LECTURAS : DE CULTO
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jueves, 26 de septiembre de 2024

Todo lo que se calló Pasolini sobre el Partido Comunista, que lo expulsó por homosexual y degenerado burgués

 El cineasta italiano relata cómo abrazó el marxismo y terminó arremetiendo contra el PCI en el libro de entrevistas 'Pasolini según Pasolini', de Jon Halliday.

Pier Paolo Pasolini y su relación con el comunismo.

Pier Paolo Pasolini se solidarizó con la causa de los campesinos que se enfrentaron a los terratenientes de Friul, donde la familia del futuro cineasta se había refugiado durante la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que daba clases en escuelas rurales de la tierra de su madre y escribía poesía en el dialecto autóctono. "Los jornaleros llevaban pañuelos rojos al cuello y desde ese momento abracé el comunismo, con estas dosis de emotividad. Luego leí a Marx y a algunos pensadores marxistas".

Así recordaba el director italiano sus inicios políticos en 1968, justo antes de publicar en la revista Nuovi Argomenti el poema ¡¡El PCI para los jóvenes!!, que tanta polémica causó entre los estudiantes que prendieron la llama del Sessantotto. "Cuando ayer en Valle Giulia pelearon / con los policías, / ¡yo simpatizaba con los policías! / Porque los policías son hijos de pobres. / Vienen de las periferias, campesinas o urbanas". Unos versos que ofendieron a tantos, pero dieron que pesnart a muchos mas.

"En Valle Giulia, ayer, hemos tenido un fragmento / de lucha de clase: y ustedes, amigos (aunque de la parte / de la razón) eran los ricos, / mientras que los policías (que estaban de la parte / equivocada) eran los pobres", insistía Pasolini, quien luego subrayará en una entrevista la importancia de que aquellos comunistas friulanos fuesen campesinos, como su familia materna, luego venida a más, porque si pertenecieran a la clase obrera urbana "el factor de clase habría sido demasiado fuerte para mí y me habría resistido".

Sucumbió, en cambio, al encanto de los jornaleros rojos, "que son en realidad los que hacen las revoluciones, en Rusia, en Cuba, en Argelia". Los siguientes pasos en la política, según él, fueron sencillos. "Todo italiano es marxista, del mismo modo que todo italiano es católico. El sacerdote inteligente analiza siempre la sociedad en términos marxistas, incluso el papa lo hace. Una frase de Pablo VI que puse en mi Pajaritos y pajarracos fue tomada por todo el mundo como una frase de Marx".

Pier Paolo Pasolini se abre al historiador Jon Halliday, a quien abre las puertas de su casa romana durante dos semanas, durante las que hablan sobre la cultura, la religión, la censura, la sociedad, la literatura, la familia y el cine. Sin embargo, para esbozar su autorretrato, resultan necesarias unas pinceladas ideológicas, que en ocasiones el escritor y cineasta evita trazar, aunque se sienta cómodo con el miembro del comité de redacción de la revista New Left Review.

Halliday lo describe como "una personalidad fuera de lo común". Sin embargo, le sorprende "su ingenuidad pasada con respecto a Stalin, que vista retrospectivamente parece casi increíble", reconoce en el prólogo del libro Pasolini según Pasolini (Altamarea), donde el entrevistado se muestra muy crítico con Palmiro Togliatti, secretario general del Partido Comunista Italiano (PCI) años antes de que Enrico Berlinguer tomase la senda del eurocomunismo.

"El estalinismo adoptó en Italia la forma de la política de Togliatti, que era tacticista, diplomática, autoritaria y paternalista [...] hacia la base del Partido, sin llegar nunca al fondo de los problemas, maniobrando y tratando con el enemigo político", responde sin tapujos Pasolini, quien reconoce la influencia de Antonio Gramsci —"por encima del propio Marx"—, aboga por el diálogo con la derecha y reivindica a "católicos progresistas como el padre Milani", un abanderado de la "nueva izquierda" que había sido desterrado por la curia en una parroquia de los Apeninos.

Portada del libro 'Pasolini según Pasolini', de Jon Halliday.
Portada del libro 'Pasolini según Pasolini', de Jon Halliday.  Altamarea

En las antípodas de Lorenzo Milani se situaba el papa Pío XII, quien en julio de 1949 emitía un decreto que excomulgaba a los comunistas, tres meses antes de que el Partido expulsase al propio Pier Paolo Pasolini tras una denuncia por presunta corrupción de menores en un instituto donde impartía clases, aunque finalmente fue absuelto por la Justicia. L'Unitá, el periódico oficial del PCI, fundado por su admirado Gramsci, detalla que la federación de Pordenone lo ha echado por "indignidad moral".

