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jueves, 22 de agosto de 2024

John Cassavetes, la búsqueda del amor a través del cine

 

Gena Rowlands y John Cassavetes

Celín Cebrián | @Celn4

Pionero del cine independiente y precursor del cinema verité, Cassavetes (1929-1989) intentó encontrar en su cine la esencia de las relaciones humanas. Conducía a sus personajes a un territorio en el que fueran vulnerables. Por eso solía filmar la vida cotidiana, que era el sitio idóneo en el que se escondía la locura, porque dentro de la normalidad siempre está el caos. Y lo solía hacer con un estilo simple, con una cámara que seguía a los actores en su intimidad, esa zona en la que la distancia entre el arte y la vida se diluye. Trabajaba improvisando. Era un maestro de la improvisación, tanto a la hora de escribir el guion como en la puesta en escena. Antes de comenzar a rodar, conversaba con los actores, les daba unas pautas y, en total libertad, comenzaba a rodar esperando que el actor se metiera en su papel. Y esperaba a que emergiera la verdad oculta. Quería autenticidad y para ello les pedía a los actores y a los técnicos que fueran sus cómplices. Más que una troupe de rodaje, Cassavetes rodaba con un grupo de amigos que no tenían recursos, ni tampoco tiempo disponible, pero que consiguieron una de las filmografías más relevantes de la modernidad, realizada al margen de los estudios de Hollywood. Si lo pensamos fríamente, John Cassavetes no filmaba historias, sino estados de ánimo. Una vez dijo: ꟷ”Me gusta ver cómo la gente se engaña a sí misma. Mi cine hace perder sus ilusiones a los personajes…, rompe sus defensas, y hace que se descubran a sí mismos”.

Solía filmar la vida cotidiana, que era el sitio idóneo en el que se escondía la locura, porque dentro de la normalidad siempre está el caos

Hijo de un hombre de negocios de origen griego, se inició en el mundo de la interpretación como alumno del New York Academy of Dramatic Arts, donde estudió dirección escénica y declamación. Se graduó en 1950. Actor de teatro en sus primeros años, participó por vez primera en una película en 1951. Se trataba de Fourteen Hours, en la que realizaba un pequeño papel como extra.

Sus primeros éxitos como actor le llegaron de la pequeña pantalla: participó en diversos dramas televisivos, en los que se especializó en la interpretación de jóvenes delincuentes. Esta experiencia televisiva la trasladó en 1955 al filme The Night Holds Terror, historia del secuestro de una familia por parte de un grupo de delincuentes de poca monta y luego en Crime in the Streets, así como en la película Donde la ciudad termina.

Era un maestro de la improvisación, tanto en el guion como en la puesta en escena. Antes de comenzar a rodar, conversaba con los actores, les daba unas pautas y, en total libertad, comenzaba a rodar

A finales de la década de 1950 fue protagonista principal de la serie televisiva Johnny Staccato, que le reportó fama y el dinero suficiente para invertirlo en la producción de su primera realización cinematográfica, Shadows, con la que iniciaba una curiosa carrera como director independiente y experimental. Esta película se rodó en 16 mm, con un exiguo presupuesto y con los alumnos de un seminario de interpretación que el propio Cassavetes estaba impartiendo en Bariety Art Studio, el centro de enseñanza que había fundado.

Shadows refleja, con dureza y sensibilidad, los problemas racistas que sufre una familia de color en la ciudad de Nueva York. La película tuvo un gran éxito y supuso el inicio de la llamada Escuela de Nueva York, lo que le permitió a Cassavetes ser contratado por la Paramount. Sin embargo, en su paso por Hollywood rodó tan sólo dos películas, de las que acabó bastante insatisfecho: En el filme Too Late Blues, protagonizada por un músico de jazz en decadencia por su afición al alcohol, las desavenencias con el productor Stanley Kramer le obligaron a abandonar la dirección. Durante varios años no volvió a ser tentado por la realización, dedicándose a su labor como intérprete. En su dilatada trayectoria artística intervino, entre otras, en Código del hampa, de Don SiegelDoce del patíbulo, de Robert Aldrich y La semilla del diablo, de Roman Polanski, donde encarnaba a un actor que vende a su mujer (Mia Farrow) para que el diablo pueda tener descendencia entre los hombres.

Rodaba con un grupo de amigos que no tenían recursos, pero que consiguieron una de las filmografías más relevantes de la modernidad, realizada al margen de los estudios de Hollywood

Estos trabajos "alimenticios" le facilitaron la suficiente solidez económica para emprender el rodaje de Faces(Rostros), en la que Richard, un hombre de negocios casado, tiene una aventura con Jeannie y, acto seguido, le pide el divorcio a su mujer, María. Después de que Richard se haya ido de casa y vuelva con Jeannie, María conoce a un hombre en un bar y pasa la noche con él. Esta película supuso una nueva etapa como director independiente: un matrimonio en crisis (Lynn Marlin y John Marley), una prostituta (de nuevo Gena Rowlands) y un gigoló (Seymour Cassel, otro actor habitual de Cassavetes), a través de los cuales, con un estilo muy personal, nos habla de la soledad, los problemas de pareja, las frustraciones sexuales y la mediocridad de la clase burguesa. Después dirigió Así habla el amor (1971), comedia dramática, muy sugerente e irónica, sobre la relación entre la empleada de un museo (Gena Rowlands) y el trabajador de unos aparcamientos. Y en 1974 llegó Una mujer bajo la influencia, en la que recuperaba su particularísimo estilo para contarnos los problemas psicológicos de una madre de clase baja (otra vez Gena Rowlands, en esta ocasión en el papel de esposa de Peter Falk). 

