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lunes, 5 de agosto de 2024

Ekaitz Cancela: “América Latina es la vanguardia tecnológica frente al modelo de Silicon Valley”

 El investigador vasco presenta en México su libro ‘Utopías digitales’, un detallado análisis sobre los problemas del capitalismo tecnológico y una defensa de sus posibles alternativas

Ekaitz Cancela en Ciudad de México. Ana Chirino

Elena San José                               México - 05 AGO 2024 -

Dice el investigador Ekaitz Cancela (País Vasco, 31 años) que el debate en torno a la tecnología es mucho más “potente” en Argentina que en Europa, donde se están haciendo cosas menos interesantes. En este país del cono sur aterrizó hace tres meses con su último libo, Utopías digitales, y la editorial cooperativa donde lo publica, Verso Libros (hermanada a la anglosajona Verso Books), que comienza a distribuirse por el resto de los países del continente, entre ellos México, donde acaba de presentar su texto. Con este nuevo sello, dice, tratan de romper el foco norte-sur y de servir de punto de encuentro y coordinación para mucha gente crítica que ahora está dispersa. “Queremos entrar en los debates que están teniendo lugar en América Latina”, afirma.

En el libro arroja algunos datos reveladores como este: “Antes de 2012, Google, Microsoft, Facebook y Amazon apenas explotaban el 10% de la fibra óptica submarina mundial. Ahora, esta cifra es del 66%”. O este otro: “Dos centros de datos consumen 525 metros cúbicos de agua potable por hora, el equivalente a 28.000 hogares de cuatro personas”. Frente a este modelo, altamente costoso en términos energéticos y muy desigual en términos económicos, dice, se puede construir un futuro alternativo donde infraestructuras, códigos y algoritmos estén al servicio del bien común. Con eso en mente, Cancela recorre detalladamente las experiencias del último siglo a lo largo del globo, y va encontrando en ellas ejemplos a seguir y modelos que rechazar.

Pregunta. Vivimos una década de gran repolitización, pero la tecnología ha quedado un poco fuera de la disputa. ¿Qué ha pasado?

Respuesta. Fue bastante curiosa la forma en la que llegamos acá. Tanto en el [movimiento] 15M como en los momentos previos, la tecnología y el movimiento hacker tuvieron un rol central. Había blogs alojados en infraestructuras que no son de Amazon, ni de Microsoft, ni de Google, y creo que la crisis de 2008 lleva al carajo todo eso. Toda la gente que se estaba organizando para crear un internet distinto va directamente a parar desahucios, porque nuestras preocupaciones más inmediatas son mantener la vivienda y una vida digna. Y esto ocurre de manera paralela al gran cambio de 2008: caen los banqueros, llegan los CEO de Silicon Valley. Salen las finanzas, entran las tecnológicas. El capitalismo se renueva.

P. ¿Esos hackers no han vuelto a ocupar esos espacios? ¿Se ha perdido el terreno abonado?

R. Siguen existiendo, están en departamentos universitarios organizándose con matemáticos o científicos de datos para crear modelos de inteligencia artificial que resuelvan problemas específicos, pero siguen siendo muy marginales. Ese ejército de hackers ahora es más mayor, tiene familia y tiene otras preocupaciones, más allá de hackear el sistema. Han salido de alguna forma del imaginario de los movimientos sociales del siglo XXI, y creo que es un gran error.

P. En la primera parte del libro se centra mucho en la cuestión material. ¿Hemos caído en la trampa de pensar en la tecnología como una cosa abstracta, y no como algo profundamente ligado a empresas y materiales concretos?

R. Forma parte de la hegemonía cultural de Silicon Valley, que ha conseguido identificar todo el progreso tecnológico con sus tecnologías privadas. Hay siempre una materialidad detrás de la nube, y la inteligencia artificial tiene un enorme coste para el planeta. ¿Qué va a pasar cuando buena parte de los Estados requieran estos modelos? ¿Cuál va a ser el consumo hídrico y energético? Quizá tenemos que pensar en desarrollar otro tipo de tecnología, con el decrecimiento en mente, donde no todo sea controlar a los usuarios o darle una inteligencia artificial a una persona para que haga sus deberes.

P. ¿Cómo se hace pedagogía sobre la necesidad de decrecimiento tecnológico en la sociedad de la hiperconexión?

R. El camino se hace al andar. Creo que lo más importante es que los Estados empiecen a liderar estrategias de transformación justas y basadas en la soberanía tecnológica. Tenemos que crear tecnologías sencillas que permitan a la gente, como hicieron en Barcelona, tomar decisiones sobre sus presupuestos. Los Estados, en alianza con la sociedad civil, tienen que construir alternativas: por ejemplo, cómo le damos las infraestructuras a los sindicatos de vivienda en lugar de a Airbnb. Cuando permites que la gente utilice las tecnologías en su día a día y ven que les ayuda a hacer aquello que más les gusta, la pedagogía se hace sola.

P. Le otorga un papel predominante a las organizaciones civiles frente al Estado, que actúa más como facilitador. ¿Es realista, teniendo en cuenta el tamaño de las empresas tecnológicas con las que compiten?

R. Ahí es donde los Estados tienen que llevar a cabo políticas tecnológicas decididas y no hacerlo de manera solitaria, sino en bloque. América Latina es un buen ejemplo. Imagina que Brasil, Chile, México y Colombia se ponen de acuerdo para crear una ley que haga a las grandes tecnológicas pagar por los datos de sus ciudadanos. Al fin y al cabo están construyendo sus servicios y están ganando cantidades ingentes de dinero con datos de personas que les han votado.

O puedes implementar políticas para que, cada vez que una empresa estadounidense o china extraiga datos en un territorio, deje una copia allí para que ese territorio, que no tiene dinero ni datos, los pueda usar para crear infraestructuras para los movimientos. Cuando los Estados se dan cuenta de que tienen una labor central a la hora de decidir sobre la economía digital, pueden diseñar todo tipo de políticas para mejorar el poder de la sociedad civil.

P. Habría que combinar una comunidad global en cuanto al flujo de conocimiento, entonces, y comunidades locales y autosuficientes en cuanto a sus aplicaciones.

R. Sí, es una buena metáfora. Hay que entender que los otros pueden desarrollar técnica, que no es necesario que un CEO en un garaje en Palo Alto nos traiga las aplicaciones tecnológicas, que es una visión casi extremadamente colonial. En Argentina, en los años 70, las universitarias de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA crearon un modelo de cálculo para mejorar los procesos que se estaban dando a nivel económico. Eso es un ejemplo y ya ocurre en los 70, que ni siquiera había el desarrollo informático de ahora.

P. Además de Argentina, en el libro menciona experimentos de Brasil y Chile. ¿El futuro alternativo vendrá del Sur global? ¿Cuál es el papel de América Latina?