Togliatti, por su parte, cree que considerarlo un comunista es "mala propaganda", sobre todo cuando a su juicio el público presta más atención a las "situaciones escabrosas" que a sus libros. En realidad, renegaba de él por ser homosexual y ejemplo de la degeneración burguesa. Durante las conversaciones con Halliday, Pasolini calla y apenas deja traslucir: "Me uní al Partido durante un año aproximadamente, entre 1947 y 1948 [se refiere a 1949], pero cuando me caducó el carné, no me molesté en renovarlo".

El escritor, poeta y director Nico Naldini excusa al cineasta. "La omitida expulsión tal vez haya de explicarse como reticencia a desenterrar un pasado desagradable o bien como una negativa a extender su victimismo también en relación con la izquierda, además de hacia el orden burgués. No, desde luego, como ocultamiento del escándalo", aclara en la introducción del libro el primo de Pasolini, asesinado a los 53 años en Ostia, aunque todavía se desconoce el móvil del crimen: ¿político, homofóbico, chantaje, venganza?

Sí manifiesta sin tapujos su odio a la burguesía, al tiempo que le manda un recado a los suyos: "No se trata de una condena moralista; es una condena total y sin indulgencias, pero se basa en la pasión, no en el moralismo. El moralismo es una enfermedad típica de parte de la izquierda italiana, que ha introducido actitudes moralistas enteramente burguesas en la ideología marxista, o al menos comunista". En cuanto a la clase obrera, reconoce que mantiene con ella "una relación muy difícil, inicialmente romántica, populista y humanitaria".

"Nunca llegué a conocer de cerca a la clase obrera porque en las ciudades donde viví de niño y adolescente solo conocía a los que iban al colegio conmigo, que eran todos de familias burguesas. Luego fui a Casarsa, donde conocí a algunos campesinos, pero a ningún obrero". En Roma, burocrática y turística, se sumergió —y también se enfangó— en el subproletariado, que trata de perfilar en películas como Accattone o Mamma Roma: "Un mundo completamente diferente [...], me quedé traumatizado".Pasolini: sus 'apuntes documentales' de denuncia, sexo y recuperación del pasado

Pier Paolo Pasolini arremete contra el Partido Comunista Italiano en el libro de Jon Halliday.

Durante las entrevistas, que tenían lugar en su apartamento entre las dos y las cuatro, cuando "todo estaba cerrado" y los romanos comían, bebían o dormían, mientras "él estaba inquieto y no tenía otra cosa que hacer", según Jon Halliday, arremete contra el PCI, "propenso a ceder en exceso a cierto tipo de sentimentalismo" y "demasiado blando con el Vaticano (como lo demostró con su consentimiento al mantenimiento del Concordato), en un período en el que el Vaticano era terriblemente reaccionario y todo bullía de fascistas".

El historiador volvería a entrevistarlo en 1971 en Inglaterra, cuando rodaba Los cuentos de Canterbury, una charla que figura en el apéndice. Entonces, sin que Halliday mencione el asunto, el director de Salò o los 120 días de Sodoma alude al poema contra los estudiantes sesentayochistas: "Durante cierto tiempo, me hizo extremadamente impopular entre la izquierda italiana. Puede que me expresara mal, pero lo que decía resultó ser cierto, lamentablemente". Quizás porque "ahora han abandonado completamente la lucha".

En el prólogo, a pesar de que reconoce que "nunca resultaba fácil conducir a Pasolini al lugar que uno quería", el autor del libro lamenta no haber profundizado más en su relación con el PCI y la tradición del socialismo italiano. "Hubo muchos asuntos cuyo trasfondo no fue captado ni por él ni por mí. Mencionó la muerte de su hermano Guido solo con las palabras: Mi hermano murió luchando con los partisanos [...]. Yo no sabía que su hermano, que luchaba en una formación partisana, había sido asesinado por otra formación partisana en un trágico —e injustificable— incidente".

Traducido al español por Carlos Gumpert, cuando se publicó en Japón hace cuarenta años, el libro fue descrito así: "Director italiano pseudomarxista forzado a someterse a una extraña entrevista por un teórico de la Nueva Izquierda". Jon Halliday pensó entonces que era una buena reseña, aunque luego lo consideró un comentario impreciso: "Para empezar, Pasolini no era un pseudomarxista, o un cuasi marxista; era lo que podríamos llamar un ecléctico, pero sabía lo que hacía y no se dejaba influenciar. Aparte de eso, yo no era un teórico y no había forzado a Pasolini a esas conversaciones".

