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lunes, 7 de octubre de 2024

Antropoceno: la problemática vital de un debate científico

 

El término Antropoceno se ha creado para designar las repercusiones que tienen en el clima y la biodiversidad tanto la rápida acumulación de gases de efecto de invernadero como los daños irreversibles ocasionados por el consumo excesivo de recursos naturales. Pero ¿se puede usar este vocablo para definir una nueva época geológica? La respuesta a esta pregunta ha suscitado un apasionado debate entre los científicos. Por otra parte, las soluciones se hacen esperar demasiado porque existe una negativa colectiva a ver la realidad, que es fruto a la vez de una creencia ingenua en el progreso, de una mentalidad consumista y de las presiones ejercidas por potentes grupos económicos.

El hombre de Vitruvio derretido”. La tripulación del rompehielos “Arctic Sunrise” de Greenpeace ayudó al artista John Quigley a recrear el famoso dibujo de Leonardo de Vinci del cuerpo humano en un banco de hielo situado a unos 800 km del Polo Norte.



Por Liz-Rejane Issberner y Philippe Léna


El término Antropoceno se emplea hoy en centenares de libros y artículos científicos, se cita miles de veces y se usa cada vez más en los medios de comunicación. Creado en un principio por el biólogo estadounidense Eugene F. Stoermer, este vocablo lo popularizó a principios del decenio de 2000 el holandés Paul Crutzen, premio Nobel de Química, para designar la época en la que las actividades del hombre empezaron a provocar cambios biológicos y geofísicos a escala mundial. Ambos científicos habían comprobado que esas mutaciones habían alterado el relativo equilibrio en que se mantenía el sistema terrestre desde los comienzos de la época holocena, esto es, desde 11.700 años atrás. Stoermer y Crutzen propusieron que el punto de arranque de la nueva época fuera el año 1784, cuando el perfeccionamiento de la máquina de vapor por el británico James Watt abrió paso a la Revolución Industrial y la utilización de energías fósiles.


Entre 1987 y 2015, un vasto proyecto científico pluridisciplinario, el Programa Internacional sobre la Geosfera y la Biosfera (PIGB), acopió numerosos datos sobre el impacto de las alteraciones antropógenas en los parámetros del sistema Tierra. Otros estudios emprendidos en el decenio de 1950 sobre las muestras de hielo antiguo del Antártico y la actual composición de la atmósfera –investigada por el Observatorio de Mauna Loa (Hawái)– pusieron de manifiesto la veloz acumulación de las emisiones de gases de efecto invernadero, y más concretamente de las de dióxido de carbono. En 1987 se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), encargado de evaluar las repercusiones de ese fenómeno en el clima.


La gran aceleración

Agrupando todos esos datos, el sueco Johan Rockström y el estadounidense Will Steffen, junto con sus colegas del Centro de Resiliencia de Estocolmo, confeccionaron en 2009 y 2015 una lista con nueve límites del planeta que sería sumamente peligroso traspasar, cosa que ya se ha producido en el caso de cuatro de ellos, a saber: el clima, la alteración de la cobertura vegetal, la erosión de la biodiversidad o la desaparición de especies animales (sexta extinción de la vida en la Tierra); y la alteración de los flujos biogeoquímicos, en los que los ciclos del fósforo y el nitrógeno desempeñan un papel esencial. También mostraron cómo se habían disparado desde la Segunda Guerra Mundial todos los indicadores disponibles sobre consumo de recursos primarios, utilización de energía, crecimiento demográfico, actividad económica y deterioro de la biosfera. Por eso llamaron a esta época “la gran aceleración”. Otros observadores hablan incluso de un periodo de hiperaceleración a partir del decenio de 1970. Todas esas tendencias se han calificado de “insostenibles”.


¿Auténtica época geológica o mera metáfora?

Parece haber un consenso sobre el hecho de que varios parámetros del sistema terrestre han empezado a evolucionar fuera del espectro de variabilidad natural de la época holocena, y también se admite cada vez más el uso de la expresión época antropocena para especificar que esa evolución es de origen humano. Un reducido número de científicos ha decidido ir más allá de la metáfora y de la referencia práctica e interdisciplinaria, proponiendo que el Antropoceno figure oficialmente en la lista de épocas geológicas al igual que el Holoceno o el Pleistoceno.


Un Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno (AWG) se ha encargado de presentar esta propuesta a la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (UICG). No obstante, para que los especialistas en estratigrafía la refrenden, es necesario que se compruebe la existencia de una ruptura universal entre las capas sedimentarias de dos épocas geológicas. Ahora bien, se considera que todavía no hay una prueba suficiente de esa ruptura, a pesar de que se ha constatado desde 1850 la presencia de carbono antrópico en los sedimentos. El grupo propone que el cambio de periodo se fije en 1950, año de arranque de “la gran aceleración” y de la aparición de diversos compuestos químicos y partículas de plástico de origen antrópico en los sedimentos. De todos modos, aunque no se llegue a reconocer todavía que el Antropoceno es una época geológica, eso no invalida el uso que los científicos están haciendo de este concepto.


En su corta existencia, el concepto de Antropoceno ha suscitado ya varias controversias. Se ha puesto en tela de juicio el propio vocablo. Historiadores y antropólogos se han interrogado sobre la referencia al “anthropos“, esto es, al ser humano genérico. Y se preguntan si no son el hombre occidental y un determinado sistema económico los responsables de haber traspasado los límites biogeofísicos del planeta. Por eso se han propuesto otras denominaciones como Occidentaloceno o Capitaloceno. Hay también especialistas en historia global o medioambiental que consideran que no se ha producido una ruptura ontológica y que “la gran divergencia”,  esto es, el carácter excepcional del crecimiento occidental, se debe situar en una perspectiva a largo plazo.


En su opinión, en los últimos 40.000 años por lo menos el ser humano ha influido cada vez más en el medio ambiente, contribuyendo por ejemplo a la desaparición de la megafauna americana y australiana. De ahí que algunos científicos se pronuncien por un Antropoceno de larga duración, dividido en épocas como la industrialización capitalista (1850-1950) y la gran aceleración. La mayoría de ellos reconocen, no obstante, que es necesario dejar de lado, de una vez por todas, toda visión lineal y determinista del tiempo histórico.


Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, algunos científicos advirtieron que el modelo económico occidental no era sostenible y que tampoco se podía generalizar. En ese entonces todavía no se había traspasado ningún límite y la humanidad consumía menos de un planeta. Pero la dinámica creada no paró y la situación se agravó a principios del decenio de 1970. Los datos científicos se fueron acumulando y las señales de alerta se multiplicaron. En esos dos momentos habría sido posible emprender otro camino, pero hoy resulta mucho más difícil hacerlo.


Una negativa colectiva a ver la realidad

¿Por qué nos negamos a ver la situación real? Entre otras, por las siguientes razones: la fe ciega en el progreso y el desarrollo, esto es, en un sistema que aumenta sin cesar la cantidad de riquezas disponibles; la creencia en la capacidad de la ciencia y la tecnología para resolver cualquier problema y todo fenómeno atribuido a causas externas, por ejemplo la contaminación; la existencia de poderosos intereses que sacan provecho de esta dinámica y ejercen presiones intensas; y la colonización de la mentalidad de los consumidores por parte de los medios informativos, que provocan un ansia de consumo individual para obtener comodidades, distinguirse de los demás y conseguir un reconocimiento social.


Sorprende mucho que las ciencias humanas y sociales no hayan abordado durante mucho tiempo esta problemática, a pesar de ser determinante para el futuro de la humanidad. La pasaron por alto porque, además de ser antropocéntricas por definición, estas ciencias estimaban que se trataba de un ámbito de investigación per se de las ciencias naturales. La aparición del concepto de Antropoceno les ha conferido ahora la responsabilidad de examinar y explicar cómo las sociedades humanas han podido provocar cambios de tan gran magnitud en el modus operandi del planeta, y cuál es el impacto diferenciado de cada una de ellas en el mundo. Las ciencias humanas y sociales tendrán que elaborar y dominar instrumentos y conocimientos inéditos para responder a los problemas planteados por esta nueva era de la humanidad: desastres de la naturaleza, energías renovables, agotamientos de recursos naturales, desertificaciones, ecocidios, contaminaciones generalizadas, migraciones, injusticias sociales y medioambientales, etc.


