientes en cuanto a sus aplicaciones.

R. Sí, es una buena metáfora. Hay que entender que los otros pueden desarrollar técnica, que no es necesario que un CEO en un garaje en Palo Alto nos traiga las aplicaciones tecnológicas, que es una visión casi extremadamente colonial. En Argentina, en los años 70, las universitarias de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA crearon un modelo de cálculo para mejorar los procesos que se estaban dando a nivel económico. Eso es un ejemplo y ya ocurre en los 70, que ni siquiera había el desarrollo informático de ahora.

P. Además de Argentina, en el libro menciona experimentos de Brasil y Chile. ¿El futuro alternativo vendrá del Sur global? ¿Cuál es el papel de América Latina?

R. Creo que los de América Latina son los únicos países que, mediante una acción colaborativa en el ámbito tecnológico, pueden hacer girar el sentido común global. Precisamente por haber estado fuera del marco capitalista —lo han estado porque su subdesarrollo era imprescindible para el desarrollo del Centro—, tenemos que retomar esas experiencias que no han asumido, como buena parte de los países europeos, que la única alternativa es Silicon Valley.

Creo que pueden hacer girar a países europeos y a la deriva que están teniendo India o China con sus modelos, que son extremadamente autoritarios. El hecho de que existan alternativas regionales a Silicon Valley convierte a América Latina en un bloque de vanguardia y de innovación democrática, que es lo que tendría que ser Europa.

P. ¿Qué tendría que pasar para que eso fuera posible o por qué no se ha producido todavía ese tipo de colaboración regional en materia tecnológica?

R. Creo que no está sucediendo porque buena parte de los líderes políticos de estos países están siendo incapaces de trasladar o tener visiones estratégicas. Un país que estaba muy bien posicionado para esto es Argentina, que incluso tenía un departamento de prospección dentro de Presidencia, pero sus prioridades políticas no han sido las tecnológicas. México tiene algo más de visión. Puedo intuir que va a lanzar, con la nueva presidenta, algunas de las iniciativas más interesantes que se puedan ver en materia de soberanía tecnológica, pero que haya ciertas alianzas con otros países del sur es una cuestión diplomática de primer nivel.

P. ¿Qué tipo de iniciativas cree que pondrá en marcha Sheinbaum?

R. Creo que va a entender el potencial que tienen algunas infraestructuras como los satélites a la hora de mejorar la conectividad, y que también va a entender que son necesarias algunas plataformas al servicio del Estado, por ejemplo, que ayuden a digitalizar los sistemas sanitarios de manera que se promueva su carácter público y no su privatización. No estoy seguro de que vaya a ser capaz de entender el potencial de las tecnologías como dispositivos culturales.

Si uno de los éxitos de López Obrador fue elevar el nivel de conciencia, creo que hay que empezar a pensar en qué infraestructuras hay para que la gente joven no solo participe en la política sino en la vida pública: para que músicos, artistas e ingenieros se puedan involucrar en los procesos de desarrollo nacional. Si el Gobierno es ambicioso, va a estar en una buena posición para lanzarle un mensaje a América Latina y al resto del mundo.

P. Si el Gobierno de Sheinbaum se planteara hacer frente a todos estos retos tecnológicos, ¿cuál sería, en su opinión, la primera política que debería implementar?

R. Lo primero que haría sería plantear un modelo de inteligencia artificial distinto, no entrenado con grandes cantidades de datos de todo el planeta y que necesita enormes costes energéticos y de agua, sino que sea mucho más artesana y sofisticada, entrenada con datos de altísima calidad que permita a las universidades como la UNAM, que es una de las grandes universidades públicas del mundo, tener una alternativa a Google Scholar. Demostrar que se pueden establecer plataformas nacionales para que las universidades sean los agentes de innovación y no solo la empresa. Y que eso sirva como una pendiente resbaladiza para problematizar otras políticas.

viernes, 22 de mayo de 2020

La historia de Yahoo





jueves, 21 de mayo de 2020

Por qué la Radio no muere y cómo se reinventa ante nuevas tecnologías | Juanita Kremer