Como se preguntaban los estudiantes e intelectuales italianos, después de la muerte del director de El evangelio según San Mateo, en todo tipo de debates y disquisiciones, ¿qué habría dicho Pasolini al respecto?


https://www.publico.es/culturas/pasolini-partido-comunista-homosexual-italia-pci.html#md=modulo-portada-bloque:2col-t1;mm=mobile-medium

lunes, 2 de septiembre de 2024

La Roma que miró Pasolini

 Una ruta por los barrios romanos de Pigneto, Testaccio y EUR y el litoral de Ostia tras las huellas del cineasta italiano

Fotografías de Pier Paolo Pasolini en el barrio de Monteverde de Roma.
Matteo Nardone/Pacific Press (Alamy)



El pasado 5 de marzo Pier Paolo Pasolini habría cumplido cien años. Como romano de adopción —se instaló en la capital italiana en 1950, huyendo de su padre alcohólico al que dejó en la región de Friuli—, el escritor y cineasta italiano miraba la ciudad con más fascinación que aquellos que habían nacido allí. Por eso, si alguien tiene pensado viajar a Roma puede homenajearlo haciendo una ruta totalmente pasoliniana.

Palazzo della Civilta Italiana, en el barrio del EUR (Esposizione Universale Roma).
Palazzo della Civilta Italiana, en el barrio del EUR (Esposizione Universale Roma).Cavan (Alamy)

Mercedes Cebrián    26 JUN 2022

El autor fue de los primeros en introducir la Roma intensa y difícil de los años cincuenta y sesenta del siglo XX en sus escritos y primeras películas, como Accattone (1961) y Mamma Roma (1962). Entre los escenarios vitales y artísticos de Pasolini se encuentran los barrios de Pigneto, Testaccio y EUR (Esposizione Universale Roma), y el litoral de Ostia, todos ellos distritos que habían ido surgiendo alrededor de la Roma histórica. Él los sacó de su anonimato para que los visitantes, fascinados por la ciudad bella y domesticada de la Piazza del Popolo y alrededores, reparasen por fin en ellos.

Un fotograma de la película 'Mamma Roma', dirigida en 1962 por Pier Paolo Pasolini.
Un fotograma de la película 'Mamma Roma', dirigida en 1962 por Pier Paolo Pasolini.Ettore Garolfo (Getty)

Para ayudarnos a buscar las huellas de Pasolini por la ciudad, el Ayuntamiento de Roma ha publicado un mapa de lo más pintón que reparte gratuitamente en los diversos puntos de información turística (disponible también en su web). Tomarlo como guía lleva al viajero principalmente a los lugares ficcionales en los que los personajes de sus películas comieron o vivieron. Un buen ejemplo es el barrio del Pigneto, por donde el joven Accattone de la película homónima se movía a sus anchas. Así evocaba Pasolini en sus escritos aquel lugar olvidado, hoy de nuevo en boca de muchos: “La Via Fanfulla da Lodi, en medio del Pigneto, con las chabolas bajas, los muros agrietados, era de una grumosa grandeza en su extrema pequeñez; una pobre, humilde, desconocida callecita, perdida bajo el sol, en una Roma que no era Roma”.

Interior del restaurante romano Necci dal 1924.
Interior del restaurante romano Necci dal 1924.AlamyPasolini recorrió el distrito junto a su coguionista, Sergio Citti, en busca de localizaciones para la película. Hoy el Pigneto se considera mucho menos periférico que antes y se ha convertido en un barrio animado muy apreciado por la gente joven, a pesar de la mala fama que tuvo hace décadas. Su calle más concurrida, por ser peatonal, es la Via del Pigneto, y la sorpresa para quienes recorran sus alrededores es que el bar Necci dal 1924 sigue abierto en la calle perpendicular (Via Fanfulla da Lodi, 28). El local es uno de los lugares esenciales para Accattone, pues en él comía el equipo de rodaje, además de ser una de las localizaciones del filme. Fundado en 1924, como indica su nombre, hoy lo frecuentan tanto mitómanos pasolinianos como romanos en busca de un ambiente simpático, pues su terraza y apuesta gastronómica a cargo del chef británico Ben Hirst —aunque siempre con recetas italianas— atraen como un imán a los comensales.
Terraza en la Via del Pigneto de la capital italiana.
Terraza en la Via del Pigneto de la capital italiana.Vincenzo Nuzzolese/SOPA Images (Getty)

Los vecinos de Pigneto también se muestran orgullosos de su arte urbano, encarnado en sus numerosos murales urbanos. Tres de ellos están dedicados a Pasolini: el titulado Io so i nomi está en la Via Fanfulla da Lodi, y su autor es el artista Omni 71. Pocos metros más adelante se nos aparece el ojo de Pasolini, a cargo del artista Maupal, y al otro lado de la calle sale al paso el rostro de la actriz Margherita Caruso en su papel de María en El evangelio según San Mateo, tal como la vio el artista romano Mr. Klevra. Asimismo, el Nuovo Cinema Aquila de Pigneto, reabierto en 2008 tras ser confiscado a la mafia, dedica una de sus salas al director que tanto amó este barrio del sureste de la ciudad.