R. Creo que los de América Latina son los únicos países que, mediante una acción colaborativa en el ámbito tecnológico, pueden hacer girar el sentido común global. Precisamente por haber estado fuera del marco capitalista —lo han estado porque su subdesarrollo era imprescindible para el desarrollo del Centro—, tenemos que retomar esas experiencias que no han asumido, como buena parte de los países europeos, que la única alternativa es Silicon Valley.

Creo que pueden hacer girar a países europeos y a la deriva que están teniendo India o China con sus modelos, que son extremadamente autoritarios. El hecho de que existan alternativas regionales a Silicon Valley convierte a América Latina en un bloque de vanguardia y de innovación democrática, que es lo que tendría que ser Europa.

P. ¿Qué tendría que pasar para que eso fuera posible o por qué no se ha producido todavía ese tipo de colaboración regional en materia tecnológica?

R. Creo que no está sucediendo porque buena parte de los líderes políticos de estos países están siendo incapaces de trasladar o tener visiones estratégicas. Un país que estaba muy bien posicionado para esto es Argentina, que incluso tenía un departamento de prospección dentro de Presidencia, pero sus prioridades políticas no han sido las tecnológicas. México tiene algo más de visión. Puedo intuir que va a lanzar, con la nueva presidenta, algunas de las iniciativas más interesantes que se puedan ver en materia de soberanía tecnológica, pero que haya ciertas alianzas con otros países del sur es una cuestión diplomática de primer nivel.

P. ¿Qué tipo de iniciativas cree que pondrá en marcha Sheinbaum?

R. Creo que va a entender el potencial que tienen algunas infraestructuras como los satélites a la hora de mejorar la conectividad, y que también va a entender que son necesarias algunas plataformas al servicio del Estado, por ejemplo, que ayuden a digitalizar los sistemas sanitarios de manera que se promueva su carácter público y no su privatización. No estoy seguro de que vaya a ser capaz de entender el potencial de las tecnologías como dispositivos culturales.

Si uno de los éxitos de López Obrador fue elevar el nivel de conciencia, creo que hay que empezar a pensar en qué infraestructuras hay para que la gente joven no solo participe en la política sino en la vida pública: para que músicos, artistas e ingenieros se puedan involucrar en los procesos de desarrollo nacional. Si el Gobierno es ambicioso, va a estar en una buena posición para lanzarle un mensaje a América Latina y al resto del mundo.

P. Si el Gobierno de Sheinbaum se planteara hacer frente a todos estos retos tecnológicos, ¿cuál sería, en su opinión, la primera política que debería implementar?

R. Lo primero que haría sería plantear un modelo de inteligencia artificial distinto, no entrenado con grandes cantidades de datos de todo el planeta y que necesita enormes costes energéticos y de agua, sino que sea mucho más artesana y sofisticada, entrenada con datos de altísima calidad que permita a las universidades como la UNAM, que es una de las grandes universidades públicas del mundo, tener una alternativa a Google Scholar. Demostrar que se pueden establecer plataformas nacionales para que las universidades sean los agentes de innovación y no solo la empresa. Y que eso sirva como una pendiente resbaladiza para problematizar otras políticas.

viernes, 22 de mayo de 2020

La historia de Yahoo





jueves, 21 de mayo de 2020

Por qué la Radio no muere y cómo se reinventa ante nuevas tecnologías | Juanita Kremer




Computación Cuántica: Para qué sirve y cómo podría cambiar el mundo





martes, 12 de mayo de 2020

Un año dentro de la monumental campaña de Trump en Facebook



Mientras los candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos dedicaban 2019 a pelearse entre ellos en los estados donde se celebran las primeras elecciones internas, la campaña para la reelección de Donald Trump levantaba una compleja maquinaria para afinar sus mensajes, ampliar su lista de correo y, en definitiva, llegar a su público de votantes conservadores.
Para lograrlo ha gastado ya casi 20 millones de dólares en más de 218.000 anuncios en Facebook. The Guardian ha analizado esa publicidad y ha descubierto que entre esos anuncios se incluyen algunas de las imágenes y vídeos que llegaron a los titulares por su retórica xenófoba, incitadora, vitriólica y llena de mentiras.
Pero la campaña también ha hecho algo mucho más simple. Una campaña normal y corriente propia del marketing más convencional diseñada para recoger datos personales. Considerando que la campaña ha lanzado continuamente estos anuncios –sin apenas mensaje y aparentemente diseñados para conseguir interacciones a solicitudes muy simples–, probablemente han sido muy efectivos.
La habilidad de Trump en el uso de Facebook asusta a los demócratas. El responsable de la primera campaña digital del ahora presidente allá en 2016, Brad Parscale, presume de lo sofisticado de su operación en Facebook y y ha sido ascendido a director de campaña para 2020. "Todo gira en torno a la recolección de datos", señala Parscale a The Guardian. "Si llegamos a ti por la vía digital, queremos saber quién eres y cómo piensas e incluirte en nuestras bases de datos de modo que podamos seguir modelándolo, así como aprender y comprender lo que sucede".
Con el objetivo de entender el modo en que Trump se comunica con los estadounidenses a través de Facebook de cara al ciclo electoral de 2020, este medio ha creado una base de datos de 218.000 anuncios lanzados por la campaña de Trump a lo largo de 2019. Los hemos encontrado a través de API, el instrumento que programa y archiva los anuncios políticos de Facebook. Hemos realizado el análisis más amplio de la campaña en Facebook para la reelección de Trump que se haya hecho hasta el momento.
En Facebook, Trump gasta mucho más que sus rivales demócratas. El candidato demócrata que más ha gastado, Tom Steyer, pagó 16,8 millones de dólares por 12.704 anuncios en Facebook en un solo año. Quien fuera alcalde de South Bend (Indiana), Pete Buttigieg, fue quien más se acercó a Trump en volumen de anuncios. Lanzó 74.286 diferentes.