Computación Cuántica: Para qué sirve y cómo podría cambiar el mundo





martes, 12 de mayo de 2020

Un año dentro de la monumental campaña de Trump en Facebook



Mientras los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos dedicaban 2019 a pelearse entre ellos en los estados donde se celebran las primeras elecciones internas, la campaña para la reelección de Donald Trump levantaba una compleja maquinaria para afinar sus mensajes, ampliar su lista de correo y, en definitiva, llegar a su público de votantes conservadores.
Para lograrlo ha gastado ya casi 20 millones de dólares en más de 218.000 anuncios en Facebook. The Guardian ha analizado esa publicidad y ha descubierto que entre esos anuncios se incluyen algunas de las imágenes y vídeos que llegaron a los titulares por su retórica xenófoba, incitadora, vitriólica y llena de mentiras.
Pero la campaña también ha hecho algo mucho más simple. Una campaña normal y corriente propia del marketing más convencional diseñada para recoger datos personales. Considerando que la campaña ha lanzado continuamente estos anuncios –sin apenas mensaje y aparentemente diseñados para conseguir interacciones a solicitudes muy simples–, probablemente han sido muy efectivos.
La habilidad de Trump en el uso de Facebook asusta a los demócratas. El responsable de la primera campaña digital del ahora presidente allá en 2016, Brad Parscale, presume de lo sofisticado de su operación en Facebook y y ha sido ascendido a director de campaña para 2020. "Todo gira en torno a la recolección de datos", señala Parscale a The Guardian. "Si llegamos a ti por la vía digital, queremos saber quién eres y cómo piensas e incluirte en nuestras bases de datos de modo que podamos seguir modelándolo, así como aprender y comprender lo que sucede".
Con el objetivo de entender el modo en que Trump se comunica con los estadounidenses a través de Facebook de cara al ciclo electoral de 2020, este medio ha creado una base de datos de 218.000 anuncios lanzados por la campaña de Trump a lo largo de 2019. Los hemos encontrado a través de API, el instrumento que programa y archiva los anuncios políticos de Facebook. Hemos realizado el análisis más amplio de la campaña en Facebook para la reelección de Trump que se haya hecho hasta el momento.
En Facebook, Trump gasta mucho más que sus rivales demócratas. El candidato demócrata que más ha gastado, Tom Steyer, pagó 16,8 millones de dólares por 12.704 anuncios en Facebook en un solo año. Quien fuera alcalde de South Bend (Indiana), Pete Buttigieg, fue quien más se acercó a Trump en volumen de anuncios. Lanzó 74.286 diferentes.




El más exitoso de los cientos de miles de anuncios en Facebook de la campaña de Trump en 2019 fue, con diferencia, el más aburrido. Su texto dice "participa en la encuesta índice de aprobación oficial" sobre un retrato de Trump. "Por favor, participa en la encuesta sobre el índice de aprobación oficial antes de las 23.59 de esta noche para que tu voto cuente".
Esa "encuesta oficial sobre la aprobación [del presidente]" envía una "encuesta sobre el desempeño del cargo" diseñada para recopilar direcciones de correo electrónico. El formato –dos frases sobre una serie de retratos de Trump– recibió casi 49 millones de impresiones, la unidad en la que se mide el número de veces que se muestra un determinado anuncio a los usuarios finales. La campaña envió 3.578 versiones diferentes del mismo señuelo, todas con la misma hora de entrega "antes de las 23.59 de ese mismo día" entre octubre y diciembre.
Imagen del anuncio de Trump promoviendo una encuesta.
Imagen del anuncio de Trump promoviendo una encuesta.
Cualquier análisis que se haga de los anuncios en Facebook es limitado. Es solo uno de los instrumentos en juego en una campaña política. Lo que funciona en Facebook no tiene porqué significar nada más que eso: que funciona en Facebook. Los datos que Facebook proporciona a través de API son escasos. Aunque las campañas tengan en cuenta cientos de factores diferentes a la hora de seleccionar los grupos de votantes a los que se dirigen con un anuncio en concreto, Facebook sólo ofrece a investigadores y periodistas los datos generales de cortes etarios y de género y localización en los que las campañas han funcionado bien. Por ejemplo, que un determinado anuncio recibió el 17% del total de impresiones de hombres entre 45 y 54 años y el 22% fue en Texas.
Facebook también proporciona la información sobre gasto e impresiones de cada anuncio en rangos más o menos amplios. Por ejemplo, que 158.909 anuncios (el 72%) de los lanzados por la campaña de Trump los vio una cantidad de personas que va de cero a 999. Eso significa que el agregado de esos anuncios pudo recibir entre cero y 158 millones de impresiones.
Facebook tampoco ha puesto fácil que se analice el elemento "creativo" de los anuncios políticos. Los anuncios se construyen del mismo modo que las publicaciones de los usuarios normales. Incluyen un bloque de texto sobre un vídeo o foto y un link a otra página. La API nos permitió descargar el texto de los 218.000 anuncios de la campaña de Trump, pero no las fotos ni los vídeos, que sólo pueden verse en sus direcciones originales que Facebook entrega en un formato que requiere una clave de acceso externa y aleatoria. Al tratarse de 218.000 anuncios, superaba nuestra capacidad técnica.
Pese a eso, el análisis nos ofrece información sobre los mensajes en los que la campaña de Trump ha decidido gastar dinero y qué es lo que hace que sus votantes hagan click.
Anuncios de Trump promoviendo la compra de merchandising.
Anuncios de Trump promoviendo la compra de merchandising.