Pirámide de Cayo Cestio en el cementerio Acattolico del barrio del Testaccio.
Pirámide de Cayo Cestio en el cementerio Acattolico del barrio del Testaccio.Alamy

Para escribir su poemario Las cenizas de Gramsci (1957), dedicado al pensador comunista italiano, Pasolini frecuentó un lugar más cerca de la Roma monumental: el Cementerio Acattolico del barrio del Testaccio. En él descansan, además de Antonio Gramsci, multitud de extranjeros no católicos y gran cantidad de pesos pesados de la cultura, como el poeta John Keats o el narrador Carlo Emilio Gadda. Todos ellos, casi 4.000 almas, reposan junto a la pirámide construida como mausoleo para Cayo Cestio en un paisaje rodeado de cipreses, pero también de los omnipresentes pinos romanos y de arbustos de rosas y camelias.

Mercato di Porta Portese, en el distrito de Trastévere.
Mercato di Porta Portese, en el distrito de Trastévere.Jani-Markus Häsä / (Alamy)

Cualquiera que se acerque a visitarlo haría bien en pasarse a comer un plato de pasta en Perilli, una trattoria de barrio que presume ante todo de su receta de carbonara. Y muy cerca de allí, los domingos, funciona el mercadillo de Porta Portese, el Rastro romano por excelencia. En él transcurren algunas escenas de Mamma Roma en las que el actor Ettore Garofolo, que interpreta al joven Ettore, hijo de Anna Magnani en la ficción, vende los discos con los que su madre aprendió a bailar.

Atardecer en la playa del Lido de Ostia, el antiguo puerto de Roma.
Atardecer en la playa del Lido de Ostia, el antiguo puerto de Roma.Equatore (Alamy)

A pesar de su influencia cristiana, inevitable en los italianos de su generación y presente en su obra, Pasolini detestaba el Vaticano: “La plaza de San Pedro es espantosa. Como gusanos domésticos y útiles, como bancos de niebla, las procesiones la surcan”, llegó a escribir. La paradoja es que Pier Paolo pasó sus últimos años de vida cerca de otra basílica de tintes vaticanos: la de sus tocayos San Pedro y San Pablo (Piazzale dei Santi Pietro e Paolo), construida en 1955 por el arquitecto Arnaldo Foschini y su equipo en la parte más elevada del distrito del EUR, el proyecto arquitectónico de Mussolini cuya estética grandiosamente fascista sigue sorprendiendo a quienes lo visitan. Pasolini eligió ese extraño barrio, repleto de construcciones de estilo racionalista, para pasar allí sus últimos años de vida porque la zona estaba todavía a medio hacer cuando se instaló con su madre y su prima en el número 3 de la calle Eufrate. Como el cineasta buscaba una casa con jardín, allí, en ese espacio urbano en plena transformación donde podía costeársela, la encontró.

La mesa del restaurante Al Biondo Tevere de Ostia donde Pasolini cenó antes de ser asesinado en 1975.
La mesa del restaurante Al Biondo Tevere de Ostia donde Pasolini cenó antes de ser asesinado en 1975.Matteo Nardone (Alamy)

Su final trágico lo conocemos: fue asesinado durante la noche del 2 de noviembre de 1975 en la playa de Ostia, no lejos del parque arqueológico de igual nombre. Hay una trattoria romana tradicional que tiene un valor poderosísimo para el cine: se trata de Al Biondo Tevere (Via Ostiense, 178). Inaugurada en 1915, el magnetismo de esta trattoria no solo se debe a que en ella se filmó una escena de Bellissima de Luchino Visconti, en la que Ana Magnani, tan expresiva como de costumbre, come con su familia. El motivo principal de su fama, además de las frecuentes visitas de Elsa Morante o Alberto Moravia, es que allí cenó por última vez Pasolini la noche de su muerte. Acudió con el joven Pino Pelosi, el único condenado por su asesinato. Para homenajear al cineasta y escritor, podemos pedir en el local el fritto misto, una fritura de pescados especialidad de la casa, y comerla en la terraza cubierta con vistas al río.



domingo, 1 de septiembre de 2024

Alicia anotada», de Martin Gardner

 

35-66

Alicia anotada. Alicia en el país de las maravillas / A través del espejo.
Lewis Carroll Edición de Martin Gardner.
Ilustraciones John Tenniel.
Traducción de Francisco Torres Oliver.
Madrid. Akal, 327 páginas.