El más exitoso de los cientos de miles de anuncios en Facebook de la campaña de Trump en 2019 fue, con diferencia, el más aburrido. Su texto dice "participa en la encuesta índice de aprobación oficial" sobre un retrato de Trump. "Por favor, participa en la encuesta sobre el índice de aprobación oficial antes de las 23.59 de esta noche para que tu voto cuente".
Esa "encuesta oficial sobre la aprobación [del presidente]" envía una "encuesta sobre el desempeño del cargo" diseñada para recopilar direcciones de correo electrónico. El formato –dos frases sobre una serie de retratos de Trump– recibió casi 49 millones de impresiones, la unidad en la que se mide el número de veces que se muestra un determinado anuncio a los usuarios finales. La campaña envió 3.578 versiones diferentes del mismo señuelo, todas con la misma hora de entrega "antes de las 23.59 de ese mismo día" entre octubre y diciembre.
Imagen del anuncio de Trump promoviendo una encuesta.
Imagen del anuncio de Trump promoviendo una encuesta.
Cualquier análisis que se haga de los anuncios en Facebook es limitado. Es solo uno de los instrumentos en juego en una campaña política. Lo que funciona en Facebook no tiene porqué significar nada más que eso: que funciona en Facebook. Los datos que Facebook proporciona a través de API son escasos. Aunque las campañas tengan en cuenta cientos de factores diferentes a la hora de seleccionar los grupos de votantes a los que se dirigen con un anuncio en concreto, Facebook sólo ofrece a investigadores y periodistas los datos generales de cortes etarios y de género y localización en los que las campañas han funcionado bien. Por ejemplo, que un determinado anuncio recibió el 17% del total de impresiones de hombres entre 45 y 54 años y el 22% fue en Texas.
Facebook también proporciona la información sobre gasto e impresiones de cada anuncio en rangos más o menos amplios. Por ejemplo, que 158.909 anuncios (el 72%) de los lanzados por la campaña de Trump los vio una cantidad de personas que va de cero a 999. Eso significa que el agregado de esos anuncios pudo recibir entre cero y 158 millones de impresiones.
Facebook tampoco ha puesto fácil que se analice el elemento "creativo" de los anuncios políticos. Los anuncios se construyen del mismo modo que las publicaciones de los usuarios normales. Incluyen un bloque de texto sobre un vídeo o foto y un link a otra página. La API nos permitió descargar el texto de los 218.000 anuncios de la campaña de Trump, pero no las fotos ni los vídeos, que sólo pueden verse en sus direcciones originales que Facebook entrega en un formato que requiere una clave de acceso externa y aleatoria. Al tratarse de 218.000 anuncios, superaba nuestra capacidad técnica.
Pese a eso, el análisis nos ofrece información sobre los mensajes en los que la campaña de Trump ha decidido gastar dinero y qué es lo que hace que sus votantes hagan click.
Anuncios de Trump promoviendo la compra de merchandising.
Anuncios de Trump promoviendo la compra de merchandising.

Un año de anuncios en Facebook

La campaña de Trump gastó 19,4 millones de dólares en 218.100 anuncios de Facebook que se vieron entre 633 y 1.300 millones de veces.
Eso no significa que hayan desarrollado 218.000 mensajes diferentes. Al igual que hicieron con la "encuesta sobre el desempeño del cargo", lo que hicieron fue generar cientos de variaciones marginales de un determinado número de anuncios. Hemos encontrado hasta 1.840 versiones del texto de un solo anuncio del que la campaña lanzó 3.000 versiones.
Algunas veces, las variaciones dentro de un tramo de publicidad son visibles (por ejemplo cuando cambian la foto o el vídeo que acompañan al texto), pero otras veces eso no sucede y lo único que varía es la segmentación del público que se elige como consumidor final del contenido.
Aunque los anuncios se publicaron durante todo el año, se registró un claro incremento en otoño, cuando comenzó la investigación del impeachment que acabó este miércoles con la absolución del presidente. El día que más dinero se gastó en Facebook, el viernes 27 de septiembre, la cuenta ascendió a 317.362 dólares –fue el día siguiente a que se hiciera pública la denuncia de un informante anónimo sobre las presiones a Ucrania–. El segundo y tercer días de mayor gasto fueron el 20 y el 21 de diciembre respectivamente, viernes y sábado tras la aprobación del impeachment en la Cámara de representantes. El cuatro día fue el 14 de noviembre, un día después de que comenzaran las comparecencias en la Cámara de Representantes.

Temas y enemigos

Si uno tratara de deducir los temas más importantes para el votante estadounidense a partir de los anuncios de Facebook, llegaría a la conclusión de que lo que más relevancia tiene no es el sistema de salud (como muestran una y otra vez todas las encuestas), sino las supuestas manipulaciones de los medios de comunicación y sus "noticias falsas". El 18,25% de todos los anuncios publicados en 2019 hacen referencia a los medios. En segundo lugar está la inmigración y el muro fronterizo, sus temas estrella. Por detrás aparece el impeachment, la economía, las leyes respecto a la tenencia de armas y el Tribunal Supremo.


Las políticas públicas e iniciativas concretas aparecen con menos frecuencia. La campaña lanzó alguna serie de anuncios sobre temas como la ley del "primer paso", referente a la reinserción de personas condenadas a penas de prisión, la posibilidad de elegir seguros médicos o, sorprendentemente, la crueldad con los animales. Ningún anunció mencionó el medioambiente ni la crisis climática.
Anuncio de Trump contra el maltrato de animales.
Anuncio de Trump contra el maltrato de animales.
Sus enemigos políticos y las veces que se siente atacado aparecen habitualmente en sus anuncios. La expresión "caza de brujas" (contra Trump, se entiende) se usa diez veces más que la palabra terrorismo y hay casi tantos anuncios advirtiendo sobre los peligros del "socialismo" como anuncios sobre sus propios planes económicos y comerciales.
Muchos anuncios se dirigen a rivales concretos por su nombre. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, es la más citada y atacada. Tras ella, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer; el preside del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam Schiff; y como no, las "mujeres del saco" –las congresistas Alexandria Ocasio-Cortez e Ilhan Omar–.
Una cantidad relativamente reducida de anuncios menciona a sus potenciales oponentes de cara a las elecciones de 2020: Elizabeth Warren, Joe Biden, Bernie Sanders y Beto O’Rourke. A Warren es a quien más se refiere y antes lo hace, con dos versiones, una de ellas con el nombre de Pocahontas mal escrito.


Los estadounidenses están cada vez más acostumbrados a que Trump utilice un lenguaje de trazo grueso en Twitter y en mítines y su campaña ha introducido en Facebook dosis importantes de esta característica principal.
Además de menospreciar a Warren como "Pocahontas" o "Pocohontas", se refiere también a Bernie Sanders como el "loco Bernie"; a Joe Biden como "Joe el dormilón"; y a Pelosi a menudo la llama "mentirosa" o "fraude". Schiff es "el pequeño Adam Schiff" o "Schifty-Schiff"; el congresista demócrata Al Green, una de las primeras voces que pidió el impeachment es "Al Green de pocas luces"; y los congresistas demócratas son, en general, "los salvajes demócratas que no hacen nada".
Muchos anuncios presentan la voz en off de Trump advirtiendo o metiendo miedo con situaciones absurdas como uno en el que dice que los demócratas "están animando abiertamente a millones de personas sin permisos de residencia" a "destrozar nuestro país". En algunas ocasiones, lo que dice esa voz en off roza la incoherencia. En un vídeo afirma: "Lanzan campañas de caza de brujas, hacen cosas sin sentido, y ¿saben? La gente es más lista que eso y por eso las encuestas dicen que vamos tan bien".
Los anuncios sobre inmigración se apoyan en una retórica especialmente oscura y en imágenes muy concretas. En azuzar el miedo a "una caravana tras otra" de migrantes y en pedir a sus votantes que acudan a las urnas para "deportar a los migrantes".
Un anuncio lanzado justo después de que comenzara la investigación del juicio político utilizaba imágenes de Stalin, Fidel Castro y de un grupo tan marginal como el Partido Comunista Revolucionario quemando una bandera de Estados Unidos para sugerir que los candidatos demócratas están "destruyendo los valores americanos" y sólo hay un hombre que pueda detener el caos. Adivinen. Aparece la cara de Trump recortada sobre el cielo prístino.
Trump campaign.