En los siguientes años, Cassavetes alternó su participación como actor en películas como La furia, de Brian de Palma, y Objetivo: Patton, de John Hough, con la realización de sus filmes más maduros, donde prosigue su compromiso con el ser humano, mostrando los sentimientos y sufrimientos de personas cotidianas con problemas cotidianos: The Killing of a Chinese BookieOpening Night…, hasta que llega Gloria, su filme más conocido, en el que una mujer solitaria (Gena Rowlands) se ve obligada a proteger la vida de un niño perseguido por la Mafia. Cerró su carrera como director con dos comedias de diferente interés: Corrientes de amor y Un hombre en apuros. 

La obra de Cassavetes se mueve en torno al hombre. Son problemas de identificación, historias que se escapan de lo convencional, personajes que pisan el suelo, que viven sus crisis, que salen adelante o acaban destruyéndose personalmente. En sus películas no hay nada gratuito. Es una mirada crítica, no exenta de tristeza.

La obra de Cassavetes se mueve en torno al hombre. Son problemas de identificación, historias que se escapan de lo convencional, personajes que pisan el suelo, que viven sus crisis

La finalidad de Cassavetes no es otra que tener encuentros con la verdad y para ello buscaba que los actores se olvidaran de su identidad o de esos clichés que les habían enseñado en las escuelas de teatro, las técnicas, todas esas ideas preconcebidas que traían cuando llegaban a los rodajes, porque de lo que se trataba en realidad era de sugerir, de liberarse de esos clichés, y de los cuerpos… Para que nos entendamos, se trataba de ponerse a interpretar dejándose llevar por las sensaciones y llegar a la verdad. Nada más. O nada menos…, porque la dificultad de la propuesta era tal…, que muchos actores se negaban a trabajar con él. Y los que se quedaban, nada más terminar una secuencia, corrían a echarle un vistazo al guion… o consultaban con algún ayudante… El estado de nervios era tal… Se sentían desnudos. Sencillamente. Pero para el director se trataba de aprender y ser artista: ꟷ”Ser artista no es otra cosa que el deseo, el demente deseo de expresarse”, afirmaba Cassavetes. Incluso había veces que no le importaba la historia, porque como el aseguraba “una de las razones por las que estamos en esto del cine es para expresar algo personal que no se puede expresar en la vida”. Para él actuar no era solo un problema dramático, sino un momento en el que el actor tenía que encontrar su voz, sentir de verdad. El actor y el personaje debían tener o vivir bajo la misma piel, por así decirlo. 

En el análisis que hace Miguel Ángel Alonso Rodríguez de la obra de John Cassavetes nos dice que “era contradictorio, idealista, arrollador, seductor, parlanchín, bromista…, pero también inseguro, distante, insensato, colérico, manipulador… Y que no soportaba las vidas planificadas o aquellas otras que se deslizaban por la rutina, dentro de un rol social. Ni el comportamiento de la clase media, con esa vida totalmente programada, que solo fabricaba individuos alienados… “. En otra de las páginas, el autor indica que “Cassavetes tenía un poco de Beckett, dado que en sus películas se sentía el fracaso y, aun así, lo seguía intentando una y otra vez, en cada secuencia, en cada historia… Pero también tenía un poco de Joyce, ya que, a lo largo de su carrera,  consiguió un lenguaje propio”.

La finalidad de Cassavetes es tener encuentros con la verdad y para ello buscaba que los actores se olvidaran de su identidad o de esos clichés que les habían enseñado en las escuelas de teatro

Como diría Víctor Cubillos, John Cassavetes buscó y encontró en la actuación un camino para trascender, para ir más allá de la mera representación de situaciones frente a una cámara. En los años cincuenta del siglo XX el Actors Studio y su Método significaban para él una imposición, un adoctrinamiento de las formas de expresión actoral. Cuando Cassavetes comienza las filmaciones de su primer largometraje Shadows (1959), ya contaba con experiencia como actor de cine y teatro. Además, había dirigido un taller de actores como alternativa al Actors Studio y se había casado con la que sería su compañera de toda la vida: la actriz Gena Rowlands. Además, muy en contra de sus principios morales, para pagar las deudas de Shadows, que aún no había terminado de editarse, aceptó una oferta de Universal para hacer la serie de televisión Johnny Staccato. Su metodología se basó en la observación de su entorno social, llevándose por el olfato, por intuición; entendía el mundo como algo infinito y no resuelto. Para él, la actuación representaba el elemento más importante de una película. Rehuía de todo lo que fuese “estético” en un filme, ordenado… Todo debía estar hecho para que el actor se expresara libremente, sin marcas en el plató señalando límites o posiciones, es decir…: cámara en mano, localizaciones reales, mínima iluminación artificial.... Paradójicamente y sin saberlo, este tipo de estética estaba muy acorde con el movimiento beatnik de la época, si bien Cassavetes también llegó a reconocer la influencia del neorrealismo italiano. No hace falta que recordemos que esa forma de rodar se parecía muchísimo a la adoptaron los directores de la Nouvelle Vague en Francia: Godard, Chabrol, Rohmer y Truffaut… Lo realmente interesante de todo esto es que no fue hasta algunos años más tarde cuando unos y otros pudieron conocerse y admirar sus trabajos. Fue el momento justo en el que había nacido, por así decirlo, el cine de autor.