La ya clásica edición anotada de Martin Gardner acaba de aparecer de nuevo en castellano. Desde el año 1984 se han realizado varias ediciones y reimpresiones. Este año, me imagino que a propósito de la campaña publicitaria de la Factoría Disney y queriendo aprovechar el empuje del fenómeno que ha generado la Alicia de Tim Burton, se han reeditado y sacado a la luz todo tipo de libros sobre este célebre personaje de la literatura universal, algunos títulos agotados y poco conocidos del gran público de Lewis Carroll o, como en algunos otros casos, también acerca de la época victoriana. Una buena excusa para volver a releer la obra del reverendo Charles Lutwitdge Dodgson.

Martin Gardner1 es al mismo tiempo un extraordinario divulgador y filósofo de la ciencia, muy popular en el mundo anglosajón por sus libros sobre matemática recreativa y sobre divertimentos de lógica. Se hizo muy conocido gracias a la columna mensual «Juegos matemáticos», publicada en la revista de divulgación Scientific American entre diciembre del año 1956 y mayo de 1986. O por la otra columna que escribía en la revista Skeptical Inquirer, dirigida a la investigación científica de los fenómenos paranormales, con el claro objetivo de poner en evidencia los fraudes que a menudo nos quieren vender en esta sociedad tecnológica.

Aparte de ser un profundo conocedor de la obra del profesor de Oxford, a ambos les liga la pasión y el interés por las matemáticas, la lógica simbólica, las paradojas y la papiroflexia. Gardner nos hace una interpretación comentada de los dos grandes clásicos carrollianos. Esta edición consta del texto íntegro de las dos historias y sus comentarios a pie de página, que crean una red intertextual muy enriquecedora (aspectos científicos, filosóficos, lingüísticos o históricos). Se trata de un trabajo refinado, dirigido a un lector adulto, en una colección de gran formato como es en este caso la de «Grandes Libros» de Akal. Se reproducen todas las ilustraciones realizadas por John Tenniel, que, a pesar de no convencer a Carroll, se han convertido en inseparables de la obra. Ironías del destino.

Gardner siempre ha pensado que este clásico habría que situarlo fuera de la órbita de la llamada literatura para niños y jóvenes, en compañía de otros críticos que opinan que este clásico no es ni moralmente ni intelectualmente apto para niños. No entraré ahora en una discusión larga y quizá tediosa sobre el asunto, pero lo que está muy claro es que las aventuras de Alicia, aún ahora, continúan fascinando a la mayoría de los niños y de los adultos de todo el mundo. El editor nos aporta comentarios sobre los dobles sentidos y los juegos de palabras, muy interesantes no solo para un lector no anglosajón sino para cualquier receptor actual que necesita entender el contexto de la época en la que se escribieron las obras. La lectura que nos ofrece Gardner es, quizá, de las más sensatas que se han realizado, siempre huyendo y poniendo en cuestión algunas (hilarantes) interpretaciones que se han hecho tanto desde un punto de vista de la órbita del psicoanálisis como alguna desde una óptica política. La suya es una lectura, sin ninguna duda, imprescindible.

Notas:
1.  Desafortunadamente, el escritor y divulgador Martin Gardner murió el 22 de mayo de 2010. (Volver al texto)

domingo, 25 de agosto de 2024

‘Cien años de soledad’, el fenómeno que arrasa en Japón con medio siglo de retraso

La obra de Gabriel García Márquez se ha convertido en el fenómeno editorial del verano en el país nipón en buena parte por el próximo estreno de la serie basada en la novela


Portada de la nueva edición de 'Cien años de soledad'
en Japón, ilustrada por Ryuto Miyake, en una imagen cedida por la editorial Shinchosha.




















 La edición de bolsillo de Cien años de soledad en japonés se ha convertido en el fenómeno editorial del verano tras vender en ocho semanas unos 290.000 ejemplares y casi la misma facturación de las tres versiones en tapa dura impresas en los pasados 52 años. Entre las razones del inesperado auge de la obra cumbre de Gabriel García Márquez figuran el próximo estreno en Netflix de una serie basada en la novela, su influencia en prestigiosos autores japoneses y la portada con figuras macondianas dibujadas en un estilo enciclopédico por uno de los ilustradores locales más cotizados del momento, Ryuto Miyake, autor de campañas publicitarias para marcas como Gucci, Bottega Veneta o Apple.