Click, click, click

Pero no sólo lanza mensajes de pesimismo, melancolía por lo perdido y miedo ante el futuro. Muchos de los anuncios son alegres y propaganda patriótica del tipo que uno esperaría de una tienda de muebles baratos con sus ofertas del 4 de julio, fiesta nacional de EEUU. Puede que ese tipo de anuncios no impacten sobre sus rivales demócratas, pero parece que sirven para recaudar dinero de cara a la reelección.
Los anuncios de Facebook están diseñados para que el usuario actúe en internet. Casi todos están dirigidos a lograr una de estas cuatro acciones: que la gente done dinero, que acuda a un mitin, que compre camisetas, pegatinas, gorras o que entregue su dirección de correo electrónico o su número de teléfono.


Para lograrlo, la campaña parece usar algunas de las técnicas más básicas del marketing para inducir a que la gente presione un tecla. Tenga que ver o no con la política que se le supone a un Presidente de Estados Unidos.
Muchos de esos anuncios que tratan de recoger información personal de los usuarios lo hacen tras alguna forma de concurso. La campaña de Trump lanzó 5.551 anuncios promocionando sorteos de gorras firmadas "La gorra Make America Great Again número un millón" o "la primera gorra Keep America Great". Otros sorteos incluyen incluso una comida con Trump durante alguna de sus giras por el país.
La campaña también ha publicado más de 30.000 anuncios en los que pide a sus partidarios que firme "tarjetas" para la familia Trump. Para el cumpleaños de Donald, para el de Melania, para el día de San Valentín o para Año Nuevo.
Encuestas similares a la del "índice de aprobación de la gestión" del presidente son otra de las formas habituales de hacerse con datos de los usuarios. Se incita a los usuarios a hacer click ante una serie de preguntas muy simples pero que llegan donde tienen que llegar.
1) ¿Votarás por Trump o por un demócrata en 2020?
2) Encuesta sobre la rendición de cuentas en el New York Times.
3) Encuesta sobre censura.
4) ¿Debe abrirse un juicio político contra Trump?
5) Garantizar la seguridad de las fronteras. Sí o No
6) Encuesta sobre socialismo del presidente Trump.
7) ¿Son los medios justos con el presidente?
La versión de un juego de Buzzfeed en campaña política lleva a los usuarios a un formulario donde deben introducir sus datos de contacto para que la respuesta quede grabada.
Los anuncios que piden donaciones lo hacen con un lenguaje de urgencia. Muchos incluyen la promesa de que cualquier cifra que se done será "igualada". En diversas ocasiones a lo largo del año, la campaña lanza frases que dicen que si donas una cantidad, alguna institución donará el doble, el triple o hasta el cuádruple o el quíntuple. Suelen incluirse también referencias a "plazos que se cierran" y no tienen ninguna relación con los plazos marcados por las autoridades federales.
Otra estrategia para lograr direcciones de contacto es una petición del propio Trump: "Añade tu nombre" a esta o aquella petición o lista, a menudo con el mensaje de que Trump va a leer esa lista y "ten claro que va a buscar tu nombre". Cuantos más números de teléfono y direcciones de correo recopilen, menos tendrán que confiar en Facebook para llegar a esos votantes.

¿Marca esto la tendencia del futuro?

Lo limitado de los datos que Facebook proporciona imposibilita saber el nivel de sofisticación de la campaña de Trump a la hora de seleccionar quienes ven sus anuncios.
Una pequeña y concreta serie de anuncios lanzada a finales de 2019 reflejan el tipo de campaña agresiva contra los rivales. Entre el 22 y el 29 de diciembre la campaña de Trump publicó anuncios contra 10 congresistas. Con sus nombres, en sus estados y probablemente en sus circunscripciones. Los 10 fueron elegidos para sus cargos por primera vez en 2018 en distritos que en la convocatoria electoral anterior habían votado por Trump. Este era el mensaje: Si tu representante vota a favor del impeachment, estará "anulando tu voto".
La inversión de campaña en esos anuncios fue relativamente pequeña, apenas 20.000 dólares. Pero en cada uno de esos 10 distritos del Congreso los vieron 20.000 personas. Muchas más de las necesarias para invertir el resultado del voto de reelección de esos representantes en 2018.

¿Puede Facebook marcar la diferencia?

El contraste entre los anuncios de campaña de Trump y los de los candidatos demócratas es muy fuerte. Los mensajes de los demócratas se centran en otros temas. En la atención sanitaria, el cambio climático, el precio de la universidad y otros temas de especial importancia para las vidas de los votantes. Normalmente tratan de convencer y no de inflamar los sentimientos.
El único candidato cuya campaña en Facebook podría compararse a la de Trump es Mike Bloomberg, el exalcalde de Nueva York. Tras anunciar que se presentaba a finales de noviembre, el multimillonario invirtió de inmediato en una campaña masiva de Facebook y gastó más de seis millones de dólares en 16,620 anuncios que lograron más impresiones (más de 500 millones) que todos sus rivales demócratas juntos en un año entero.
La campaña de Bloomberg parece reproducir algunas de las técnicas de Trump. Lanzan cientos de pequeñas variaciones de anuncios muy similares que tratan de despertar sentimientos contra el presidente Donald Trump. En enero comenzó con una serie de anuncios que muestran fotos de animales adorables en peligro.
Aún está por demostrar si estos trucos pueden llevar a la victoria. Pero varios ejecutivos con responsabilidad en la gestión de anuncios en Facebook creen que fueron un factor determinante en la victoria de 2016.
Uno de ellos, Andrew Bostwroth, se preguntaba en un informe interno que acabó filtrado: "¿Fue responsable Facebook de que Donald Trump resultara elegido? Creo que la respuesta es que sí, pero no por los motivos que la gente cree. No fue por Rusia o la desinformación. Ni por Cambridge Analyica. Fue porque gestionó la mejor campaña de anuncios personalizados que he visto nunca. No me cabe duda".
Traducido por Alberto Arce