En resumidas cuentas, Cassavetes lo que persigue es la búsqueda de la verdad, la búsqueda del ser como finalidad de la actuación…, y lograr que cada actor trascienda. Es evidente que, tras ver Faces (1968), pero sobre todo tras A Woman Under the Influence (1974), los actores tienden a no confundir su “yo propio” (el ser) con el “yo extraño” (el personaje). De ahí que el principal requisito de las películas de Cassavetes fuese que la actuación consiguiera representar la vida misma. En este sentido, una actuación lo que significaba para él era trabajar en libertad en ese mundo de dobles: actor/personaje. 

Su metodología se basó en la observación de su entorno social, llevándose por el olfato, por intuición; entendía el mundo como algo infinito y no resuelto

En cuanto al tándem creativo formado por Gena Rowlands y John Cassavetes, debemos de decir que fue uno de los más tormentosos, influyentes y determinantes en la historia del cine moderno, pues a pesar de que la rubia actriz estadounidense trabajó con muchos directores como Woody Allen y Jim Jarmusch, y ganó múltiples premios, fue conocida especialmente por su participación en películas dirigidas por Cassavetes. 

La historia cuenta que cuando Gena se encontró con John Cassavetes, el muchacho al verla cayó fulminado ante la rubia y le dijo a su amigo:ꟷ “Esa es la mujer con la que me voy a casar”. A Gena le pareció un chico encantador, pero no tenía ganas de citas. Se lo hizo saber. Al poco tiempo fueron quedando para tomar algo y charlar, pero no pasó nada, ya que ella se lo dejó bien claro: no estoy interesada en salir con nadie. Quiero ser actriz. Y así fue hasta que ambos se graduaron.

Cuando los veían juntos, muchos consideraban que no había en el mundo una pareja tan dispar. Ella tenía clase, era refinada, mantenía conversaciones intelectuales y él era extravagante, tosco y, como reconoció en una ocasión, “antes de conocer a Gena, yo era un soltero que iba por la vida torturando a la gente”. Se casaron en 1954 y Gena protagonizó 10 películas realizadas por Cassavetes y estuvo casada con él casi 35 años, hasta su fallecimiento en 1989. Desde los años 1960, la pareja formó una carismática y explosiva asociación en la gran pantalla que exploró temas de pasión y autodestrucción en un contexto de alcohol e infidelidad.

Pero no fue únicamente eso, la creatividad entre ambos jugó un papel determinante, porque participaron en el montaje, edición y escritura de varias películas. De hecho, el garaje de su casa les sirvió de estudio para estos propósitos. Por otra parte, Gena estaba harta de la vida baladí de su marido alcohólico, mujeriego, celoso, egoísta, hasta el punto que en alguna ocasión le confesó que “lo amaba como artista, pero le odiaba como marido”.

El tándem creativo formado por Gena Rowlands y John Cassavetes, fue uno de los más tormentosos, influyentes y determinantes en la historia del cine moderno

En la película Una mujer bajo la influencia (1974), que muchos consideran la mejor actuación de su carrera, incluso una de las mejores 100 interpretaciones en toda la historia del cine mundial, la artista dio vida a una esposa con problemas mentales, papel que la hizo merecedora del Globo de Oro y le valió su primera nominación al Óscar en la categoría de mejor actriz.

Su segunda postulación a los Premios de la Academia y al Globo de Oro fue por la cinta Gloria, de 1980, la película también fue dirigida por Cassavetes. La revista Variety escribió en su momento: “Gena Rowlands está excelente como una mujer cansada que decide tomar sus propias decisiones”.

Sin ser una actriz muy conocida y con poco imán en la taquilla en el competitivo mundo del séptimo arte, el mejor premio que tuvo Gena Rowlands fue el respeto de la industria y el público.

Gena Rowlands y John Cassavetes
Gena Rowlands y John Cassavetes

Deteniéndonos en uno de sus últimos filmes, Gloria (1980), podemos decir que, en el momento de su estreno, no fue comprendida por los seguidores del realizador, pero el paso del tiempo, la colocó en el sitio que le correspondía. Los factores que destacan de ella son su personalidad, el interés y la fuerza, además de la mirada personal del realizador. Y por supuesto, el personaje interpretado por Gena Rowlands, Gloria, la vecina de Jack Dawn (Buck Henry), un contable de la mafia que ha “cantado” ante el FBI. Por ello unos matones se disponen a eliminarlo junto a su familia, y este, ante la cercanía de este final, decide entregar a su hijo más pequeño ꟷPhil (John Adames)ꟷ a Gloria. Al mismo tiempo, le entrega también el libro de contabilidad donde están anotadas las irregularidades. Una película que se inicia con unas magníficas vistas aéreas y planos generales de la ciudad de Nueva York, que a fin y a la postre se convertirán en el personaje más importante de la cinta. Cassavetes ofrece un retrato casi implacable de los bajos fondos de la ciudad, los rincones más oscuros de esa ciudad de la Gran Manzana. Y una actuación de Gena Rowlands llena de hondura, dureza y humanidad, a lo que añadir la poesía urbana del director.