“Además de ofrecerla en formato de bajo precio a los lectores que verán la serie de Netflix, queríamos aprovechar el décimo aniversario de la muerte de Gabo para volver a presentar su literatura”, explica Ryo Kikuchi, encargado de promocionar la nueva edición de la novela, publicada por primera vez en Japón por su editorial (Shinchosha), en 1972, cuando él mismo no había nacido y el autor colombiano no había ganado el Nobel de Literatura.

Kikuchi, que atiende la entrevista vestido con una camiseta negra estampada con la cara sonriente de García Márquez en medio de un letrero amarillo que dice en español “bienvenido a Macondo”, diseñó una campaña publicitaria que incluye bolsas de tela (tote bags) decoradas con el árbol genealógico de la familia Buendía. El editor aclara que pese al lento ritmo de ventas de la edición original, la novela se ha mantenido en las librerías japonesas todos estos años, dada su reputación como obra maestra de la literatura mundial, que ha vendido 50 millones de copias en 46 idiomas.

La camiseta con el árbol genealógico de los Buendía,
incluida en la promoción de la nueva edición
de 'Cien años de soledad', en una imagen de la editorial Shinchosha.








El libro, lanzado en 1967 en Buenos Aires, ha sido además fuente de inspiración o detonante de la carrera literaria de distinguidos autores nipones. Kenzaburo Oé (1935-2023), premio Nobel de Literatura de 1994 y admirador declarado de Cien años de soledad, la tomó como referencia para su obra Dojidai gemu (algo así como El juego de la contemporaneidad, 1979), el relato de un imaginario pueblo periférico cuyo mito fundacional simboliza la historia moderna de Japón y cuestiona el origen de la familia imperial.

Otro conocido escritor, Natsuki Ikezawa, describe una isla ficticia en Micronesia llamada Navidad gobernada por un dictador de inspiración macondiana en su novela Mashiasu Giri no Shikkyaku (La caída de Mathias Giri, no traducido al español). Poco después de su publicación, el libro recibió el premio Tanizaki, uno de los máximos galardones literarios de Japón, y la crítica resaltó su ruptura estilística con la novela naturalista e introvertida que había dominado la narrativa nipona por más de medio siglo.

Ikezawa ostenta con ironía el calificativo de “acosador de la prosa garciamarquiana” y en el Primer Congreso García Márquez, que tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Tokio en octubre de 2008, explicó que aprendió del autor colombiano la técnica para “desafiar las leyes de causa y efecto”. En un reciente coloquio sobre Cien años de soledad, Ikezawa dialogó con Tomoyuki Hoshino, otro premiado autor que, tras leer la saga de la familia Buendía en la década de los años noventa, dejó el periódico donde trabajaba y se fue a estudiar español a México.

Gabriel García Márquez retratado en Cartagena, en 1991.

Gabriel García Márquez retratado en Cartagena, en 1991.ULF ANDERSEN (GETTY IMAGES)

En su debate, Hoshino asoció la vigencia de la novela a la situación turbulenta que atraviesa el mundo, con caos social, tiranos y guerras, en una repetición cíclica de la historia enunciada por Úrsula Iguarán en la obra.

Muchos lectores llegan a la edición de bolsillo atraídos por la portada del ilustrador Ryuto Miyake. Su estilo evoca las minuciosas ilustraciones de la Expedición botánica de José Celestino Mutis, que entre los siglos XVIII y XIX denominó y clasificó gran parte de la flora colombiana. Como en una vitrina de coleccionista, Miyake dispone 16 elementos macondianos, entre ellos un alambique, un telescopio, un gallo de pelea y un racimo de plátanos, además de personajes como el gitano Melquíades y el coronel Aureliano Buendía.

La ordenada secuencia sugiere la intención de guiar a los lectores en una lectura que, según los comentarios de las redes sociales, se presenta compleja y difícil de seguir. “Aunque hayan dicho que se vende como salchichas, no es un libro fácil”, advierte el crítico literario Sinsi Saito en su canal de YouTube al presentar una serie de cuatro capítulos didácticos sobre Cien años de soledad. Saito desglosa los episodios principales del libro, explica los orígenes del realismo mágico y recomienda no cuestionar la lógica de episodios fantásticos como el vuelo de Remedios la Bella.

Al comentar el impacto de Cien años de soledad, los hispanistas locales señalan la calidad de la traducción realizada por el ya fallecido traductor Tadashi Tsuzumi para la primera edición y revisada un par de veces para las dos reediciones en tapa dura.

La historia traducida de Macondo tiene una capa sensorial inexistente en el original, gracias al inagotable catálogo de las onomatopeyas japonesas que, además de sonidos, permiten describir sensaciones o estados emocionales. En la escena inicial, por ejemplo, el traductor añadió el sonido rítmico de las piedras del lecho del río de Macondo goro-goro y para transmitir su tacto liso recurrió a la onomatopeya sube-sube.