jueves, 14 de diciembre de 2017

EXCELENTE LIBRO La tercera ola - Alvin Toffler


Título Original: The third wave 
Autor: Alvin Toffler
Editorial: Plaza & Janes S.A.,
Idioma: Español
Fecha de publicación: 1980
ISBN: sin información
Referencia: 4514
Descarga en formato: PDF
Sinopsis
La tercera ola es un libro publicado en 1979 por Alvin Toffler. Con aire futurista, se basa en la historia de la humanidad para describir la configuración que tomará el mundo una vez superada la era industrial, La tercera ola sostiene que, en medio de la ruina y la destrucción, podemos encontrar ahora sorprendentes pruebas de nacimiento y vida de la civilización que está surgiendo sea más sana, razonable y defendible, más decente y democrática que ninguna que hayamos conocido jamás.Sostiene que el mundo no se ha extraviado y que, de hecho, bajo el tumulto y el estrépito de acontecimientos aparentemente desprovistos de sentido, yace una sorprendente pauta, potencialmente llena de esperanza.
Acerca del autor
Alvin Toffler (Nueva York, 3 de octubre de 1928) es un escritor y futurista estadounidense doctorado en Letras, Leyes y Ciencia, conocido por sus discusiones acerca de la revolución digital, la revolución de las comunicaciones y la singularidad tecnológica. Sus primeros trabajos están enfocados a la tecnología y su impacto (a través de efectos como la Sobrecarga informativa). Más tarde se centró en examinar la reacción de la sociedad y los cambios que ésta sufre. Sus últimos trabajos han abordado el estudio del poder creciente del armamento militar del siglo XXI, las armas y la proliferación de la tecnología y el capitalismo. Entre sus publicaciones más famosas se destacan La revolución de la riqueza, El cambio de poderEl shock del futuro y La tercera ola. Está casado con Heidi Toffler, también escritora y futurista, con quien reside en Bel Air, Los Ángeles.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Slavoj Zizek Blade Runner en las tripas posthumanistas

Blade Runner en las tripas posthumanistas
Blade Runner 2049. Sorpresas desagradables. Para Žižek, la película expresa el pasaje
 del capitalismo “humano” a otro incipiente 

Slavoj Zizek
El pensador aborda “Blade Runner 2049” y avizora un futuro inminente y alarmante en el que conviviremos con androides.
¿Cómo se relacionan el capitalismo y la perspectiva de una post-humanidad? Habitualmente se plantea que el capitalismo es (más) histórico y nuestra humanidad, que incluye la diferencia sexual, más básico, hasta ahistórico. Sin embargo, lo que presenciamos hoy es nada menos que un ensayo de integrar el pasaje a la posthumanidad al capitalismo: de esto tratan los esfuerzos de los nuevos gurús multimillonarios como Elon Musk. Su predicción de que el capitalismo “tal como lo conocemos” está llegando a su fin se refiere al capitalismo “humano” y el pasaje del que hablan es el pasaje de lo “humano” al capitalismo posthumano. Blade Runner 2049 aborda este tema; la historia tiene lugar en 2049, cuando los replicantes (humanos creados por bioingeniería) se han integrado a la sociedad como sirvientes y esclavos. K, un modelo de replicante más nuevo, creado para obedecer, funciona como un “blade runner” para el Departamento de Policía de Los Angeles, cazando y “retirando” a los replicantes facciosos de un modelo más antiguo. Su vida familiar transcurre con su novia holográfica Joi, producto de inteligencia artificial de Wallace Corporation. La investigación de K sobre un creciente movimiento libertario de los replicantes lo lleva a una granja, donde encuentra los restos de una replicante que murió en una cesárea de emergencia. A K esto le resulta inquietante dado que se creía que el embarazo era imposible en los replicantes.