También sorprenden mucho la lentitud y el apocamiento de las reacciones de los dirigentes políticos y las sociedades en general. Un análisis matemático de las redes de referencias nos muestra que desde principios del decenio de 1990 ya existía un consenso sobre el cambio climático en los artículos científicos dedicados a este tema. Por eso, y teniendo en cuenta el agravamiento de la situación, no se acierta a comprender por qué son tan poco audaces los esfuerzos realizados para reducir las emisiones de gases de efecto de invernadero. ¿Qué obstáculos impiden que las negociaciones internacionales sean más eficaces? Dejando aparte la intencionalidad de esos obstáculos, no cabe duda que en lo referente al cambio climático por lo menos la comunicación entre el mundo de la ciencia y la sociedad carece de fluidez. De ahí que el IPCC haya adoptado un nuevo enfoque en su VI Informe de Evaluación (IE6) para sensibilizar a los ciudadanos, y no exclusivamente a los encargados de tomar decisiones.


¿Hay soluciones?

Para hacer frente a los problemas del Antropoceno, uno de los principales escollos con que se tropieza es la necesidad de resolver la delicada cuestión de la justicia medioambiental. En efecto, el cambio climático va crear nuevos peligros y aumentar los que ya se ciernen sobre los ecosistemas naturales y humanos. Ahora bien, esos riesgos están desigualmente repartidos y en general afectan más a las personas y grupos desfavorecidos. Sin embargo, no resulta fácil encontrar una solución a este problema, habida cuenta de lo heterogéneos que son los países en función de su nivel de desarrollo, extensión territorial, población, recursos naturales, etc. Además, la huella ecológica humana sobrepasa en un 50% la capacidad de regeneración y absorción del planeta, y el 80% de la población mundial vive en países cuya capacidad biológica ya es menor que su huella ecológica. Brasil –al igual que otros países del continente americano– posee todavía un amplio excedente de capacidad biológica, pese a que consume el equivalente de 1,8 planetas. Sin embargo, un 26% de sus emisiones de gases de efecto de invernadero se deben a la deforestación. Una porción importante de su huella ecológica procede de la exportación de productos primarios causantes en buena medida de esa deforestación. El sistema competitivo mundializado busca por doquier abastecimientos al menor costo, fomentando así una extracción abusiva de recursos naturales en muchos países y el acaparamiento de tierras en otros.


Si fuera posible suprimir desde ahora la totalidad de las emisiones de dióxido de carbono de los países de ingresos altos, no sería suficiente para reducir la huella de carbono mundial y no sobrepasar los límites impuestos por la biosfera hasta 2050. En otras palabras, a pesar de las grandes diferencias de desarrollo económico y riqueza de recursos naturales existentes entre los países del mundo, todos ellos tendrán que esforzarse por solucionar el problema más apremiante del periodo antropoceno y reducir en proporciones drásticas sus emisiones de gases con efecto de invernadero.


Pero aquí entramos en el callejón sin salida que reaparece continuamente en todas las negociaciones internacionales: “la caza de culpables”. Debido a ella, los países se resisten a contraer compromisos para no hacer peligrar su crecimiento y su tasa de empleo, y también para no ir en contra de intereses sumamente poderosos. La solución encontrada el 22 de abril de 2016, fecha de la firma del Acuerdo de París, consistió en pedir a los países que contrajeran compromisos voluntarios, en vez de imponerles criterios establecidos a nivel mundial. Esto es, se propuso que cada país se comprometiera a alcanzar determinados objetivos en materia de reducción de emisiones de gases que fuesen acordes con lo que estimaba viable. Gracias a este planteamiento se pudieron evitar los callejones sin salida y posibilitar la puesta en marcha de acciones, pero también se creó una confusión en los criterios de evaluación que va a complicar la tarea de comparar los esfuerzos realizados por cada país. Además, a pesar de su alcance universal, este acuerdo internacional no prevé sanción alguna contra los países que no cumplan los compromisos contraídos. Esto revela cuán endeble es la gobernanza del cambio climático. En efecto, como se carece de una institución dotada con un mandato preciso para ejercerla, es muy arduo imponerse a los intereses económicos de los países y las empresas.


A los gravísimos problemas medioambientales de la época antropocena no se les otorga la debida prioridad en los proyectos y programas de las sociedades del mundo entero. Parece como si la humanidad estuviera viendo aletargada una película y esperando que en la secuencia final aparezcan los héroes salvadores que le van a solucionar todo para su mayor felicidad.


Philippe Léna

Geógrafo y sociólogo, Philippe Léna (Francia) es también investigador emérito en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo (IRD-France) y el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN-Paris) de Francia.

Liz-Rejane Issberner

Economista e investigadora titular en el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (IBICT). Liz-Rejane Issberner (Brasil) también es profesora del Programa Conjunto para Posgraduados en Ciencias de la Información del IBICT y la Universidad Federal de Río de Janeiro




https://courier.unesco.org/es/articles/antropoceno-la-problematica-vital-de-un-debate-cientifico

viernes, 4 de octubre de 2024

Ignasi Gozalo, ensayista: "Los alumnos de las escuelas de negocios elitistas son los futuros malvados de la humanidad"

 El autor de 'La excepcionalidad permanente' reflexiona sobre los nuevos poderes y la sumisión de los ciudadanos.


madrid

¿Vivimos en un estado de excepción constante? No, pero sí en una excepcionalidad cotidiana, "que no es otra cosa que la producción de una angustia permanente sobre nosotros en forma de vigilancias, amenazas y alarmas continuadas". El problema, según el ensayista Ignasi Gozalo Salellas (Darnius, 1977), es que la excepción se ha convertido en normalidad y que nuestra sumisión es voluntaria.

El profesor de la UOC lo explica con detalle en La excepcionalidad permanente (Nuevos Cuadernos Anagrama), donde sostiene que el poder nos somete mediante un pánico —o una alerta, matiza él— sin fin. Por sus páginas desfilan el 11S y Guantánamo, Musk y Trump, el procés y el juez Llarena, el tecnofeudalismo y Netflix, Giorgia Meloni y Grande-Marlaska, el ecototalitarismo y el laboratorio tecnopolítico del coronavirus.

El poder aprovecha el miedo, la amenaza o la precariedad para someternos a un estado de excepcionalidad. ¿Cómo relacionaría a todos esos actores?

El estado de excepción implica un período de tiempo determinado. Sin embargo, mediante el giro de la vida material a la virtual —un nuevo paradigma de vida a la que yo llamo la condición algorítmica—, no vivimos un estado de excepción, sino la excepcionalidad. Es una condición, no algo temporal que se acaba; que no solo permanece, sino que ya nos viene dada. Los jóvenes, por ejemplo, viven literalmente fuera de la vida real.

La excepcionalidad proyecta diversas formas de control y las genera mediante las redes, de modo que afecta a aspectos de la vida muy diferentes, aunque siempre con los mismos argumentos. Con la salud, a través del miedo, se genera un pánico sin fin. Con las redes y las plataformas, los algoritmos no solo generan ansiedad, sino también procesos de bullying, maltrato y tecnoansiedad.

También es muy importante la cuestión ecológica, o sea, toda la retórica del pánico vinculada a la idea del colapsismo. Esa idea de "no hay final" muy transmitida mediante redes, pero poco argumentada. Y, en el ámbito de discusión política, es evidente la confrontación permanente basada en la idea de rivalidad extrema y, sobre todo, de polarización. De alguna manera, todos los espacios son de alarma o de conflicto.

No nos domina la información, sino el algoritmo.