Para finalizar, decir que Cassavetes dejó escritos más de cuarenta guiones que nadie se atreverá a rodarporque, como él decía, “son muchos los que quieren trabajar como yo lo hago, o trabajar conmigo, pero no es cierto. No quieren pasar por lo que hay que pasar para trabajar de esa manera. Quieren protegerse. Tienen miedo. No quieren arriesgarse”. 

domingo, 17 de diciembre de 2017

"ESPARTACO" (Stanley Kubrick, 1960)




Spartacus
Año
Duración
196 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Dirección
Guion
Dalton Trumbo (Novela: Howard Fast)
Música
Alex North
Fotografía
Russell Metty
Reparto
, , , , ,, , , , , ,, , , , ,, 
Productora
Bryna Productions / Universal Pictures
Género
AventurasAcciónDrama | Antigua RomaEsclavitudBiográficoHistóricoCine épico
Grupos
Adaptaciones de Howard Fast
Novedad
Sinopsis
Espartaco era un esclavo tracio que fue vendido como gladiador a Léntulo Batiato. En Italia promovió y dirigió la rebelión de los esclavos (73-71 a.C.) contra la República romana. A medida que recorrían el país, innumerables esclavos se iban sumando a la rebelión. Espartaco intentará llegar con su ejército al sur de Italia para poner rumbo a sus hogares. (FILMAFFINITY)
Premios
1960: 4 premios Oscar: actor secundario (Ustinov), fotografía, vestuario y dir. artística
1960: Globos de Oro: Mejor película - Drama. 6 nom. incluyendo actor (Olivier)
1960: Premios BAFTA: Nominada a Mejor película
1960: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión drama
Críticas


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Afiche 

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    El 7 de marzo de 1999 los incansables teletipos escupían la noticia al mundo: había muerto Stanley Kubrick, uno de los últimos genios vivos del llamado Séptimo Arte. La noticia, por inesperada, dejó consternados a todos los que, de un modo u otro, sentimos que parte de nuestra personalidad se fraguó bajo el preciado y precioso estigma cinematográfico. Kubrick es ya un mito, lo fue en vida, de la cual hizo siempre un misterio impenetrable, de él se cuentan mil y una anécdotas, y casi todas ellas tienen que ver con la meticulosidad enfermiza con que afrontaba sus trabajos. Los que han trabajado a sus órdenes se quejan de los abusos a que los sometía en su búsqueda obsesiva de la perfección, que acabó dotando, como apuntó Jack Nicholson, de una nueva dimensión a la palabra “puntilloso”, e incluso como declaró Malcolm McDowell: “su calidad humana nunca estuvo a la altura de su talento”. Además de su metódico sistema de trabajo, de sus manías en todo lo que concierne al rodaje de un film, sabemos también que era una persona muy aprensiva, un hipocondriaco con un miedo bárbaro a lo desconocido, a ese agujero negro que se abre después de la muerte, por lo que se negaba a viajar en avión, debido a las escasas posibilidades que existen de sobrevivir a un accidente. Moverse en automóvil tampoco es que le entusiasmara, pero su chófer sabía que, con el director neoyorquino a bordo, la velocidad máxima no debía exceder de 50 km/h. Desde principios de los sesenta -concretamente desde el rodaje deLolita (1962)- vivía recluido en Gran Bretaña, acompañado de su mujer y sus tres hijas habitaba una mansión al norte de Londres, su vida familiar, si hacemos caso de lo que dice su tercera mujer, Christiane, era ascética, relajada y sencilla, pues sus mayores excentricidades eran jugar al ajedrez y sentarse a escuchar música clásica. A sus 70 años murió dejándonos sólo 13 películas, un testamento fílmico reducido pero incomparable del que muy pocos pueden presumir.
   
    
   Sinopsis: el esclavo Espartaco (Kirk Douglas) logra huir de su humillante confinamiento en donde era obligado a luchar a muerte contra otros esclavos por el general romano Marco Crasso (Laurence Olivier). Tras ponerse al frente de un ejército de esclavos y derrotar a los romanos se refugia en las montañas, allí se le unen la esclava Varinia (Jean Simmons) y Antonino (Tony Curtis) un esclavo disidente de Crasso. Su idea de abandonar Italia es abortada por el terrible jefe romano, que anhela llegar a lo más alto del poder. Con Espartaco abatido y su ejército masacrado, Crasso obliga a Antonino y a Espartaco a enfrentarse en una lucha mortal, y Espartaco mata a su fiel amigo siendo él al final crucificado. En el umbral de la muerte, su última mirada será para su mujer y su hijo que, liberados, se alejan de Roma.



    Con un extraordinario libreto escrito por el guionista de izquierdas Dalton Trumbo -incluido en la “blacklisted” del inquisitorial senador McCarthy y su tristemente famosa caza de brujas- la insurrección del esclavo Espartaco se nos presenta a la vez como gran espectáculo hollywoodiense y película de compromiso ético, nítida en su mensaje contra la opresión y la tiranía. Rodada parcialmente en nuestro país, representa el último trabajo de Kubrick con Kirk Douglas, quien declaró “Kubrick es un cabrón con talento”, poniendo así fin a su relación profesional, también personal con el cineasta. El rodaje, ni que decir tiene, fue largo y tortuoso. El film lo comienza Anthony Mann -hay quien piensa que las mejores secuencias fueron rodadas por él- pero las desavenencias hicieron que Douglas, que además de protagonista era el productor de la cinta, le pusiera de patitas en la calle. El que en algún momento el director de El Resplandorrenegara de ella se debe a que, como él mismo confesó, jamás tuviera el control absoluto del film, fue, desde luego, el único trabajo en que, a la fuerza ahorcan, se permitiría ese lujo. Espartaco, que irrumpió como una nueva puesta de largo del peplum, un género al que, salvo contadísimas excepciones, nunca le he dedicado mis mejores atenciones, tuvo un presupuesto de 12 millones de dólares, recaudando la excelente cifra de 20 millones en dos años, alzándose con cuatro estatuillas y contando con un reparto de primera fila.
    