Un año de anuncios en Facebook

La campaña de Trump gastó 19,4 millones de dólares en 218.100 anuncios de Facebook que se vieron entre 633 y 1.300 millones de veces.
Eso no significa que hayan desarrollado 218.000 mensajes diferentes. Al igual que hicieron con la "encuesta sobre el desempeño del cargo", lo que hicieron fue generar cientos de variaciones marginales de un determinado número de anuncios. Hemos encontrado hasta 1.840 versiones del texto de un solo anuncio del que la campaña lanzó 3.000 versiones.
Algunas veces, las variaciones dentro de un tramo de publicidad son visibles (por ejemplo cuando cambian la foto o el vídeo que acompañan al texto), pero otras veces eso no sucede y lo único que varía es la segmentación del público que se elige como consumidor final del contenido.
Aunque los anuncios se publicaron durante todo el año, se registró un claro incremento en otoño, cuando comenzó la investigación del impeachment que acabó este miércoles con la absolución del presidente. El día que más dinero se gastó en Facebook, el viernes 27 de septiembre, la cuenta ascendió a 317.362 dólares –fue el día siguiente a que se hiciera pública la denuncia de un informante anónimo sobre las presiones a Ucrania–. El segundo y tercer días de mayor gasto fueron el 20 y el 21 de diciembre respectivamente, viernes y sábado tras la aprobación del impeachment en la Cámara de representantes. El cuatro día fue el 14 de noviembre, un día después de que comenzaran las comparecencias en la Cámara de Representantes.

Temas y enemigos

Si uno tratara de deducir los temas más importantes para el votante estadounidense a partir de los anuncios de Facebook, llegaría a la conclusión de que lo que más relevancia tiene no es el sistema de salud (como muestran una y otra vez todas las encuestas), sino las supuestas manipulaciones de los medios de comunicación y sus "noticias falsas". El 18,25% de todos los anuncios publicados en 2019 hacen referencia a los medios. En segundo lugar está la inmigración y el muro fronterizo, sus temas estrella. Por detrás aparece el impeachment, la economía, las leyes respecto a la tenencia de armas y el Tribunal Supremo.


Las políticas públicas e iniciativas concretas aparecen con menos frecuencia. La campaña lanzó alguna serie de anuncios sobre temas como la ley del "primer paso", referente a la reinserción de personas condenadas a penas de prisión, la posibilidad de elegir seguros médicos o, sorprendentemente, la crueldad con los animales. Ningún anunció mencionó el medioambiente ni la crisis climática.
Anuncio de Trump contra el maltrato de animales.
Anuncio de Trump contra el maltrato de animales.
Sus enemigos políticos y las veces que se siente atacado aparecen habitualmente en sus anuncios. La expresión "caza de brujas" (contra Trump, se entiende) se usa diez veces más que la palabra terrorismo y hay casi tantos anuncios advirtiendo sobre los peligros del "socialismo" como anuncios sobre sus propios planes económicos y comerciales.
Muchos anuncios se dirigen a rivales concretos por su nombre. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, es la más citada y atacada. Tras ella, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer; el preside del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam Schiff; y como no, las "mujeres del saco" –las congresistas Alexandria Ocasio-Cortez e Ilhan Omar–.
Una cantidad relativamente reducida de anuncios menciona a sus potenciales oponentes de cara a las elecciones de 2020: Elizabeth Warren, Joe Biden, Bernie Sanders y Beto O’Rourke. A Warren es a quien más se refiere y antes lo hace, con dos versiones, una de ellas con el nombre de Pocahontas mal escrito.