Blade Runner en las tripas posthumanistas
Harrison Ford en Blade Runner 2049
¿Por qué entonces el hecho de que dos replicantes (Deckard y Rachael del primer Blade Runner) formaran una pareja sexual y crearan un ser humano al modo humano se experimenta como un acontecimiento tan traumático, festejado por algunos como un milagro y castigado por otros como una amenaza? ¿Tiene que ver con reproducción o con el sexo, es decir con la sexualidad en su forma humana específica? La imagen de la sexualidad en la película sigue siendo la habitual: el acto sexual se muestra desde la perspectiva masculina, de manera que la mujer androide de carne y hueso queda reducida al soporte material de la mujer holograma de fantasía Joi creada para servir al hombre. La película sólo extrapola la tendencia, que ya está en auge, de más y más muñecas de silicona perfectas… o, como dijo Bryan Appleyard: “El amor unidireccional podría ser el único romance del futuro”. La razón del poder que tiene esta tendencia es que en realidad no trae nada nuevo: sólo actualiza el procedimiento masculino típico de reducir a la compañera real a un soporte de su fantasía. La película tampoco explora la diferencia (potencialmente antagónica) en el seno de los androides entre los androides de “carne de verdad” y los androides cuyo cuerpo es sólo una proyección holográfica en 3-D: en la escena de sexo, ¿cómo se relaciona la mujer androide de carne y hueso con el estar reducida a ser soporte material de la fantasía masculina? ¿Por qué no se resiste y la sabotea?
La película ofrece todo un arsenal de modos de explotación, que incluyen a un emprendedor semiilegal que usa el trabajo infantil (cientos de huérfanos humanos) para buscar viejas máquinas digitales. Desde el punto de vista marxista tradicional, aquí surgen preguntas extrañas: si los androides fabricados funcionan, ¿la explotación opera aquí también?, ¿su trabajo produce valor que excede su propio valor como materia prima de modo que sus dueños pueden apropiarse de él como plusvalía? Uno debería señalar que la idea de aumentar las capacidades humanas para crear trabajadores o soldados posthumanos perfectos tiene una larga historia en el siglo XX. A fines de la década de 1920, nada menos que Stalin durante algún tiempo apoyó financieramente el proyecto del “simio humano” propuesto por el biólogo Ilya Ivanov (seguidor de Bogdanov, blanco de las críticas de Lenin en Materialismo y empiriocriticismo): la idea era que, por medio de la copulación entre humanos y orangutanes, se crearía el trabajador y el soldado perfectos insensibles al dolor, el cansancio y la mala comida. (Con su racismo y sexismo espontáneos, Ivanov, naturalmente, trató de unir a los machos humanos con hembras de simios. Además, los seres humanos que usó eran negros de Congo dado que se suponía que estaban genéticamente más cerca de los simios. El Estado soviético financió una costosa expedición a Congo). Cuando sus experimentos fracasaron, Ivanov fue liquidado. Por otra parte, los nazis también usaban regularmente drogas para aumentar la capacidad de sus soldados de elite y el Ejército estadounidense ahora está experimentando con cambios genéticos y drogas para hacer que los soldados sean súper resistentes (ya tiene pilotos listos para volar y combatir durante 72 horas, etc.).
Llegan los zombis
En el campo de la ficción, uno debería incluir a los zombis en esta lista. Las películas de terror registran las diferencias de clase bajo la forma de la diferencia entre los vampiros y los zombis: los vampiros tienen buenos modales y son exquisitos y aristocráticos, viven entre las personas normales, mientras que los zombis son torpes, inertes, sucios y atacan desde el exterior, como una rebelión primitiva de los excluidos. La ecuación entre los zombis y la clase trabajadora se hizo de manera directa en White Zombie(1931, Victor Halperin), el primer largometraje sobre zombis anterior al código de censura de Hays. En ese film no hay vampiros pero, significativamente, el principal villano que controla a los zombis está interpretado por Bela Lugosi, que se hizo famoso un año después como DráculaWhite Zombie tiene lugar en una plantación en Haití, donde se desarrolló la más famosa rebelión de esclavos. Lugosi recibe a otro dueño de plantaciones y le muestra su fábrica de azúcar donde los trabajadores son zombis que, como rápidamente explica Lugosi, no se quejan de trabajar durante largas horas, no reclaman tener un sindicato, nunca hacen huelga y sólo trabajan y trabajan… Una película como esa fue posible sólo antes de la imposición del Código Hays.
Invirtiendo la fórmula tradicional en la que el héroe, que vive como un tipo común (y piensa que lo es), descubre que es una figura excepcional con una misión especial, aquí K piensa que es la figura especial que todos buscan (el hijo de Deckard y Rachael) pero gradualmente se da cuenta de que es sólo un replicante común obsesionado con una ilusión de grandeza y por eso acaba sacrificándose por Stelline, la verdadera figura excepcional que todos buscan.
La enigmática figura de Stelline es crucial aquí: ella es la hija “verdadera” (humana) de Deckard y Rachael (el resultado de su cópula), lo que significa que es la hija humana de unos replicantes, que invierte el proceso de los replicantes fabricados por los seres humanos. Al vivir en su mundo aislado (imposibilitada de sobrevivir en un espacio abierto lleno de plantas reales y vida animal), condenada a la suprema esterilidad (vestido blanco en una habitación vacía de paredes blancas), su contacto con la vida limitado al universo virtual generado por máquinas digitales, Stelline está en la situación ideal como creadora de sueños (trabaja como contratista independiente, programando recuerdos falsos que se implantarán en los replicantes). Como tal, Stelline ejemplifica la ausencia (o, más bien, la imposibilidad) de la relación sexual, que ella reemplaza con el rico tapiz fantasmático. No es de sorprender que la pareja que se crea al final de la película no sea la pareja sexual tradicional sino la pareja asexual de padre e hija. Es por eso que las últimas tomas de la película resultan tan familiares y tan extrañas al mismo tiempo: K se sacrifica con un gesto como el de Cristo sobre la nieve para crear a la pareja… de padre e hija.
¿Hay poder de redención en este reencuentro? ¿O deberíamos interpretar la fascinación por este reencuentro contra el telón de fondo del sintomático silencio del film sobre los antagonismos sociales entre los seres humanos en la sociedad que representa: dónde se ubican las “clases bajas” humanas? Sin embargo, la película sí muestra muy bien el antagonismo que atraviesa a la elite dirigente en nuestro capitalismo global: el antagonismo entre el Estado y sus aparatos (personificados por Joshi) y las grandes corporaciones (personificadas por Wallace) que buscan el progreso hasta su autodestructivo fin. Aunque Wallace es un ser humano real, ya actúa como inhumano, un androide cegado por un deseo excesivo, mientras que Joshi representa el apartheid, la estricta separación entre humanos y replicantes: su punto de vista es que, si no se sostiene esa separación, habrá guerra y desintegración.
Una mirada marxista
¿No deberíamos entonces complementar, con respecto a Blade Runner 2049, la famosa descripción del Manifiesto comunista, agregando que también “la unidireccionalidad y la intolerancia sexuales se vuelven cada vez más imposibles”, que también en el campo de las prácticas sexuales “todo lo que es sólido se desvanece en el aire, todo lo que es sagrado es profanado”, de modo que el capitalismo tiende a reemplazar la heterosexualidad normativa tradicional por una proliferación de identidades y/u orientaciones inestables y cambiantes? La celebración actual de las “minorías” y los “marginales” ES la posición mayoritaria predominante –hasta los derechistas alternativos que se quejan del terrorismo de la Corrección Política liberal se presentan como protectores de una minoría en peligro–. O fíjense en los detractores del patriarcado que lo atacan como si todavía fuera una posición hegemónica, haciendo caso omiso de lo que escribieron Marx y Engels hace más de 150 años, en el primer capítulo del Manifiesto comunista: “Dondequiera que la burguesía ha logrado la supremacía, ha puesto fin a las relaciones idílicas feudales y patriarcales”. Para no hablar de la perspectiva de nuevas formas de una posthumanidad androide (genética o bioquímicamente manipulada) que hará añicos la separación misma entre lo humano y lo inhumano.
¿Por qué entonces la nueva generación de replicantes no se rebela? Los viejos replicantes se rebelaron porque creían que sus recuerdos eran reales y así pudieron experimentar el distanciamiento de reconocer que no lo eran. Los nuevos replicantes saben desde un principio que sus recuerdos son falsos y por eso nunca se engañan… y de este modo están más esclavizados a la ideología que con la simple ignorancia de su funcionamiento. La nueva generación de replicantes está privada de la ilusión de tener recuerdos auténticos, de todo contenido sustancial de su ser y, por lo tanto, está reducida al vacío de subjetividad, es decir al status proletario puro de substanzlose Subjektivitaet. ¿El hecho de que no se rebelen significa entonces que la rebelión debe ser sostenida por algún contenido sustancial mínimo amenazado por el poder opresivo?
K monta un accidente falso para hacer que Deckard desaparezca no sólo de la vista del Estado y el capital (Wallace) sino también de la vista de los rebeldes replicantes (que son dirigidos por una mujer, Freysa, nombre que obviamente es un eco de libertad, Freiheit, en alemán). Si bien uno puede justificar su decisión por el hecho de que Freysa también quiere que Deckard muera (para que Wallace no pueda descubrir el secreto de la reproducción replicante) –tanto el aparato del Estado (encarnado por Joshi) como los revolucionarios (encarnados por Freysa) quieren a Deckard muerte–, la decisión de K de todos modos da a la historia un giro conservador-humanista: trata de dejar el dominio de la familia fuera del conflicto social clave al presentar a ambas partes como igualmente brutales. Este no tomar partido delata la falsedad de la película: es demasiado humanista, en el sentido de que todo circula en torno de los seres humanos y los que quieren ser (tomados como) humanos o aquellos que no saben que no son humanos. (¿Acaso no es resultado de la biogenética que nosotros –seres humanos “comunes”– en la práctica seamos eso, humanos que no saben que son humanos, es decir, máquinas neuronales con conciencia de sí?) El mensaje humanista implícito de la película es el de la tolerancia liberal: deberíamos dar a los androides con sentimientos humanos (amor, etc.) derechos humanos, amenazarlos como seres humanos, incorporarlos a nuestro universo… ¿pero con su llegada nuestro universo seguirá siendo nuestro, seguirá siendo el mismo universo humano? Lo que está ausente es toda consideración del cambio que significará la llegada de androides con conciencia para el status de los seres humanos mismos: los humanos ya no seremos humanos en el sentido habitual, surgirá algo nuevo y ¿cómo se lo definirá? (Además, con respecto a la distinción entre androides con cuerpo real y androides hologramas: ¿hasta dónde debería extenderse nuestro reconocimiento? ¿Los replicantes hologramas con sentimientos y conciencia (como Joi, que fue creada para servir y satisfacer a K) deberían ser reconocidos como entidades que actúan como humanos? Deberíamos tener presente que Joi, ontológicamente un simple replicante holograma sin cuerpo real propio, comete en la película el acto radical de sacrificarse por K, acto para el cual no estaba programado (o programada).
El evitar esto Nuevo sólo deja la opción de un sentimiento nostálgico de amenaza (la esfera “privada” amenazada de la reproducción sexual), y esta falsedad está inscripta en la forma (visual y narrativa) misma de la película en la cual vuelve lo reprimido de su contenido: no en el sentido de que la forma es más progresista sino en el sentido de que la forma sirve para confundir el potencial anticapitalista progresista de la historia. El ritmo lento con imágenes estetizadas expresa directamente la postura social de no tomar partido, de una deriva pasiva.
Cuando se debate la pregunta de “¿los androides han de ser tratados como humanos?”, el foco suele estar en la conciencia: ¿tienen vida interior? (Aun cuando sus recuerdos estén programados e implantados, de todos modos pueden experimentarlos como auténticos). No obstante, quizá deberíamos cambiar el foco de la conciencia al inconsciente: ¿tienen un inconsciente en el sentido freudiano? El inconsciente no es una dimensión irracional más profunda sino lo que Lacan habría llamado la “otra escena” virtual que acompaña el contenido consciente del sujeto. Tomemos un ejemplo quizá inesperado. Recuerden el famoso chiste de Nintotchka de Lubitsch: “‘¡Mozo! ¡Una taza de café sin crema, por favor!’. ‘Lo siento, señor, no tenemos crema, sólo leche’. ‘¿Puede ser entonces un café sin leche?’”.
En el nivel fáctico, el café sigue siendo el mismo, pero lo que podemos cambiar es hacer que el café sin crema sea café sin leche… o, más simplemente aún, agregar la negación implícita y convertir el café solo en café sin leche. La diferencia entre “café solo” y “café sin leche” es puramente virtual, no hay diferencia en la taza de café real y exactamente lo mismo vale para el inconsciente freudiano: su estatus es también puramente virtual, no es una realidad psíquica “más profunda”. En suma, el inconsciente es como la “leche” en el “café sin leche”. Y ese es el problema: ¿El gran Otro digital que nos conoce más de lo que nos conocemos nosotros puede también discernir la diferencia entre el “café solo” y el “café sin leche”? ¿O la esfera contrafáctica está fuera del ámbito del gran Otro digital que se limita a los hechos de nuestro cerebro y los entornos sociales de los que no somos conscientes? La diferencia de la que aquí nos ocupamos es la diferencia entre los hechos “inconscientes” (neuronales, sociales…) que nos determinan y el “inconsciente” freudiano cuyo estatus es puramente contrafáctico. Este campo de lo contrafáctico sólo puede ser operativo si está presente la subjetividad: para registrar la diferencia entre el “café solo” y el “café sin leche”, un sujeto tiene que ser operativo. Y, volviendo a Blade Runner 2049, ¿los replicantes pueden registrar la diferencia?
Slavoj Žižek es filósofo y crítico cultural, profesor en la European Graduate School, dir. internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Univ. de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Univ. de Liubliana. Su última obra es "Porque no saben lo que hacen" (Akal) y "Antígona" (Akal).
Traducción: Elisa Carnelli