  
   El guión adapta la novela homónima de Howard Fast, un militante comunista que acabaría convirtiéndose en apóstata y que en primera instancia se encargó de elaborar el guión, con un tratamiento tan pésimo que a Douglas le pareció inadaptable. Posteriormente le sería encargado a Trumbo que, a pesar de ocupar un puesto destacado en la siniestra “lista negra”, seguía activo utilizando múltiples seudónimos. La singular conjunción de escritor y guionista unidos por una misma doctrina política enfatizó el carácter marxista de la historia y los personajes, a Kubrick eso le daba igual, pues ni mucho menos le entusiasmaba el trabajo de Trumbo, y todavía menos le gustaba el final, en el que nuestro héroe mata con la espada a Antonino para evitarle el sufrimiento inhumano de la crucifixión, mientras él se eleva al altar de la inmortalidad envuelto en un halo de sacrificio heroico. 


    


















Estamos ante la primera y colosal superproducción de un Kubrick con 32 años, inexperiencia que se nota en las no demasiado logradas escenas de movimientos de masas y, sobre todo, en la batalla final, que probablemente rodadas bajo el influjo proletario de los maestros rusos -muy dados en esta cuestión a la rigidez militarista- queda ahogada en su medida planificación por la composición de excesivos planos generales, ignorando los punteos de los detalles y sin entrar en el fragor cercano de la contienda. Mucho más interesante son las escenas de interiores y el cruce de relaciones interpersonales que van a ir abonando el camino aciago de nuestro trágico adalid. Con todo, Espartaco es un film ejemplar, donde la lucha del esclavo rebelde contra los poderosos romanos le confiere una épica trascendencia, un oscuro y hasta enfermizo romanticismo. A destacar el tratamiento musical fatalista a cargo de Alex North, la exquisita luz de Russell Metty, Charles Laughton como el sardónico Graco y Laurence Olivier como el brutal fascista Crasso. Ah, jueguen ustedes a adivinar si algunos de los miembros de las centurias romanas llevan relojes de pulsera, cuentan que, tanto en QuoVadis? como aquí, los fallos de raccord (este tipo de error, bastante frecuente en el cine, se denomina anacronismo) son importantes.

lunes, 2 de octubre de 2017

ANGEL AZUL 1930 Subt. Latino Película de culto






Título original
Der blaue Engel (The Blue Angel)
Año
Duración
109 min.
País
 Alemania
Director
Guion
Karl Zuckmayer, Karl Vollmuller, Robert Liebmann (Novela: Heinrich Mann)
Música
Frederick Hollander (Letra: Robert Liebmann)
Fotografía
Günter Rittau, Hans Schneeberger (B&W)
Reparto
, , , , ,
Productora
UFA
Género
Drama | MelodramaAños 20
Sinopsis
Adaptación cinematográfica de la novela "Profesor Unrath" de Heinrich Mann. Narra la tragedia de un severo profesor que una noche va a "El Ángel Azul", un cabaret de mala fama, para llevarse de allí a sus alumnos, que acuden al local seducidos por los encantos de la cantante Lola-Lola (Dietrich). Sin embargo, el profesor Rath, un solterón de 50 años, acaba cayendo en las redes de la cabaretera. A partir de entonces, su vida será un descenso a los infiernos de la humillación y de la degradación moral. (FILMAFFINITY)


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El ángel azul (Der blaue engel, Josef von Sternberg, 1930)

Esta película tiene una doble importancia. Por un lado fue la primera película sonora que se rodó en Alemania, después de que en 1927 se rodara en los Estados Unidos El cantor de jazz, que fue la obra que abrió el camino al cine sonoro. Por otro, supuso el lanzamiento de Marlene Dietrich como un símbolo viviente de la mujer seductora, absolutamente irresistible y también perversa, que sigue vivo aún después de su muerte acontecida en París en 1992.

Sternberg sería el culpable de que la Dietrich se convirtiera en diva, en un momento en el que la actriz y cantante llevaba a sus espaldas una docena de películas de escaso renombre, lo que la había llevado a pensar en abandonar el cine. Cuentan que la Dietrich cuando se presentó al casting de la película, lo hizo vestida con un ajustado vestido corto, medias negras sujetas con unas ligas perfectamente a la vista y coronado todo ello por un sombrero de copa, empezó a entonar las primeras notas de Enamorándome de nuevo y el mito empezó su desarrollo.


El ángel azul fue posible gracias a la insistencia de Emil Jannings, un reputado actor con una sólida carrera anterior (por la película La primera orden, 1928) había obtenido el primer Oscar otorgado a un actor), por supuesto en el cine mudo, quien logró convencer al productor Erich Pommer de los estudios UFA para contratar a von Sternberg y llevar adelante la adaptación de la novela de Heinrich Mann (hermano de Thomas Mann) Professor Unrat.