Los estadounidenses están cada vez más acostumbrados a que Trump utilice un lenguaje de trazo grueso en Twitter y en mítines y su campaña ha introducido en Facebook dosis importantes de esta característica principal.
Además de menospreciar a Warren como "Pocahontas" o "Pocohontas", se refiere también a Bernie Sanders como el "loco Bernie"; a Joe Biden como "Joe el dormilón"; y a Pelosi a menudo la llama "mentirosa" o "fraude". Schiff es "el pequeño Adam Schiff" o "Schifty-Schiff"; el congresista demócrata Al Green, una de las primeras voces que pidió el impeachment es "Al Green de pocas luces"; y los congresistas demócratas son, en general, "los salvajes demócratas que no hacen nada".
Muchos anuncios presentan la voz en off de Trump advirtiendo o metiendo miedo con situaciones absurdas como uno en el que dice que los demócratas "están animando abiertamente a millones de personas sin permisos de residencia" a "destrozar nuestro país". En algunas ocasiones, lo que dice esa voz en off roza la incoherencia. En un vídeo afirma: "Lanzan campañas de caza de brujas, hacen cosas sin sentido, y ¿saben? La gente es más lista que eso y por eso las encuestas dicen que vamos tan bien".
Los anuncios sobre inmigración se apoyan en una retórica especialmente oscura y en imágenes muy concretas. En azuzar el miedo a "una caravana tras otra" de migrantes y en pedir a sus votantes que acudan a las urnas para "deportar a los migrantes".
Un anuncio lanzado justo después de que comenzara la investigación del juicio político utilizaba imágenes de Stalin, Fidel Castro y de un grupo tan marginal como el Partido Comunista Revolucionario quemando una bandera de Estados Unidos para sugerir que los candidatos demócratas están "destruyendo los valores americanos" y sólo hay un hombre que pueda detener el caos. Adivinen. Aparece la cara de Trump recortada sobre el cielo prístino.
Trump campaign.

Click, click, click

Pero no sólo lanza mensajes de pesimismo, melancolía por lo perdido y miedo ante el futuro. Muchos de los anuncios son alegres y propaganda patriótica del tipo que uno esperaría de una tienda de muebles baratos con sus ofertas del 4 de julio, fiesta nacional de EEUU. Puede que ese tipo de anuncios no impacten sobre sus rivales demócratas, pero parece que sirven para recaudar dinero de cara a la reelección.
Los anuncios de Facebook están diseñados para que el usuario actúe en internet. Casi todos están dirigidos a lograr una de estas cuatro acciones: que la gente done dinero, que acuda a un mitin, que compre camisetas, pegatinas, gorras o que entregue su dirección de correo electrónico o su número de teléfono.