Se han sustituido las ágoras materiales, que eran para la discusión o la deliberación, por la nueva "ágora digital común", como llamó Elon Musk a su querido Twitter, ahora X, que solo busca la confrontación, la polarización o la negación de las ideas diferentes. O sea, las famosas cámaras de eco, donde solo nos tuiteamos, leemos y escuchamos entre nosotros.

De alguna manera, todas estas lógicas relacionadas con la economía digital niegan una temporalidad sostenida, que permite la deliberación, el argumento, el devaneo y el cambio de tema. En cambio, hoy en día tenemos aceleración, polarización y simplificación. Esa excepcionalidad es la condición sine qua non de nuestra existencia.

Más allá de los grandes dictadores, ahora hay una nueva pulsión hacia el deseo de control. Si tú no quieres ser controlado, no aceptas el juego de entrar en las redes sociales. Sin embargo, la gente tiene un extraño deseo de ser vista y, por lo tanto, de ser controlada.

Eso ya pasó en el período de las dictaduras: ese deseo del ciudadano de ser dominado por esas figuras. Antes eran los jefes militares y los grandes caudillos, tan vigorosos y todopoderosos, y ahora son los Trump, los Musk, los superopinadores o los superinfluencers, en los que la gente común proyecta ese deseo de ser dominada.

Son aliados y encarnaciones complementarias de esas figuras ultramasculinas que solo renacen en momentos de crisis de la civilización. Después de escribir el libro, Musk y Trump se hermanaron y empezaron a hacerse videollamadas.

Esa es la gran imagen que le falta a La excepcionalidad permanente: una especie de colaboración en equipo de dos figuras bastante similares que responden, desde el mundo de la empresa y de la administración, a una necesidad de nuevos superhombres —porque las masas están aborregadas y polarizadas— y a una pérdida de capacidad de los Estados para gestionar el mundo.

Donald Trump y Elon Musk pasaron por la Universidad de Pensilvania.

Yo también, por eso estoy escribiendo sobre eso, porque la conozco desde dentro. Los alumnos de las escuelas de negocios elitistas, como los que tenía en la Wharton Business School, son los futuros malvados de la humanidad. Les transmiten directamente una idea fundamental: Estados Unidos solo necesita al 1% de la población para gestionar al resto. Una idea casi biologista que enmarcaría en el darwinismo sociológico. O sea, "necesitamos auténticos líderes superhombres que gestionen el mundo".

Así funciona Estados Unidos desde hace muchos años con estas escuelas de negocio ultraelitistas, donde forjan a los nuevos líderes, esos empresarios con grandes capacidades. Jeff Bezos, la versión progre de la misma mierda, estudió en Princeton. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y Meta, en Harvard, al igual que Bill Gates, el dueño de Microsoft. [En la costa oeste, Larry Page, cofundador de Google, estudió en Stanford, como Sundar Pichai, CEO de Alphabet, o Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn]

Ignasi Gozalo Salellas, autor del ensayo 'La excepcionalidad permanente'.
Ignasi Gozalo Salellas, autor del ensayo 'La excepcionalidad permanente'. — Nuevos Cuadernos Anagrama

No es casual que todas esas figuras hayan pasado, aunque algunas no acabasen sus estudios, por la Ivy League, una maquinaria de preparación de las élites de nuestro tiempo. La diferencia es que antes eran juristas y politólogos, como la generación de los Kennedy, y ahora estudian en escuelas de negocios, que son la fábrica del mal.

Un elemento específico de Estados Unidos es la vinculación entre empresa e ingeniería. De hecho, todas son grandes tecnológicas y hay un gran vínculo con el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). Es decir, hay una clara colaboración entre lo económico y la base del entrepreneurship. Los emprendedores suelen venir de las ingenierías, pero siempre muy vinculados a las escuelas de negocios.

[El autor de La excepcionalidad permanente deja claro que el lenguaje utilizado para definir estas escuelas de negocio es totalmente coloquial y figurado, por lo que "malvados", por poner un ejemplo, sería un adjetivo hiperbólico para referirse a los "futuros soberanos del mundo"]

¿Lo hace extensivo a las escuelas de negocios españolas o europeas?

Las grandes escuelas de negocios de la élite española copian el modelo yanqui. Sin embargo, fueron fundadas por la Iglesia católica. Dos de las más importantes son del Opus Dei y de los jesuitas, mientras que la tercera es superpija. Pese a copiar el modelo estadounidense, muchas de ellas están empezando a dar un giro humanista y a rectificar esa producción de monstruos.

Netflix fomenta el apocalipsis, la distopía, la desesperanza y el "no hay futuro", según usted, ¿pero con qué intención?

No me interesan tanto los contenidos de las series como la propia lógica del algoritmo en las series: la interrupción constante de la unidad de tiempo, que era la narración clásica, desde Aristóteles hasta la película del siglo XX. Esa aceleración, acumulación y fragmentación de la unidad narrativa genera ansiedad en el usuario, que no puede parar de ver series. Luego, esos contenidos colapsistas y catastrofistas se van incorporando a nuestra existencia y provocan un totum revolutum: la incapacidad de diferenciar entre el relato y la vida.

La depresión digital. Ansiar la felicidad y sentir culpa. Y el tecnofeudalismo, que apela a nuestro narcisismo para, en realidad, usarnos como mano de obra.

La trampa de las plataformas digitales es que antes de entrar tienes que aceptar una serie de compromisos, una lógica absolutamente feudal que supone nuestra muerte civil. El delito que cometen es tan bestia que las multinacionales se encargan de no cometer ninguna ilegalidad, obligándote a aceptar cláusulas continuamente. Eso es peor que una lógica feudal, porque nosotros la aceptamos. Me refiero al concepto de servidumbre voluntaria, de Étienne de La Boétie.

Si vivimos en una democracia y tenemos derecho a decir que no a Twitter, ¿qué la convierte entonces en una relación feudal? Si tú decides oponerte a esas redes sociales, te quedas fuera del mundo. Es una paradoja, porque quienes vivimos en el mundo real no nos enteramos de nada, como si viviésemos en un mundo paralelo.

En su ensayo, los jueces españoles tampoco quedan indemnes. ¿Tanto poder tienen?

Sí. Eso bebe de la incapacidad del político clásico que ejercía el liderazgo y la autoridad, en términos de Max Weber. Ahora hay claramente una subrogación de esas figuras, porque han quedado vaciadas de poder. De hecho, durante el procés, Mariano Rajoy delega en Soraya Sáenz de Santamaría, que conoce perfectamente el funcionamiento de la maquinaria judicial del Estado. Rajoy, por cierto, encarnaba al político ideal de nuestra época, porque no le interesaba tener autoridad: era, literalmente, un gestor de la vida pública.

Como los políticos —en el sentido antiguo del príncipe que decide por el pueblo— no tienen capacidad de gestionar de manera honesta y virtuosa al pueblo, lo que hacemos es delegar en las formas clásicas o nuevas del poder del Estado. Y esa subrogación va en dos direcciones: en la de las nuevas figuras supersoberanas dentro del Estado, que son los jueces, los mandos militares y policiales, etcétera, por un lado; y los empresarios, por otro.

Es impresionante lo que está pasando con los jueces en España, aunque también en Estados Unidos, porque están determinando la agenda política. Eso se debe a que el poder legislativo y ejecutivo van de la mano, pero el judicial va a su rollo, al igual que el mediático, un cuarto poder que ha devenido en algo más: el poder algorítmico y de las redes. Así, el poder judicial y el virtual están hoy en día ocupando esa capacidad de gestión de la vida pública que tuvieron en su momento el legislativo y el ejecutivo.

De hecho, los líderes políticos que mandan hoy en día superan la figura virtuosa del político al servicio público. O sea, Donald Trump, un tío narcisista sin ningún interés en el bien común. ¿Y por qué esa devoción por estos hombres? Pues porque hay una pasión muy baja, es decir, porque en momentos de guerra y de conflicto la gente quiere superfiguras a quienes entregarles la plena capacidad de gestión.

https://www.publico.es/culturas/ignasi-gozalo-ensayista-alumnos-escuelas-negocios-elitistas-son-futuros-malvados-humanidad.html#md=modulo-portada-bloque:4col-t2;mm=mobile-big


Ignasi Gozalo Salellas (Darnius, 1977) es doctor en Filosofía por la Universidad de Pensilvania y licenciado en Comunicación Audiovisual y Humanidades.