La historia cuenta como un profesor, Immanuel Rath, ya mayor se enamora de una cantante de cabaret, Lola Lola, después de que acudiera al cabaret en busca de sus alumnos para convencerles de que no cayeran en la tentación de acudir a sitios de tan dudosa moralidad. Ahí se inicia una relación que lleva al profesor hasta los sótanos más profundos de la degradación personal, de un enamoramiento tan irracional que no solo le lleva a casarse con la cantante, mucho más joven que él y de un irresistible atractivo físico, sino que también acabará actuando en el espectáculo.

Relación que sólo puede acabar en tragedia, y que en su desarrollo nos depara momentos absolutamente inolvidables, con unos personajes ambivalentes capaces de amar y de odiar al mismo tiempo los ambientes en los que se mueven, mientras un payaso observa en silencio como la tragedia se va gestando, con dos actores protagonistas que están a un nivel que impresiona.

Cada plano, cada detalle, cada palabra, cada silencio, cada mirada (cuando Lola y el profesor se miran, sobran las palabras, ya lo dicen todo, no es necesario que digan nada), le dan a esta película una plasticidad tremenda, muy deudora de los presupuestos del cine expresionista, que luego tanta influencia tendrán en el cine norteamericano de los años siguientes, al servicio de un guión que deja muy poco hueco al optimismo.

La historia de una cruel destrucción personal. Esa frase podría resumir de una forma muy genérica, el viaje que realiza el personaje del profesor que desde el mismo momento en el que entra en contacto con Lola Lola queda atrapado en la tela de araña de una joven muy bella, sabedora de que lo es, con una coquetería que hace creer a los hombres que puede ser una presa fácil, mientras que su casi anciano marido no puede evitar la dependencia emocional en relación a tan extraordinaria criatura por la que será capaz de perder la dignidad, su posición social y mucho más.

La tragedia de un hombre que busca su libertad rompiendo con los viejos esquemas constrenidores, y en esa búsqueda de la felicidad acabará por sufrir una cruel venganza del destino y de una sociedad que no le perdona esa renuncia a todo lo socialmente establecido, a lo que es de buen tono en una persona respetada como era en su vida anterior. Luego ya convertido en un auténtico pelele, hará un postrer viaje por unas calles opresivas, de sombras demasiado largas como para no pensar que van a alcanzarnos, mientras Lola canta a horcajadas sobre una silla y sonreír mientras recibe los aplausos del público.

http://lavidanoimitaalarte.blogspot.com/2007/04/el-ngel-azul-der-blaue-engel-josef-von.html



El ángel azul (1930) - Josef von Sternberg



Obra mayor dentro de la historia del cine, obra mayúscula dentro del expresionismo alemán, el austrohúngaro Joseph von Sternberg materializa uno de los pilares de esta gloriosa corriente cinematográfica, y plasma uno de sus filmes referentes, uno de los trabajos más memorables del cine europeo clásico. Se inicia asimismo una de las colaboraciones más ilustres dentro de la mencionada edad clásica que este arte ha podido producir, el austrohúngaro cineasta descubre y dirige a Marlene Dietrich, la que sería su irreemplazable musa durante la década, los treinta, materializando cinco ejercicios que sacarían brillo inmortal al mencionado expresionismo. Basada en la historia del germano Heinrich Mann, nos introduce la cinta en el mundo de un rígido profesor de literatura en tierras alemanas, que se muestra implacable con sus alumnos, los mismos que frecuentan un cabaret donde sensual fémina canta y realiza performances. Siempre recto, siempre intachable, de pronto el ilustre profesor verá cómo la singular mujer terminará siendo su impensada ruina, llevándolo a la máxima degradación y humillación. Repleta y enaltecida por toda la fuerza de un movimiento artístico en plena vigencia y ebullición, El Ángel Azul rebosa de una estética oscura, un tratamiento audiovisual sobrio, serio, además de potentes y elocuentes simbolismos que vuelven a este trabajo un filme indispensable, necesario para el cinéfilo versado, un brillante pedazo de arte europeo, protagonizado por el estupendo actor Emil Jannings, en una de sus más recordadas interpretaciones.


        



El profesor Immanuel Rath (Jannings), es despertado por su empleada, es hora de ir a la escuela a impartir clases, lecciones de inglés donde deja a sus flojos y bromistas alumnos tarea, es un estricto e implacable maestro. Luego de clase, conversa con su alumno más aplicado, encontrándole, en un cuaderno, obscena fotografía de una fémina. Cuando le pregunta el origen de dicha imagen, el pupilo le referencia El Ángel Azul, un cabaret lugareño. El profesor se apersona al establecimiento, encuentra a la mujer, la hermosa y sensual Lola Lola (Dietrich), que realiza su número musical. Rath se encuentra desorientado, aturdido por el ambiente, llega a dar al camerino de ella, le reclama que está corrompiendo a sus estudiantes, pero al verla en paños menores, se inquieta, se queda con ella, sin advertir que un alumno los observa desde un recóndito rincón, el infante escapa mientras Rath discute con Kiepert (Kurt Gerron), mago y organizador de la función. Luego, el alumno aplicado es vapuleado por sus compañeros, por soplón. Rath vuelve al día siguiente a clases, olvidó el sombrero en el cabaret, está intranquilo, y no puede evitar volver esa misma noche al club nocturno. Lola lo recibe, siempre en su camerino, siempre cambiándose de ropa, y siempre con un recurrente payaso (Reinhold Bernt), que merodea por los alrededores, y ahora son muchos los alumnos que lo ven ahí.