Para lograrlo, la campaña parece usar algunas de las técnicas más básicas del marketing para inducir a que la gente presione un tecla. Tenga que ver o no con la política que se le supone a un Presidente de Estados Unidos.
Muchos de esos anuncios que tratan de recoger información personal de los usuarios lo hacen tras alguna forma de concurso. La campaña de Trump lanzó 5.551 anuncios promocionando sorteos de gorras firmadas "La gorra Make America Great Again número un millón" o "la primera gorra Keep America Great". Otros sorteos incluyen incluso una comida con Trump durante alguna de sus giras por el país.
La campaña también ha publicado más de 30.000 anuncios en los que pide a sus partidarios que firme "tarjetas" para la familia Trump. Para el cumpleaños de Donald, para el de Melania, para el día de San Valentín o para Año Nuevo.
Encuestas similares a la del "índice de aprobación de la gestión" del presidente son otra de las formas habituales de hacerse con datos de los usuarios. Se incita a los usuarios a hacer click ante una serie de preguntas muy simples pero que llegan donde tienen que llegar.
1) ¿Votarás por Trump o por un demócrata en 2020?
2) Encuesta sobre la rendición de cuentas en el New York Times.
3) Encuesta sobre censura.
4) ¿Debe abrirse un juicio político contra Trump?
5) Garantizar la seguridad de las fronteras. Sí o No
6) Encuesta sobre socialismo del presidente Trump.
7) ¿Son los medios justos con el presidente?
La versión de un juego de Buzzfeed en campaña política lleva a los usuarios a un formulario donde deben introducir sus datos de contacto para que la respuesta quede grabada.
Los anuncios que piden donaciones lo hacen con un lenguaje de urgencia. Muchos incluyen la promesa de que cualquier cifra que se done será "igualada". En diversas ocasiones a lo largo del año, la campaña lanza frases que dicen que si donas una cantidad, alguna institución donará el doble, el triple o hasta el cuádruple o el quíntuple. Suelen incluirse también referencias a "plazos que se cierran" y no tienen ninguna relación con los plazos marcados por las autoridades federales.
Otra estrategia para lograr direcciones de contacto es una petición del propio Trump: "Añade tu nombre" a esta o aquella petición o lista, a menudo con el mensaje de que Trump va a leer esa lista y "ten claro que va a buscar tu nombre". Cuantos más números de teléfono y direcciones de correo recopilen, menos tendrán que confiar en Facebook para llegar a esos votantes.

¿Marca esto la tendencia del futuro?

Lo limitado de los datos que Facebook proporciona imposibilita saber el nivel de sofisticación de la campaña de Trump a la hora de seleccionar quienes ven sus anuncios.
Una pequeña y concreta serie de anuncios lanzada a finales de 2019 reflejan el tipo de campaña agresiva contra los rivales. Entre el 22 y el 29 de diciembre la campaña de Trump publicó anuncios contra 10 congresistas. Con sus nombres, en sus estados y probablemente en sus circunscripciones. Los 10 fueron elegidos para sus cargos por primera vez en 2018 en distritos que en la convocatoria electoral anterior habían votado por Trump. Este era el mensaje: Si tu representante vota a favor del impeachment, estará "anulando tu voto".
La inversión de campaña en esos anuncios fue relativamente pequeña, apenas 20.000 dólares. Pero en cada uno de esos 10 distritos del Congreso los vieron 20.000 personas. Muchas más de las necesarias para invertir el resultado del voto de reelección de esos representantes en 2018.

¿Puede Facebook marcar la diferencia?

El contraste entre los anuncios de campaña de Trump y los de los candidatos demócratas es muy fuerte. Los mensajes de los demócratas se centran en otros temas. En la atención sanitaria, el cambio climático, el precio de la universidad y otros temas de especial importancia para las vidas de los votantes. Normalmente tratan de convencer y no de inflamar los sentimientos.
El único candidato cuya campaña en Facebook podría compararse a la de Trump es Mike Bloomberg, el exalcalde de Nueva York. Tras anunciar que se presentaba a finales de noviembre, el multimillonario invirtió de inmediato en una campaña masiva de Facebook y gastó más de seis millones de dólares en 16,620 anuncios que lograron más impresiones (más de 500 millones) que todos sus rivales demócratas juntos en un año entero.
La campaña de Bloomberg parece reproducir algunas de las técnicas de Trump. Lanzan cientos de pequeñas variaciones de anuncios muy similares que tratan de despertar sentimientos contra el presidente Donald Trump. En enero comenzó con una serie de anuncios que muestran fotos de animales adorables en peligro.
Aún está por demostrar si estos trucos pueden llevar a la victoria. Pero varios ejecutivos con responsabilidad en la gestión de anuncios en Facebook creen que fueron un factor determinante en la victoria de 2016.
Uno de ellos, Andrew Bostwroth, se preguntaba en un informe interno que acabó filtrado: "¿Fue responsable Facebook de que Donald Trump resultara elegido? Creo que la respuesta es que sí, pero no por los motivos que la gente cree. No fue por Rusia o la desinformación. Ni por Cambridge Analyica. Fue porque gestionó la mejor campaña de anuncios personalizados que he visto nunca. No me cabe duda".
Traducido por Alberto Arce