Actualmente compagina la posición de profesor en los grados de Comunicación y diseño con la docencia en los másteres de Filosofía para los Retos Contemporáneos y de Social Media: Gestión y Estrategia de la Universidad Oberta de Catalunya.

Es coautor del libro El síntoma Trump (2019) y sus textos se han publicado en medios como Ara, CTXT, La maleta de Portbou, La Marea o Público.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Yuval Noah Harari: "La inteligencia artificial puede quedar fuera de nuestro control"

  Después de vender 25 millones de ejemplares de sus libros anteriores, el escritor israelí regresa con su nuevo ensayo, 'Nexus'

En él repasa cómo se ha construido el mundo alrededor de las redes de información, hasta llegar a los algoritmos actuales

El historiador, filósofo y escritor israelí Yuval Noah Harari.



SAMUEL A. PILAR


El historiador, filósofo y escritor israelí Yuval Noah Harari siempre se ha mostrado receloso ante el poder de los algoritmos desarrollados por las grandes corporaciones, aunque esta desconfianza nunca había sido tan intensa como ahora, coincidiendo con la explosión de la inteligencia artificial, una tecnología con capacidad para repercutir prácticamente en todos los ámbitos de la vida humana. "La inteligencia artificial es distinta de cualquier otra tecnología que se haya inventado antes", asegura, y recalca que, a diferencia de otras "amenazas" anteriores, como la bomba atómica, ya "no se trata de una herramienta" en la que son las personas las que deciden qué hacer con ella, sino que es "un agente independiente capaz de tomar decisiones por sí mismo". "Puede quedar fuera de nuestro control", advierte.

Después de vender más de 25 millones de copias de sus libros anteriores, especialmente 'Sapiens, de animales a dioses', convertido en uno de los mayores fenómenos editoriales de los últimos años y traducido a 65 idiomas, Harari regresa a las librerías con 'Nexus' (Debate), un nuevo ensayo en el que analiza cómo el ser humano ha ido construyendo el mundo alrededor de las redes de información, hasta llegar a los poderosos algoritmos actuales que tienen su máxima expresión en la inteligencia artificial. "Hay un potencial totalitario en la inteligencia artificial como nada que hayamos visto antes", señala el historiador en rueda de prensa telemática desde Washington, ante más de cien de periodistas.

La inteligencia artificial permite una vigilancia total, y aniquilar la privacidad.“

Según el autor, la "inmensa capacidad" de la inteligencia artificial para recoger y analizar información hace posible por primera vez el viejo anhelo de todo dictador: un "régimen de vigilancia completa que anule la privacidad. 

"El tirano no puede saber lo que cada ciudadano hace o piensa en cada momento del día, aunque los regímenes totalitarios intentan precisamente controlar la totalidad de la vida en cada momento", explica Harari, quien cree que la tecnología actual ha derribado esas limitaciones. "La inteligencia artificial permite una vigilancia total, y aniquilar la privacidad, ya que puede gestionar una ingente cantidad de información y reconocer patrones", mantiene, y agrega que es una práctica que su país, Israel, "ya está llevando a cabo en los territorios ocupados" con "cámaras, drones, siguiendo a todo el mundo todo el tiempo...". También pone el ejemplo de Irán, donde las autoridades utilizan software de reconocimiento facial para identificar a mujeres que no llevan velo y castigarlas. "No es un escenario de ciencia ficción que pueda suceder dentro de 100 años. Está sucediendo ahora", incide.

"No hemos visto nada todavía"

Harari reconoce que la inteligencia artificial aún presenta un alto grado de inmadurez y tiene errores, pero cree que solo "estamos en los primeros pasos" y "no hemos visto nada todavía". Haciendo un símil con la evolución biológica que se ha desarrollado sobre la Tierra durante miles de millones de años, Harari asegura que los actuales modelos de inteligencia artificial son "amebas". "La evolución orgánica es lenta, pero la de la inteligencia artificial es millones de veces más rápida", continúa, y se pregunta: "Si ChatGPT es una ameba hoy, ¿cómo será cuando se convierta en dinosaurio, algo que pasará dentro de 10 o 20 años?".

Yuval Harari: "Estamos regalando nuestro activo más importante a empresas como Facebook, Amazon o Google"


Otra de las aparentes contradicciones a las que ha llegado el mundo actual de la mano del silicio y el algoritmo es ese 
gran campo minado por los bulos y la desinformación en el que se han convertido las redes sociales. "Tenemos la tecnología de la información mas importante de la historia", y sin embargo "no se está diseminando la verdad", reflexiona el escritor israelí, dejando claro que en realidad él no ve ninguna paradoja, ya que "la información no es conocimiento", y tampoco es sinónimo de "verdad". "Tenemos un montón de información, pero la gente no sabe más", expone, para calificar como "basura" la mayor parte de esa información que se vierte en redes sociales.


"Si ChatGPT es una ameba hoy, ¿cómo será cuando se convierta en dinosaurio, algo que pasará dentro de 10 o 20 años?“

"La verdad es cara. Escribir un reportaje cuesta tiempo y dinero, mientras que la ficción es barata", continúa, para añadir que "la verdad es complicada porque la realidad es complicada, y la gente prefiere historias sencillas antes que complicadas". "Si queremos que prevalezca la verdad, tenemos que invertir en ella, creando instituciones académicas, medios de comunicación... Si no se hace, la verdad quedará enterrada por la mala información", advierte.

"Tenemos la tecnología de la información mas importante de la historia", asegura Harari. GETTY IMAGES

"La gente tiene derecho a la estupidez"

En esta misma línea, Harari considera que "actualmente, los medios de comunicación más poderosos son las redes sociales", y por ello "las empresas deberían responsabilizarse de sus contenidos". "Los medios tienen un poder ingente para destruir la democracia o protegerla [...] Y hoy este poder está en manos de los grandes gigantes: Facebook, Instagram, Twitter... Y en manos de sus algoritmos", mantiene, aunque deja claro que "el problema no son los humanos, sino los algoritmos, porque deciden promover ciertos contenidos que benefician a la empresa". "Corresponde a la decisión del algoritmo que millones de personas estén expuestas a la mentira o a la verdad, y las grandes corporaciones deberían responsabilizarse de ello", recalca.


"La gente tiene derecho a la estupidez, a decir una mentira, ya que forma parte de la libertad de expresión. Tenemos que ir con mucho cuidado a la hora de censurar", prosigue, y critica una vez más el funcionamiento de las corporaciones, porque "el modelo de negocio de estas empresas se basa en la implicación del usuario, y quieren que la gente pase más tiempo en la plataforma, para vender más anuncios y recabar más datos que luego pueden vender a terceros". "Los algoritmos de las empresas han descubierto que la manera más fácil de captar la atención humana es pulsar el botón del miedo o del odio o de la rabia, lo que hace que la gente se implique y esté más tiempo en la plataforma", dice. "Este es el problema, y de eso sí que tendrían que ser responsables las empresas, porque esto no es libertad de prensa", reflexiona.