El profesor no admite a los parroquianos del cabaret, exige respeto a Lola, clientes y chulos son por él expulsados de su camerino, va descuidándose de su trabajo y de sus pupilos, va frecuentando cada vez más El Ángel Azul, y va embelesándose con Lola Lola, quedándose incluso un día a dormir, algo muy atípico en él. Desayuna con Lola, parte raudo al colegio, donde sus alumnos arman algazara y se mofan de sus visitas al club nocturno, y el director del colegio (Eduard von Winterstein) no tiene otro remedio que invitarlo a dimitir. Renuncia Rath, acto seguido, vuelve al cabaret, y le propone matrimonio a Lola, quien tras reírse inicialmente de su propuesta, termina aceptando ser su esposa, se casan rodeados de Kiepert, Guste (Rosa Valetti) la mujer de éste, y otros individuos del cabaret, esa ocasión, juegan a ser gallo y gallina. Ya casados, sigue trabajando Lola en clubs nocturnos, ahora viajando, el profesor le objeta su labor, pero no hay mucho que pueda hacer, termina incluso vistiéndola para sus números. Pasan días, meses, años, inverosímilmente, el profesor hace de payaso ahora en las rutinas, y la siguiente parada del ambulante espectáculo es su ciudad natal. Despierta expectativa la presentación de Rath en el pueblo, reacio a salir al inicio, Kiepert lo obliga a salir, lo humilla completamente, mientras Lola juguetea adúlteramente, el profesor corre desquiciado imitando el canto de un gallo. Finalmente, mientas Lola canta, el destruido profesor vuelve a su escritorio, donde fenece.







Espectacular filme, impregnado por la poderosa vena artística del expresionismo alemán, en los años en que la corriente estaba ya consolidada tras los inmortales ejercicios de los titanes germanos Lang y Murnau en la década anterior, dominaba el expresionismo en Europa, y el filme se erige como uno de los baluartes de la corriente, con nítidas e innegables manifestaciones expresionistas, en su presentación estética, en su tratamiento audiovisual, en su surreal y demencial atmósfera. Esta poderosa manifestación de esa corriente se plasma básicamente en momentos puntuales, en el inicio del filme mismo, gran apertura que ya nos indica el norte por el que desfilará el filme, con los edificios de la ciudad con sus oblicuos márgenes, además de los poderosos claroscuros, los sombríos edificios que generan marcado contraste con el albor del cielo, es la singular constitución y estructuración expresionista, inconfundible lenguaje audiovisual, exquisita presentación que no volveremos a ver hasta otro momento clave dentro del filme. Este momento es cuando Rath va al cabaret, símbolo de su perdición, el camino hacia ese infernal sitio está ambientada con esa misma fuerza expresionista otra vez los expresivos decorados, otra vez los claroscuros y contrastes de la ciudad oníricamente oscura y sórdida, es la antesala al infierno y ruina que le esperan al rígido hombre de letras. Es un lenguaje puramente expresivo de ese infierno, pues la última vez que lo veamos será cuando el profesor sale, humillado y derrotado completamente, del cabaret, el infierno le dio la bienvenida y ahora lo deja ir destrozado, es un lenguaje especifico y casi exclusivo de lo que representa el cabaret, del meollo del filme, de la carnalidad que termina por derrotar a la razón y al equilibrio, pues el mencionado tratamiento se seguirá deslizando en el impecable blanco y negro que sirve de transporte narrativo a la historia, se plasmará en las sombras, los contraluces que genera la penumbra, en las fachadas, en los ambientes urbanos, y siempre en el infernal cabaret.

















El trabajo de sombras tiene particular y severa manifestación en la secuencia en que los pupilos se ensañan y golpean grupalmente al aplicado pupilo delator en su propia cama, las sombras de derraman sobre su recámara, los barrotes deformados y proyectados como lúgubres brazos sobre el lecho, además de los propios muchachos, las sombras invaden la realidad, otra vez los trazos oblicuos, otra vez los oscuros rincones, ahora se manifiesta el lenguaje expresionista en interiores. Asimismo, se detecta la presencia de un elemento transitivo, que sirve de puente a la narración, la figura a primer plano de un reloj, reloj que campanea mientas sus figurillas decorativas marchan, el tiempo va pasando, la dignidad de Rath se va evaporando, su perdición se va aproximando. Como se mencionó, es de notar que todo este notable trabajo expositivo nos adentra en el pesadillesco trayecto del profesor hacia el averno, hacia su ruina, es su trayecto a lo desconocido, al carnal y lascivo mundo de la lujuria, de la carne, el comercio de lo sexual, es en efecto ese lenguaje de oblicuas líneas y lóbregas inmediaciones un onírico camino a un lóbrego mundo que lo abrumará y degradará de una forma que jamás imaginó, es el averno. Y claro, Lola Lola es la carnal y libidinosa manifestación corpórea de toda la lujuria, ella, luciéndose siempre en paños menores, ella, siempre tentando al rígido maestro con su desnudez y desparpajo, desde el inicial segundo en que el ilustre académico posa su vista en ella, queda embelesado, lo deslumbra, lo domina, el profesor pierde gradualmente el control, su vida sufre irreversible cambio, púes sin siquiera notarlo, se ha convertido en parte de la fauna famélica de carnalidad del cabaret, está dentro de ese mundo, pero, como outsider que es, será poseído, abrumado y superado por el novedoso universo. Se materializa así el severo meollo del filme, la contraposición de la sobria razón, del equilibrio de la cultura, y la carnalidad, el sexo, la lujuria, es un enfrentamiento en el que la frialdad de la razón terminará cediendo ante el fuego de la libídine.

