https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/blade-runner-tripas-posthumanistas_0_SkgJqo7kG.html

sábado, 30 de septiembre de 2017

La vida es más que una lista de tareas

Blog del Prof. José A. Robert

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Publicado el Viernes, 29 Septiembre 2017

Vivimos inmersos en la sociedad del rendimiento y la hiperactividad. ¿Resultado? Ansiedad. Debemos distinguir entre lo importante, lo urgente y lo eliminable.

Empecemos con un cuento. El de La Cenicienta. Pero no nos fijaremos ni en el zapato de cristal, ni en la calabaza que se convierte en carruaje, ni en el príncipe azul. Vamos a poner nuestra atención en la cantidad de tareas que debe hacer Cenicienta antes de ir al baile. Fregar, limpiar, planchar, ordenar, cocinar y volver a fregar, limpiar, ordenar… Lógicamente, cuando llega la hora de ir al baile, que es lo que realmente le hace ilusión y lo que de verdad cambiará su vida, está tan cansada que necesita la mágica ayuda del Hada Madrina para conseguirlo. Sin ella, Cenicienta se hubiera quedado en casa, cansada y pensando con ansiedad en todo lo que aún le queda por hacer y en todo aquello para lo que no tendrá tiempo.
Pues bien, nosotros no somos muy diferentes a ella. Antes de poder asistir a nuestros bailes, es decir, a aquello que realmente nos hace ilusión, nos motiva y quién sabe si también puede cambiar nuestras vidas, nos vemos inmersos en un sinfín de quehaceres: la casa perfectamente ordenada, la lavadora tendida, el niño apuntado a cuatro actividades extraescolares; hay que ser, por supuesto, tremendamente productivos en nuestros trabajos, excelentes e imaginativos amantes con una vida social rica, activa y variada… y tener actualizado Facebook. ¡Ah!, y sería bueno comer cinco piezas de fruta al día y correr diez kilómetros y no tener ojeras y… Hacer, hacer y hacer. Al final de nuestro cuento, lo que sucede es que el baile siempre queda relegado a mañana, a “cuando acabe esto…”. Y así pasan los días.

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"Primero, lo primero”. Stephen Covey.