Sin embargo, Harari también quiere extraer una lectura positiva del enorme poder que están adquiriendo los algoritmos. "Sin duda, la inteligencia artificial tiene un potencial enorme", dice, y destaca que "puede darnos la mejor atención sanitaria del mundo", algo especialmente necesario si se tiene en cuenta "la falta de médicos que hay en muchos países". También pone el ejemplo de la conducción autónoma: "Cada año hay más de un millón de personas que mueren por accidentes de tráfico en todo el mundo, la mayoría por errores, y la inteligencia artificial puede salvar ese millón de vidas, porque ni bebe ni se duerme al volante". "No digo que haya que detener el desarrollo de esta tecnología, sino garantizar que sea segura", concluye.


https://www.rtve.es/noticias/20240917/yuval-noah-harari-inteligencia-artificial-puede-quedar-fuera-nuestro-control/16250166.shtml


lunes, 16 de septiembre de 2024

¿Qué es el aprendizaje? | por Humberto Maturana

 


"Podemos volvernos adictos a algunas tecnologías, lo cual nos enajena, o usarlas con sentido social para cosas que de otra manera no podríamos hacer." Humberto Maturana  


En una antigua entrevista para la Revista de Educación, Humberto Maturana y Ximena Dávila, reconocidos por su trabajo en la Escuela Matríztica, exploraron la naturaleza humana, el aprendizaje y el papel del docente. Ambos, pioneros en el estudio de la interacción entre biología y cultura, compartieron sus perspectivas sobre cómo nos formamos y cómo los profesores pueden facilitar este proceso. 

¿Qué es lo que define el ser humano? ¿Somos seres fundamentalmente construidos en y por la cultura o estamos determinados básicamente por la biología?

No es cuestión de definir. En la definición uno especifica un referente arbitrario como punto de partida para alguna reflexión. Si se quiere hablar de los seres humanos lo único que cabe hacer es escoger algún aspecto conductual común en ellos y proponer alguna explicación en relación con su origen que pensamos puede ampliar nuestra comprensión de presente. Así podemos decir que el humano es un ser vivo, mamífero, bípedo, que existe en el lenguaje, en el conversar y el reflexionar, y que estas condiciones constituyen aspectos fundamentales de su vivir.

En estas circunstancias el punto de partida del vivir de un ser humano ocurre en el cigoto que se forma por la unión del óvulo y del espermio; pero este comienzo no especifica un futuro. En los mamíferos ese cigoto se implanta en el útero de una hembra de la especie a la que pertenece, participando del modo particular de vivir de ella que así forma parte de su constitución inicial. Y en esa constitución inicial el nuevo ser vivo parece decir: “Si yo sigo viviendo normalmente, voy a surgir como un ser de la misma clase que mis padres”. Eso es válido para todo cigoto, de cualquier especie.

Nosotros pertenecemos a una clase de seres que viven como personas en el lenguaje, en comunidades de conversación y reflexión, participando de la cultura de los padres que tuvimos. Cuando hablamos de cultura hablamos del modo de vivir humano en redes de conversaciones reflexivas en comunidades humanas.

EL SER HUMANO Y LAS EMOCIONES

Si ese cigoto no lo pusiéramos en nuestra cultura, aunque fuera humano, ¿tendría rasgos humanos?

Se parecería morfológicamente, pero su conducta, su modo de vivir, dependerá del entorno en el cual crezca. Se es humano en el entorno humano. Se es persona en un entorno de personas viviendo como personas. Los seres humanos crecemos como seres biológico-culturales en un entorno biológico y cultural que entrelaza ambas dimensiones. Lo biológico solo determina el punto de partida.

¿Qué es la “autopoiesis”? Entiendo que es un término que usted acuñó.

Esa palabra quiere decir “producción de sí mismo”, pero ha sido mal entendida y tratada como si significase “auto-organización”, que en biología significa otra cosa. En algún momento de nuestras conversaciones, mi colega Ximena Dávila me mostró que para que ese malentendido desapareciese deberíamos hacer explícita la constitución molecular de los seres vivos, y es por esto que actualmente somos precisos y hablamos de “autopoiesis molecular”.

¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que los seres vivos somos sistemas moleculares, que estamos hechos de moléculas que interactúan unas con otras produciéndose otras moléculas que también interactúan unas con otras. Todo esto en la forma de una red cerrada de constantes transformaciones moleculares, que en conjunto realizan y conservan la misma red de procesos moleculares que las produjo. Nosotros somos “sistemas autopoiéticos moleculares”.

A nivel estructural, ¿en qué nos diferenciaríamos de otros animales?

Nos diferenciamos en cómo están dispuestas las moléculas que nos componen. Por ejemplo, ¿en qué nos parecemos a un perro? En que somos vertebrados, en que tenemos sangre caliente, en que tenemos pelos,… Como mamíferos nos parecemos en muchas cosas, pero nos realizamos de manera distinta. El perro se realiza como perro y eso se ve claramente si salimos con uno de paseo, pues veremos que no hay nada más importante para un perro que otro perro… así como no hay nada más importante para un niño que otro niño.

¿Qué rol juegan las emociones en el entendimiento?

Son fundamentales porque determinan el espacio en el cual uno hace lo que hace. Es distinto razonar o reflexionar desde la ternura o desde el miedo, la confianza o el abandono, porque la emoción que nos guía determinará cómo actuamos y distintas emociones nos conducirán por cursos de vida distintos.

Se dice que somos seres racionales, pero en realidad somos seres emocionales que además podemos reflexionar y escoger lo que hacemos en las distintas circunstancias en que nos encontremos. Y no hay otros seres vivos que lo puedan hacer de manera reflexiva, y eso es posible porque existimos en el lenguaje. Ése es nuestro gran tesoro: podemos escoger en cada instante lo que hacemos.

Usted ha dicho que el amor es la única emoción capaz de ampliar la inteligencia, ¿cómo así?

El verbo detrás de la palabra amor es amar. ¿Qué es el amar? Lo que pensamos en Matríztica es que amar es una ampliación de la mirada de respetar al otro u otra sin exigencias, sin supuestos, sin expectativas. Si uno hace eso, se amplía la mirada y ve más, luego escoge qué hacer. Y aquí viene el tema verdadero: ¿qué escojo?, ¿escojo el camino del mutuo respeto o escojo el camino de la ambición y la apropiación?

Ahí entramos en un tema ético.

Absolutamente. En la convivencia no deseada que es la guerra se busca ver al otro como enemigo para destruirlo; y en la convivencia deseada se busca ver al otro como amigo para colaborar con él o ella. Si ampliamos nuestro mirar desde el amar veremos que el otro u otra no es distinto de nosotros y por lo tanto, no será nuestro enemigo. Si restringimos nuestro mirar desde el prejuicio veremos al otro u otra como una amenaza y buscaremos negarlo.

Usted ha dicho que vivimos en el “lenguajear”, ¿podría explicar esta idea?

Que vivamos en el lenguaje no quiere decir que vivimos en el acto de habla o de lenguajear, sino que habitamos en los mundos de haceres que surgen con nuestro conversar y reflexionar, cosa que solo es posible con nuestro vivir en el lenguaje. ¿Por qué? Porque vamos generando esos mundos con los otros en las coordinaciones de sentires, haceres y emociones que vivimos en nuestro conversar y reflexionar.

Y como el conversar y el reflexionar ocurren coordinando nuestras coordinaciones de sentires, haceres y emociones generamos todo lo que hacemos en nuestro convivir humano como seres que escogemos lo que hacemos

QUÉ ES EL APRENDIZAJE

¿Cómo aprendemos los seres humanos?

En la convivencia, transformándonos juntos en nuestras coordinaciones de sentires, haceres y emociones. Lo peculiar de nuestro convivir humano es que pertenecemos a un presente que es el continuo resultar de un devenir histórico en el que lo que se ha conservado es un modo de vivir y convivir en coordinaciones de emociones, sentires y haceres que comienza en la conservación, en el aprendizaje de los niños y niñas, del convivir doméstico amoroso de una familia ancestral de primates bípedos unos tres y medio millones de años atrás; modo de vivir y convivir que es de hecho el lenguajear.

¿Dónde se ubica aquí la educación?

La educación ocurre como una transformación en la convivencia que va especificando las condiciones de los encuentros de los niños y niñas a medida que crecen, configurando un espacio relacional o contexto en el cual, si todo funciona de manera adecuada, amorosa, ellos se transformarán en ciudadanos serios, responsables y democráticos.

Usted señaló en una oportunidad que “el aprender es un fenómeno de cambio estructural en el suceder del vivir de un ser vivo”, ¿a qué se refería?