Para materializar este importante y significativo suceso, von Sternberg se basa en muy poderosos y potentes simbolismos, siendo uno de los más entrañables de su trabajo, por supuesto, el tan elocuente como recurrente payaso. Mientras Lola Lola simboliza la perdición máxima, el objeto por el que se pierde la cabeza, el apayaso simboliza la degradación, la humillación, la transformación del ilustre erudito literario en un bufón, en un hazmerreir, en, literalmente un payaso, es poderosísimo el simbolismo, pues será el bizarro mensajero, el bizarro testigo de su gradual decadencia, silente y hierático individuo, casi se funde con el ambiente, se vuelve parte del oscuro atrezzo, su triste y melancólica mirada nos habla de un individuo que ya ha pasado por el proceso de degradación, ya ha sido reducido a las burlas, y ahora ve con resignación cómo un nuevo integrante del infierno está en camino. El payaso lo sigue perennemente, aparece en todos los interiores del cabaret, aún antes de conocer el final de la historia, uno puede advertir que su presencia, su poderosa y silenciosa presencia, es augurio de algo mayor. En efecto, el profesor termina convirtiéndose en un payaso, se maquilla, se pone la peluca y demás aditamentos, el mago lo humilla de inverosímil forma, el simbolismo está completo, el profesor se ha coinvertido en un payaso, todo por perderse en incontrolable nebulosa de sensualidad. Pero no termina la extremadamente contundente construcción del personaje y su final caída, otro simbolismo en potencia comparable se materializa, el profesor, tras la humillación máxima, corre desquiciado haciendo quiquiriquí, el mórbido colofón a la rutina del mago, el patetismo alcanza niveles mayores, el canto del gallo debía ser un gracioso fin de rutina, pero se convierte en el más escalofriante sonido onomatopéyico, es la manifestación auditiva de la humillación y patetismo, la destrucción está consumada, la humillación está completa, el bizarro sonido del ave matutina hace obvia referencia a la unión matrimonial, sin palabras, como solo los mejores artistas pueden hacerlo, se nos expresa la situación, el desgarrador reclamo del profesor, reclama su dignidad, reclama su vida, un reclamo tan onomatopéyico como sórdido, es el prodigioso clímax del filme.














Cierra la cinta otra elocuente imagen, el humillado y devastado individuo se arrastra maquinalmente hasta su escritorio, tras ser despedido por la atmósfera expresionista que lo recibió, ahora se encamina a la muerte, muere sobre el escritorio, símbolo de su erudición perdida, de su vida pasada, de su existencia perdida, todo ha terminado. El filme no sería lo mismo sin las actuaciones. Significaría esta cinta el perfecto escaparate para la diosa germana Marlene Dietrich, se volvería una innegable estrella internacional, se consagraría y ser convertiría en la musa de von Sternberg, con quien materializaría cinco obras maestras del expresionismo, una mítica dupla se acababa de consolidar. La Dietrich sale cantando, cosa que se repetiría frecuentemente durante su carrera, manifiesta ya toda la clase y poderosa presencia que siempre fueron santo y seña de su persona, se muestra dominadora, se muestra imperial, sensual, aún comenzaba, pero ya mostraba las maneras de una leyenda. Además sale en sugestivas prendas de cabaret, mostrando sus muslos, desenvolviéndose con soltura, cosa que causó no poco revuelo en su estreno, una de las mayores personalidades femeninas actorales acababa de encontrar a su máximo mentor, el filme es un hito necesario. Y por supuesto, Emil Jannings, la cinta sencillamente no sería lo mismo sin este ícono actoral germano, su señorial e imponente presencia es sinónimo de expresionismo, es un baluarte del cine alemán, y su presente interpretación no en vano es considerada como un trabajo vital dentro de su filmografía. Imperial y dominante -como siempre fue- sale en los segmentos iniciales, rígido e implacable educador, gradualmente se irá descomponiendo, se convertirá en inverosímil bufón, la expresividad de un profesor cada vez más confundido y turbado por la sensualidad de Lola son plasmados memorablemente por Jannings, no se le encuentran fisuras a su actuación, siempre orgullosa su figura, siempre imponente, es precisamente su fuerte presencia la que dota de mucha mayor fuerza a la caída del personaje, y la secuencia del canto de gallo es simplemente antológica, Jannings es el corazón de la cinta, es un trabajo mayor del germano actor, realeza del cine alemán, von Sternberg lo sabía, y mejor elección de su protagonista, difícilmente pudo haber hecho. Von Sternberg, Jannings, Dietrich, tres apellidos mayúsculos en el cine. Bien reza el dicho, a buen entendedor pocas palabras, y esas escasas tres palabras, esos tres ilustres apellidos, bastarían para convencer al cinéfilo decente que tenga tres dedos de frente para apreciar y valorar esta cinta como lo que es, un trabajo fundamental en el cine alemán y mundial.














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