Como mínimo, Cenicienta tiene una excusa, o dos. Las malvadas hermanastras la obligan y la maltratan. Una fuerza externa la presiona, somete y explota. Pero hoy las hermanastras somos nosotros mismos. Byung-Chul Han, en su célebre libro La sociedad del cansancio, nos advierte de que vivimos en una sociedad de gimnasios, torres de oficinas, bancos, aviones y laboratorios genéticos. Es decir, en la sociedad del rendimiento, del multitasking (multitarea). Y una de las características de esta sociedad es que el individuo se autoexplota con la coartada de la obligación. Tenemos a las hermanastras dentro, diciéndonos todo aquello que debemos hacer en una continua y excéntrica carrera en espiral. Porque hoy el único pecado es no hacer nada. Hasta los momentos de ocio o los periodos de vacaciones se han convertido en una conjunción inagotable de tareas que nos dejan más cansados que cuando empezamos.
Además, como señala el filósofo surcoreano, al no haber un explotador externo al que podamos enfrentarnos y oponernos con un rotundo ¡no!, la lucha resulta más complicada. Sin embargo, también es verdad que basta con querer para vencer a las dos hermanastras que nos tiranizan y desatar la magia del Hada Madrina que llevamos dentro.
Admitamos pues que nos rodea el afán de productividad, que quien más quien menos se deja seducir por esas insoportables apps que nos alertan de todo aquello que nos queda por hacer. O por las libretas preparadas para que podamos hacer listas que cumplir. O por libros que nos explican cómo hacerlo todo, cómo llegar a todas partes y que el tiempo nos cunda más. Pero llega el momento de abandonar esa locura, porque en el fondo, y paradójicamente, no hay nada menos productivo que el afán de productividad. Byung-Chul Han asegura que el multitasking nos conduce a un estado de atención superficial y debemos tener en cuenta que los logros de la humanidad se deben a una atención profunda y contemplativa. Así, también nuestros logros dependen de saber poner el foco y la atención en aquellas cosas importantes, en los bailes que merecen la pena. Y para ello vamos a atacar al enemigo con sus mismas armas y confeccionar una lista, pero inteligente, que nos sirva a nosotros y no que acabemos nosotros sirviéndola a ella. ¿Cómo?
El baile, en primer lugar. Hay que darle la vuelta a la lista. No dejar el baile para “cuando acabe todo esto”. Ocuparnos primero de lo fundamental, de nosotros mismos. Empezar el día dedicándonos a aquello que sabemos que nos hará bien. Imaginemos un tipo que tiene que escribir un artículo y antes de empezar, sin embargo, lee los correos pendientes, atiende las alertas de las redes sociales y contesta un par de whatsapps. ¿Resultado? Cansancio antes de empezar. Cenicienta bien puede ir al baile y dejar esas otras cosas que requieren menos brillantez para después.
Bien, ¿y qué hacemos con todo lo demás? Porque está claro que hay cosas que no podemos simplemente dejarlas de lado. ¿Cómo hacer entonces? Ayudará dividir el registro de tareas en tres grandes grupos.
Cosas que afrontar. Lo que tengamos que hacer, hagámoslo. Una vez hayamos ido al baile, no dejemos que esas otras cosas que volverán a aparecer tarde o temprano revoloteen por nuestra cabeza. Por ejemplo, una llamada incómoda que vamos postergando. ¡Son tres minutos! Pero si seguimos retrasándola, en lugar de 180 segundos llegará a durar seis meses en nuestra cabeza.
Cosas que organizar. No hace falta que carguemos con todo. Podemos delegar, pedir ayuda, repartir tareas, conseguir que ciertas cosas se realicen sin que recaigan en nosotros.
Cosas que no hacer. Seguro que en esta lista hay muchos elementos que realmente no son necesarios. Que se pueden eliminar directamente y, de esta manera, liberar espacio. Cada uno debe decidir cuáles. Pero es importante que nos demos cuenta de que en este punto radica la primera gran victoria personal para olvidarnos de la vorágine de la hiperactividad sin sentido. Renunciar a todo aquello que ni nos aporta ni es estrictamente necesario. Saber qué es lo que no hay que realizar es tan importante como ponerse manos a la obra con aquello que sí lo es.

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"Los grandes bailarines no son geniales por su técnica. Son geniales por su pasión” Martha Graham.

Una vez hemos conseguido dejar de correr en esa espiral del día a día fruto de esta sociedad de la multitarea, es el momento de empezar a bailar. Y lo más importante es descubrir cuál es nuestra música. Qué nos hace felices. Qué es lo que realmente nos importa. Sir Ken Robinson lo llama el elemento, y nos asegura que “descubrir el elemento es recuperar capacidades sorprendentes en nuestro interior, y desarrollarlo dará un giro radical no solo al entorno laboral, sino también a las relaciones y, en definitiva, a la vida”. La buena noticia es que todos estamos invitados a un baile en el que seremos protagonistas. Algunos lo conocen ya y solamente deberán mantener a raya a las dos hermanastras. Otros, por el contrario, aún no lo han descubierto y deberán mirar en su interior, porque allí está, esperando a que lo saquen a bailar. Si la respuesta a estas tres preguntas es afirmativa, es que ya lo hemos encontrado:.
¿Tenemos ganas de bailar? Si no nos da pereza, si siempre que pensamos en ello nos crece un hormigueo, si cuando estamos desarrollando esa actividad, aunque no sea todas las veces que quisiéramos, lo afrontamos con ganas y dedicación. Si la contestación es sí, atentos, porque puede ser que este sea nuestro elemento. El baile que nos está esperando.
¿Se detiene el tiempo? A pesar de las advertencias del Hada Madrina, Cenicienta está tan encantada en el baile que pierde la percepción del tiempo. Le dan las doce de la noche sin que se dé ni cuenta. Solo las campanadas del reloj la pueden sacar del estado de flow en el que ha caído, el verdadero hechizo cotidiano, y que se caracteriza porque enfocamos nuestra energía y sentimos una implicación total en la tarea, tal como lo definió Mihály Csíkszentmihályi en 1975. Si aquí la respuesta es que sí, seguro que ese es el baile que andamos buscando.
¿Se activará la magia? La magia no es otra cosa que la pasión. Y la pasión es el motor de la grandeza, la autorrealización y la maestría. Si descubrimos aquello que nos apasiona, seremos capaces de focalizar nuestra energía en ello y descubrir que Platón estaba en lo cierto cuando afirmaba que “todas las cosas serán producidas en superior cantidad y calidad, y con mayor facilidad, cuando cada hombre trabaje en una sola ocupación, de acuerdo con sus dones naturales, y en el momento adecuado, sin inmiscuirse en nada más”
http://institutomz.com/nuevo/2013-09-20-18-23-11/coordinador-general-del-instituto-mz/4143-la-vida-es-mas-que-una-lista-de-tareas