En el aprender ocurre como una transformación estructural coherente con las circunstancias que se viven. No hay que olvidar que los seres vivos existimos en la continua transformación de nuestra anatomía y fisiología en la medida que vamos creciendo, haciéndonos mayores y envejeciendo; y con nuestros cambios estructurales cambia nuestra conducta, y con nuestros cambios conductuales cambia nuestra corporalidad, en un proceso que sigue un curso guiado por el modo de vivir y convivir que nos toca o escogemos vivir. Cuando hablamos de aprender nos referimos a este proceso.

Distintas circunstancias fisiológicas y relacionales modulan el curso de la transformación de un organismo en la realización de nuestro vivir. Nosotros ahora somos distintos a como éramos hace un cuarto de hora, pero no somos distintos de cualquier manera. En tanto seguimos vivos nos hemos transformado conservando el vivir, pero esa transformación sin embargo ha seguido un curso particular guiado por las circunstancias de nuestro vivir y convivir. Si había algún temor, éste se ha desvanecido. Si había alguna curiosidad, ésta ha disminuido o tal vez ha aumentado. Todo eso según el curso de los cambios emocionales que hemos vivido en esta entrevista.

¿Los seres humanos tenemos una enorme capacidad de transformarnos, entonces?

Sí, tenemos una estructura cambiante y es al curso que siguen esos cambios estructurales en relación con las circunstancias de nuestro vivir y convivir a lo que llamamos aprendizaje. En otras palabras, es a la transformación que vivimos en coherencia con los cambios de lo que hacemos en nuestro vivir mientras se conserva nuestro vivir, a lo que nos referimos al hablar de aprendizaje. Cuando reflexionamos también nos está pasando lo mismo, y cambiamos de una manera íntima guiados por lo que sentimos en la reflexión, ya que lo que sentimos en nuestro reflexionar pasa a ser parte del mundo en que vivimos y convivimos.

¿El miedo es enemigo del aprendizaje en los niños?

Sin duda, un niño con miedo orienta su conducta en el deseo de evitar estar ahí, se retrae, no sabe qué es lo oportuno o lo que debe hacer en cada caso y quiere irse. En cambio, sin miedo, el niño o la niña está tranquilo/a en la situación en la que se encuentra y se va deslizando en ella según el entendimiento que va surgiendo en una interacción acogedora y no amenazante.

¿Y cuál es el amigo del aprendizaje?

La confianza y la curiosidad. Si un niño o niña está bien en la escuela y siente curiosidad, va a poner su atención en las circunstancias que se le presenten. De hecho, esto nos pasa a todos los seres humanos,… y a todos los seres vivos en general. En particular, los mamíferos somos animales curiosos.

¿Los seres humanos aprendemos básicamente por imitación?

Sí y no. Imitamos, pero también construimos sobre aquello. Imitamos porque aprendemos las conductas y a partir de allí creamos un mundo propio semejante o distinto. Siempre hay un apropiarse de lo que se aprende.

Cuando el niño pregunta: “mamá, papá, ¿cómo se hace?”, ¿qué revela?, ¡revela qué quiere hacerlo bien! Y si se la mamá o el papá le pregunta amorosamente: “¿Humbertito, te das cuenta de lo que estás haciendo?, la mamá o el papá lo invita a la reflexión, al camino en el cual puede hacerse responsable de lo que hace. Los espacios familiares y escolares son fundamentales, allí se aprende a escuchar, a reflexionar, a ser responsable como un modo de convivir espontáneo, si la familia y la escuela son ámbitos de convivencia en los que se escucha, se reflexiona y se es honesto. Si yo quiero que un niño o niña sea responsable, tengo que ser responsable también.


DISCRIMINACIÓN VERSUS INCLUSIÓN


¿Por qué se produce discriminación en las escuelas y en la sociedad?


Toda discriminación es una negación de la legitimidad del otro. Y es una negación del amar y de la posibilidad de amar a otro u otra que se funda en una teoría que justifica la negación del amar. Toda teoría se funda en premisas a priori aceptadas desde la emoción. Si me acerco a un niño pensando: “este niño no es capaz”, no lo escucho y, por tanto, lo discrimino, lo niego. Y lo niego porque la teoría me dice a priori que no es capaz. Entonces, si no me salgo de esa teoría nunca lo voy a escuchar. La mecánica funciona así: si respeto al otro lo escucho, si no lo respeto invento o adopto una teoría que me justifica el no escuchar. Y atrapados en algún ámbito cultural lo hacemos sin darnos cuenta.

¿Cómo ve usted el espacio escuela?   

La escuela fue inventada cuando la diversidad de la convivencia más allá del hogar se hizo más grande que el espacio de diversidad que la familia ofrecía. Es por esto que ahora los niños, las niñas y los jóvenes en general tienen que ir a otro lugar a adquirir las habilidades que no van a adquirir en el ámbito de la familia, y que se requieren para integrarse en una comunidad mayor o diferente.  

La tarea del colegio es la formación humana de los niños y niñas. Sí, tienen que aprender habilidades, pero para que ello ocurra lo más importante es el espacio relacional, el ámbito de convivencia, como el fundamento que les va a permitir crecer con respeto por sí mismos y por los otros, abiertos a la colaboración y al aprendizaje.

¿Qué impacto están teniendo las nuevas tecnologías en los niños y jóvenes?

Las tecnologías son instrumentos para hacer lo que queramos hacer, de modo que nosotros somos siempre responsables de lo que pasa con ellas según lo que queremos obtener, realizar y conservar. Podemos volvernos adictos a algunas tecnologías, lo cual nos enajena, o usarlas con sentido social para cosas que de otra manera no podríamos hacer.

En una vida cotidiana sin celular o internet, mentimos, engañamos, violamos acuerdos y normas de convivencia, pero también nos acompañamos, decimos la verdad, somos honestos, cumplimos acuerdos, colaboramos. Pero con celulares e internet hacemos lo mismo que sin ellos, de modo que no es la tecnología lo que guía nuestro vivir y convivir, sino que nuestros deseos… lo que queremos hacer, y lo que no queremos hacer, lo que queremos conservar y lo que no queremos conservar. Y es precisamente por esto que los seres humanos, las personas, somos siempre responsables de los mundos que generamos en nuestro vivir y convivir.

Lo fundamental de la educación es que los niños crezcan en un ámbito de convivencia en el que se transformen espontáneamente en ciudadanos dignos, a los que les guste la honestidad, la equidad, la colaboración, la responsabilidad,… y que vivan la ternura en las relaciones de convivencia, conscientes de que eso es lo que la familia quiere vivir y convivir, aunque a veces no sucede así. La tarea de la escuela es potenciar ese vivir y convivir en un ámbito de apertura reflexiva y de colaboración.

Hoy se habla mucho de inclusión, de aceptarnos en la diversidad. ¿Usted cree que podemos llegar a encarnar con éxito la inclusión en la escuela y en la sociedad?

Hay que pensar cómo estamos viviendo, qué exclusiones estamos haciendo que tenemos que preocuparnos de la inclusión. Tenemos que revisar cómo estamos conviviendo en la familia y en la escuela para salir de los hábitos culturales de exclusión en que vivimos.  

Supongamos que recibimos niños en distintas condiciones, a lo mejor algunos sucios o sin bañarse. Tenemos que conducirnos como maestros de tal manera que todos sean igualmente legítimos, cuidarnos de no hablar de tal manera que establezcamos la discriminación. Puedo decir: “este niño es de una población callampa” y así establezco la discriminación o decir: “tenemos que preocuparnos de este niño porque viene de un lugar muy desamparado”. Ahí me he cuidado con mi expresión de no validar la discriminación. No es fácil, y es por eso que la formación de los profesores y profesoras es muy importante.


¿Qué piensa de la competitividad como paradigma de vida?