El deseo de entender mejor la obra ha originado clubes de lectura y coloquios para discutir también aspectos no literarios. Personalidades ajenas al mundo literario, como el cómico Baki Baki Virgin, con 1,6 millones de seguidores en YouTube, aseguran que, pese a su reputación de obra maestra, no se trata de un libro pretencioso y recomiendan disfrutar la inverosimilitud sus episodios.

Su consejo recuerda la ocurrente sugerencia de Kobo Abe, otro famoso escritor devoto de la novela, en un discurso en 1983. Tras subrayar la “excesiva seriedad” de sus paisanos, Abe explicó las propiedades de la comida picante para estimular el hemisferio derecho del cerebro, donde, según el autor, se sitúa el sentido del humor, de lo que concluyó que la mejor forma para que los japoneses disfruten de Cien años de soledad es comiendo sushi con mucho wasabi.


https://elpais.com/cultura/2024-08-24/cien-anos-de-soledad-el-fenomeno-que-arrasa-en-japon-con-medio-siglo-de-retraso.html


viernes, 5 de julio de 2024

“Hay que manosear su obra”: jóvenes autores leen a García Márquez sin la etiqueta del ‘realismo mágico’

 Cuatro invitados al Festival Gabo 2024, que se realizará del 5 al 7 de julio en Bogotá, hablan sobre cómo valoran al más importante escritor colombiano las nuevas generaciones de escritores


                                    Gabriel García Márquez en Cartagena (Colombia), en 1991.
ULF ANDERSEN (GETTY IMAGES)

KIRVIN LARIOS              Bogotá - 05 JUL 2024 -

Lectores japoneses de Gabriel García Márquez esperan a que abra una librería de Tokio para obtener la primera edición de bolsillo publicada en su país de Cien años de soledad. El cineasta Woody Allen evoca su admiración por el célebre autor (“Encantador, fascinante y verdaderamente genial”) en una entrevista reciente del diario El Tiempo. Una nota de Infobae se refiere a los “lazos familiares” entre el Nobel de Literatura y la presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum. En una semana, las noticias sobre García Márquez colman la prensa mundial con un toque de frivolidad, opinión o apunte cultural libresco, celebrando aún un autor que pareciera vivo. “Se celebra mucho la imagen de García Márquez, el personaje que fue o creen que fue, pero poco se habla de sus textos”, dice el escritor y editor barranquillero Pedro Lemus (1995), autor de la novela Lo llamaré amor (2023). La discusión en torno a García Márquez “se ha centrado en el producto”, replica Harold Muñoz (Cali, 1992), autor de la novela Salsipuedes (2022) y radicado en Bogotá, igual que Lemus. Ambos participan en la charla Lo que pesa Gabo: ¿cómo leen los nuevos autores a García Márquez?, en el 12° Festival Gabo, que se celebra del 5 al 7 de julio en el Gimnasio Moderno y otros lugares de Bogotá.


Cuatro invitados ―nacidos en los noventa― de la charla entregaron su punto de vista a EL PAÍS a partir de esa pregunta un tanto laberíntica: “¿Se lee a García Márquez?”. A la luz de sus múltiples apariciones en medios, del lanzamiento exitoso de su novela póstuma En agosto nos vemos, y del inminente estreno en Netflix de la serie basada en Cien años de soledad, la respuesta resulta obvia. Pero para Muñoz, esas “son formas de mantener vivo al autor; no a su obra”. Y agrega: “Lo han convertido en uno de esos imanes para la nevera que venden en las tiendas de souvenir [...] Lo que es una lástima, pues se deja convenientemente de lado lo que inspiró con su obra y demás compromisos vitales”.


Autor de novelas, cuentos, columnas, reportajes periodísticos, guiones y argumentos de cine, García Márquez fue también un prolífico gestor y fundador de proyectos que abogó por la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz, y que sigue marcando de formas diversas la vida cultural y política de Latinoamérica. “Esas facetas son las que más me conmueven y me acercan a él. Lo admiro por esas luchas sociales y políticas, y no las separaría nunca de lo que escribió”, dice Muñoz, que cree que se valoran “más bien poco” las demás dimensiones, opacadas por el “modelito amaestrado y reproducible, para esa marca de país de la que hablaba”.

Sin duda, hay un concepto archiconocido que contribuye a ese “souvenir en la nevera”: el realismo mágico. “Me interesa leer la obra de García Márquez por fuera de ese rótulo que no expresa la complejidad de los textos y los limita”, dice Lemus. “Hay siempre algo de pereza en esas etiquetas, y en este caso reproduce una idea condescendiente y reducida de la literatura de García Márquez y de lo latinoamericano y caribeño”. La expresión, dice Muñoz, “tiene toda la vigencia” para los lectores y “se ha vuelto un lugar común para aproximarse a la obra de Gabo”. Y agrega: “Para los escritores, en cambio, resulta incómodo. O por lo menos para mí. En parte porque no quisiera cubrirme con esa sombra, pero también porque se ha convertido en un eslogan”.

Desde Centroamérica, la periodista Jennifer Ávila (El Progreso, Honduras, 34 años) afirma que la obra de García Márquez “sigue viva” no porque se publicara el libro póstumo, “sino porque es perenne”. Según Ávila, directora del medio digital Contracorriente, “Gabriel García Márquez es un autor reconocido incluso en los colegios de los pueblos más remotos, se ha convertido en lectura obligada en los sistemas educativos, esto no quiere decir que se esté discutiendo a profundidad su obra”. Esto último, añade, obedece “al retraso que ha tenido nuestra región en una educación integral”.

El escritor, traductor literario y periodista egipcio Ahmad Mohsen (29 años), que reside en Colombia, dice que una muestra de la persistencia del legado del escritor “es la continua lectura de sus libros por parte de los lectores, sobre todo de las nuevas generaciones”. No sabe si su obra se discute, “pero se lee, claro que sí”. Mohsen considera a Cien años de soledad un libro “sagrado” que leyó primero en árabe. Al hacerlo no se sintió “frente a un libro muy pensado, sino un libro concebido. Un libro que se escribió de una sola vez”. También dice: “Yo, realmente, cuando lo leo, siento que es un milagro. Si hubiera libros sagrados en la literatura latinoamericana, para mí, sin duda, sería uno de ellos”.

De la bibliografía de García Márquez, Muñoz destaca El otoño del patriarca: “Me enseñó a reírme del poder, o por lo menos de ese poder representado por un patriarca y lo que ese sistema político implica a nivel emocional y social”. Por permitirnos detectar “el germen de lo que sucedió después”, Lemus recomienda leer la primera novela del autor, La hojarasca. “Y porque es tremenda y las dos primeras páginas son una avalancha buenísima”. Ávila se inclina por dos obras: la novela Cien años de soledad y el antológico Yo no vengo a decir un discurso. El primero “es recomendable leerlo en varios momentos de la vida e incluso concentrarse en uno o dos personajes en cada lectura, tiene una riqueza enorme de lenguaje y en el desarrollo de los personajes, que es impactante”. El segundo le gustó “porque es como escucharlo hablar” y “tiene buen humor”.

A dos años del centenario de su nacimiento

Para estos autores no existe tensión o conflicto al encontrarse con la presencia o recibir el peso de este muerto. Al contrario, su cercanía sugiere un lugar emancipador: “De alguna manera, el éxito de García Márquez nos terminó de convencer de que nuestros acentos y prácticas cotidianas eran narrables”, dice Muñoz. “No creo que haya una tensión, por el tiempo que nos separa, que no es mucho pero que implica que otras generaciones de escritores recibieron el peso directo de escribir a su lado y justo después de él”, dice Lemus. Ávila cree más bien en una interlocución: “Leo a Gabo y a otras autoras y autores de literatura solo por placer, no me interesa ser como ellos sino disfrutar lo que hicieron. [...] Hay cosas que me inspiran, me ayudan a narrar mejor y lecciones que puedo sacar para mi trabajo periodístico, pero no es una competencia ni una venganza, es una conversación a veces”.

A dos años del centenario del nacimiento de García Márquez, es inevitable que las políticas culturales y editoriales promuevan una agenda en torno a la obra del autor más importante que ha nacido en Colombia. Sobre la posibilidad de que el aniversario consiga desplegar nuevos caminos y sentidos hacia su lectura, Muñoz dice que “sería la oportunidad perfecta para tener una discusión diferente y contemporánea con su obra. Algo parecido a lo que pasó este año con La vorágine”, agrega en referencia al centenario de la obra magna de José Eustasio Rivera y las iniciativas alrededor de la efeméride. “Ojalá suceda”, dice Ávila, ”vivimos una contaminación de contenidos basura que ya es asfixiante y con esto me refiero a libros, medios, cuentas sociales, películas, series, etcétera”. Para Lemus, es el momento “de sacudirlo del lugar de escritor consagrado y abrir espacios para leer, discutir y manosear su obra, lejos de la sola celebración del personaje que tiende a embalsamar en lugar de dar vida”.