En el competir negamos y desvalorizamos al otro y a nosotros mismos: nuestra actitud no es la de hacer bien lo que hacemos. La invitación no debe ser a hacer algo mejor que otro, sino que a hacer las cosas bien porque uno quiere hacerlas bien. Escuchemos la pregunta del niño o niña: “mamá, papá, ¿cómo se hace?” Él o ella quiere hacer algo bien, pero para eso tengo que mostrarle cómo se hace. El competir como paradigma de vida es “perverso” porque niega la colaboración, el mutuo respeto y la posibilidad de un proyecto común. El hacer bien lo que se hace se funda en el entender lo que se hace y por qué o para qué.

¿Cuál sería un paradigma de reemplazo?

La colaboración.

¿Qué consejo daría a los docentes para que promuevan la inclusión en el aula?

El tema fundamental es si queremos o no convivir. Si soy profesor, mi tarea es acoger a los niños y niñas que son mis alumnos y generar un espacio de convivencia en el cual ellos y ellas se transformen en ciudadanos serios y responsables en el mutuo respeto, en la confianza de que todos son inteligentes. Tienen necesidades distintas, sí, pero no infinitamente distintas. Sus dificultades surgen de conflictos emocionales, de deseos contradictorios. A veces un profesor no escucha a un niño o niña a quien le cuesta una materia porque su atención está puesta en los más avanzados y entonces lo o la condena a que siga así en el dolor del abandono porque no le puso atención.


Los menores quieren hacer bien las cosas, a menos que tengan miedo, hayan sido rechazados o discriminados. La tarea de los maestros es educarlos con la convicción de que si uno de ellos está atrasado es porque ha sido abandonado, no porque no tenga capacidad. Si le da parte de su tiempo, si lo atiende o se ocupa de que un compañero/a lo ayude, él o ella va a aprender.

¿Empieza a tener confianza en sí mismo y en los demás?

Sí. Todos los seres humanos somos inteligentes, a menos que hayamos tenido algún daño por una situación particular en el embarazo o algo así. Las diferencias no están en la inteligencia, sino en las emociones y la vivida. Me acuerdo que en el colegio yo no aprendía a leer y le dijeron a mi abuela, con quien vivía, que era tonto. Ella dijo: “No, el niño no es tonto. Si no aprende a leer, quiere decir que no ve. Llevémoslo al oculista”. Y efectivamente necesitaba anteojos.

lunes, 9 de septiembre de 2024

"Ojalá todo el mundo pudiera morir como yo"

 "Siento mucha fortuna de celebrar en vida mi propio funeral": Tatiana Andia, la profesora colombiana con cáncer terminal que eligió no someterse a tratamientos agresivos

La profesora colombiana Tatiana Andia, de la Universidad de los Andes.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,Tatiana Andia decidió tomarse su cáncer como una oportunidad de celebrar la vida y el duelo acompañada de la gente que ama.
  • Autor,José Carlos Cueto
  • Título del autor,Corresponsal de BBC News Mundo en Colombia
  • Twitter,

"Los últimos días se sienten muy raros. Es un estado alterado de la conciencia casi psicodélico, como el que se experimenta bajo los efectos del LSD o los hongos alucinógenos. Cambia mucho. Es difícil reportar el tránsito hacia la muerte".

Según se acerca el final de su vida, la profesora colombiana Tatiana Andia, de 44 años, alterna estas reflexiones existenciales con carcajadas, chistes y mucha gratitud mientras conversamos por teléfono.

Es la actitud que asumió desde que hace un año fue diagnosticada con un cáncer de pulmón incurable.

Cuando recibió el pronóstico, tuvo claras lo que llama sus "líneas rojas": nada de quimioterapia, cirugías invasivas, intubaciones o jornadas de cuidados intensivos.

"¿Y los días extra estos (no importa cuántos) son para qué? ¿Son para resistir posibles efectos adversos? ¿Son para estar ausente de los míos con náuseas, mareo y dolor de cabeza? ¿Son para estar en el mundo? ¿O para salir de él?", se preguntó esta economista, historiadora y profesora de la Universidad de los Andes en su columna de despedida en el medio Razón Pública, donde ha compartido por meses su vida con la enfermedad.

Andia ha dedicado el tiempo que le dieron a despedirse, recordar, celebrar, viajar. En fin, vivir.

Sus columnas han sido ampliamente compartidas y difundidas en redes sociales.

Su caso, admirado en un país con una fuerte tendencia conservadora donde muchas veces la vida se estima como un regalo divino que debe extenderse a toda costa.

No así para Andia, quien eligió mirar su cáncer "de buenas" y hasta agradecerle la oportunidad "de cerrar una vida plena plenamente".

Por eso, como parte de su proceso de despedida del mundo, de los ciclos que cierra con gratitud y su deseo de transmitir cómo encontró la plenitud y felicidad en su viaje final, acepta compartir estas reflexiones.

"Ojalá todo el mundo pudiera morir como yo"

"Hace unos días sufrí convulsiones. Eso es, literal, como resetear el cerebro.

Se generó mucha tensión por la urgencia, por intentar darme unos días más de vida con calidad y poder seguirme despidiendo, pero nunca se contempló que me metieran en la UCI, ni que me intubaran ni nada de esas cosas.

Fui muy enfática desde el principio con que no quería estar en el hospital. Es algo que mi papá, mis médicos y mi esposo tenían muy claro.

Así que estoy en mi casa, viviendo un proceso muy lindo de despedida.

Siento mucha fortuna de celebrar en vida mi propio funeral. La gente viene, cuenta historias, recordamos momentos.

Es algo que le desearía a todo el mundo. Si fuera posible, me encantaría que la gente muera como yo: muy feliz, muy amada, con tranquilidad, paz. Es muy especial".

Tatiana Andia, sonriente durante una reunión con allegados.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,Desde que recibió su diagnóstico, Tatiana Andia eligió vivir al máximo y no postrarse ante medicamentos agresivos que no considera útiles para su enfermedad.

"No creo que nadie viene a la Tierra a sufrir"

Desde el principio tuve claro que no quería cosas que me hicieran sufrir: nada de quimio o tratamientos agresivos.

No creo que nadie viene a la Tierra a sufrir. Nunca fue mi filosofía de vida.

Tenía un gran amigo con quien trabajé en temas de salud muchos años y que me dejó una lección de vida.

Le dio un cáncer horrible en el esófago y la forma en que reaccionó fue muy paradójica.

Siempre habíamos discutido mucho sobre el costo-beneficio de los tratamientos contra el cáncer y cuánta calidad de vida estaríamos dispuestos a sacrificar.

Él, siempre un tipo muy liberal y progresista, había dicho que no quería que le hicieran nada.

Pero cuando le llegó el cáncer no sé qué le entró. Se angustió de no haber podido completar sus cosas. Pienso que tuvo la sensación de dejarse asuntos de vida incumplidos.

De repente se dispuso a que le hicieran lo que fuera. Se sometió a cosas horribles.

Murió muy rápido, como en seis meses. Pero fueron seis meses de infamia, de tortura".

Tatiana Andia junto a familiares y amigos.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,"Mi padre, mi esposo, mis familiares y amigos, todos son mis fans", dice Tatiana Andia sobre el camino que eligió para enfrentar su cáncer.

Fue una lección vital para mí y los que lo vivimos cerca.

Estaría viva el tiempo que tuviera que estar, pero sin que se convirtiera en una tortura.

Mis líneas rojas, lo que estaba dispuesta o no a hacer, fueron muy importantes para mí porque los médicos pueden ser muy insistentes.

Tienen el instinto de salvarlo a uno y ofrecer alternativas y recomendaciones.

Ahora que me dieron las convulsiones me habría parecido inhumano que me intubaran o me metieran en la UCI.

Pero claro, llega un momento en que aparecen grises en la escala, en que ya uno no anticipa las cosas que te pueden suceder o lo que te van a ofrecer para ayudarte.

"No quiero extender por extender mi vida"

Algunos de mis oncólogos, con quienes he tenido una relación muy especial, han cambiado de perspectiva y se han dado cuenta de lo que puede pasar del otro lado, el del paciente.

Lo valoro mucho porque es fácil decir que hay que ser empático y ponerse del otro lado, pero una cosa es decirlo y otra hacerlo.

Al desarrollar esa relación especial con ellos, me ofrecieron alternativas dentro mis parámetros para dar un poco más de mí.

Y entonces uno pasa a otro plano. Reconoce las alternativas, las acepta, pero no dejas de preguntarte: '¿qué tanto las quiero?', '¿por cuánto tiempo?', ¿para qué quiero ese tiempo'?

Hay un mantra en salud que es extender la vida a toda costa, pero pienso que vale la pena detenerse en algún punto y decir: '¿por qué extender si uno no sabe qué va a hacer con ese tiempo extra?'

A mí no me hace falta extender mi vida. No siento deudas. Lo que viví fue lo más pleno posible. Corto, pero sustancioso. Extender por extender no es lo que quiero hacer.

Tatiana Andia frente al mar.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,"Hay un mantra de extender la vida a toda costa, pero pienso que en algún punto hay que detenerse".

Al diagnosticarme, los médicos sí me hablaron de un medicamento que es efectivo durante un año con este cáncer raro de pulmón, con una mutación genética específica que lo hace más agresivo y más rápido en reproducirse.

Antes no existía nada similar y el cáncer de pulmón era muy dramático.

Te diagnosticaban, al poco tiempo morías y no había mucho que ofrecer. Excepto quimio, que es como matar todo.

Mi tratamiento, llamado terapia dirigida, se pega a la mutación, a la rápida reproducción de células, y la detiene por un tiempo.

Es poco tóxico, sin efectos adversos. Se toma en casa, oral, una pastilla al día.

Salvo una acné juvenil y algunos problemas de estómago, brinda una buena calidad de vida que me permitió viajar, interactuar, bailar, brincar.

Me dijeron que en promedio duraba un año, aunque también me hablaron de pacientes que habían durado hasta ocho.

Tatiana Andia, en Italia junto a su esposo.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,Los controles de Tatiana Andia eran cada tres meses. Así que decidió ser feliz cada ese espacio de tiempo, con la compañía de su esposo.

Me mentalicé para un año y para los controles que me hacían cada tres meses.

'Mira, voy a vivir de tres meses en tres meses y haremos todo lo que se pueda hacer cada tres meses para ser lo más felices posibles', le dije a mi esposo.

Entonces comenzamos a viajar, fuimos a Italia, hicimos muchos periplos, recorridos para ver amigos, gente que amamos.

Limpiamos nuestra vida de todo el exceso de basura, de la pendejadas y cosas insulsas que uno hace por estúpido.

Soy profesora, me gusta enseñar, y eso también me dio vida y frutos en este tiempo.

"Mis familiares son mis primeros fans"

Nadie en mi familia se opuso a mi decisión de no someterme a tratamientos agresivos.

Mi papá es médico y, aunque su instinto natural es salvar vidas, también es muy humano. Habíamos discutido mucho estas cuestiones.

Tiene una visión muy holística de la medicina, liberal, progresista.

Siempre fue respetuoso con mi decisión, aunque tampoco significa que no me contraargumentara si no estaba de acuerdo con algo. Al final, mi padre es un gran fan mío, admirador de mi capacidad de tomar mis decisiones con argumentos.

Tatiana Andia junto a su padre.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,El padre de Tatiana Andia, médico, conversa frecuentemente con su hija sobre lo que está experimentando en estos últimos días.

El apoyo de mi familia ha sido excepcional y, de nuevo, soy muy afortunada por la familia que me tocó tener. Tienen personalidades distintas, unos más receptivos que otros, pero siempre me apoyaron.

Repito, no significa que no me contraargumenten.

Mi tía, la hermana de mi madre, por ejemplo, con ese instinto de madre que tiene porque mi mamá ya no está, me dice que todavía me falta un "hervor" antes de morir.

Algo le dice que no me puedo adelantar ni atrasar en mi muerte.

Lo que vivo con mi familia es una retroalimentación amorosa, muy linda, que aprecio y sé recibir.

"Mi cáncer me ha dado una oportunidad única"

Como todo en la vida, el cáncer puede tener una dimensión positiva.

En mi caso, la apertura de hacerme muchas preguntas que he intentado responder en mis columnas.

Es una oportunidad única de cerrar una vida plena plenamente, que es lo que siento que me está pasando ahora.

Es un cáncer, no un accidente. Cualquier día uno se puede accidentar, te atropella un carro, y desconozco si en ese caso uno estaría listo para morir.

Tatiana Andia, sonriente y pasándolo bien.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,Tatiana Andia siente que este cáncer le ha dado la oportunidad de prepararse bien para morir.

El cáncer me permitió cerrar, despedirme, disfrutar, ponderar la vida, ver si cumplí mis proyectos.

Y, además, me lo permitió hacer con una calidad de vida bastante importante durante un tiempo prudencial.

Un año es harto tiempo para vivir feliz.

Uno podría enmarcar esta experiencia con otros ojos, de malas, pero yo me he sentido muy de buenas en todo.

Los recuerdos de los últimos días

Según se acerca el final, mi cerebro hace conexiones inusuales.

Mientras cuento esto tengo la sensación de estar aquí, pero también fuera. Me pasa mientras interactúo, pero también cuando estoy sola, en silencio.

Siento que estoy en varios sitios, que tengo conversaciones simultáneas.

Me pasa mucho, cuando dormito, que alucino con conversaciones no verbales, sino existenciales, donde me despido de gente, de momentos, y cierro ciclos.

No sé si esto sería disfrutable para todo el mundo. Al comienzo no era chévere porque sentía energías que jalaban, extrasensoriales, que podían ser angustiosas.

Tatiana Andia, a la derecha, cuando era niña.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,UnaTatiana Andia de niña, a la derecha, con un perrito de peluche que todavía la acompaña.

Hablaba con mi padre que me frustra que haya pocos registros existenciales o clínicos sobre esto que me pasa.

Entiendo que la gente se muere y no se pone a registrar cómo se siente morir.

Por eso hago el esfuerzo de transmitir esto, decirle a mi padre que anote todo porque me parece útil para otros que lo experimenten y no encuentren herramientas.

En los últimos días también se recuerda mucho la infancia, cuando era pequeña, muy chiquita.

Precisamente, un día después de las convulsiones, sin convocarles, me visitó gente de aquella época, amigos del jardín infantil.

Muchos ni siquiera sabían que había sufrido las convulsiones. Resulta que toda la tarde se trató de eso, de mi infancia.

En este proceso de muerte tranquila, en mi casa, hay momentos de recorrido, de ponerle un ribón a la vida.

Cuando no esté...

Tatiana Andia frente al mar.

Fuente de la imagen,Cortesía

Pie de foto,"Cuando me vaya, siento que estaré igual 'jalándole las patas' a quien le cueste ser feliz".

He pensado en el momento en que no esté.

Por una parte, en cómo facilitar el duelo de la gente que amo.

Empecé a escribir columnas para eso, para que mi 'viejo', mis hermanos, mi marido y demás seres amados comprendieran cómo transitar esto juntos, en vida, antes de que muera.

Pienso que la gente pospone esa vaina hasta el final y se puede hacer desde antes.

En general, la sensación de ahora, de mi entorno y mi círculo es que ese duelo será mucho más fácil porque recorrimos este camino juntos.

Hacer duelo en vida es lindo y más amoroso porque uno está más acompañado.

Uno también puede sentir miedo a perderse algo, aunque creo que no haber tenido hijos, no tener ese amor, me liberó mucho de ese miedo.

Pienso que ese es el temor que alguien de mi edad sentiría como el peor si estuvieran en mi situación.

Aunque si te digo la verdad, no he sentido como grave pensar en las cosas que me voy a perder.

Tengo la sensación de que estaré igual, jalándole las patas de alguna forma a todo ser querido que le esté costando ser feliz cuando ya no esté".



https://www.bbc.com/mundo/articles/cy8xq0v8813o